Hace poco más de 26 años inicié mi tratamiento psicoanalítico, cumplía los 18 cuando me encontré con el psicoanálisis; fue la tarde de un sábado, que con el pretexto de un cine debate, un grupo de personas se reunían para hablar de los pensamientos inconscientes y la vida pulsional. Así descubrí eso que me acontecía y pensaba les pasaba a otras personas.
Fui un joven afortunado
No lo estaba buscando y llegó a mi vida; al inicio fue complicado, pues tomé decisiones que sentía ser el único que las entendía, algunas fueron erróneas, pero al paso del tiempo forman parte de mi formación como psicoanalista. Mis padres se preocupaban y enojaban por los cambios tan repentinos, los comprendía y también me intranquilizaba por ellos; pensaba que seguramente tenían sus propios conflictos, pero la diferencia era que yo contaba con quién platicar de lo que me ocurría.
Fueron y vinieron alegrías, desilusiones y amores; durante poco más de 20 años asistí al consultorio dos o tres veces por semana de manera ininterrumpida, fueron tres psicoanalistas los que me brindaron su escucha durante ese tiempo. En el transcurso de esos primeros años inicié mi formación como psicoanalista.
Preocupación e interpretaciones
Una preocupación que me sigue acompañando, son mis seres amados, pues de tiempo en tiempo me asaltan los pensamientos e interrogantes en relación a cómo resuelven los conflictos que se arremolinan en su vida interna. Nunca me he considerado diferente, desde pequeño me gustaba observar a los demás, me inquietaba saber si miraban las cosas como yo o qué tan diferentes eran para ellos. Fui un niño juguetón y travieso, pero de mis pensamientos y preocupaciones era únicamente yo quien sabía al respecto; los demás, entre ellos mis padres, a lo único que tenían y siguen teniendo acceso, es a la interpretación que de ello hacen; algunas veces se acercan a lo que sucede, pero a la vivencia jamás.
Padres e hijos
Esta nota la inicié con la intención de explicar a los padres que a todos los seres humanos en determinado momento nos arremolinan los pensamientos, nuestra vida interna se agita; muchos tenemos la fortaleza de no desfallecer ante ella, otros más se quiebran. Cuando el hijo plantea una dificultad, la madre o el padre difícilmente hacen un recorrido de la historia del hijo y de todo lo que les fue significando al paso del tiempo; por lo general se entregan al enojo y a la decepción.
Un espíritu que se quiebra tiene diversas manifestaciones, las más comunes, el consumo de tóxicos, la conocida como depresión, una no tan común, la locura. Las cuales eventualmente son silenciosas, sólo nos percatamos de ellas cuando se han desbordado.
En ocasiones es difícil pensar y observar a los hijos sin juzgarlos. ¡Inténtalo, vale la pena! aún cuando lo que estés por descubrir, no sea de tu agrado.
Recuerda
Si empiezas a presentar los estragos del aislamiento o la cuarentena, escucha el programa que hemos preparado para que tengas un espacio de orientación, titulado Coronavirus y Vida psíquica. Charlas en cuarentena, que se transmite de lunes a viernes en punto de las 12 del día a través de www. http://mixlr.com/radiounivas.
¿Quieres saber más? Pide informes y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!
Síguenos en Facebook: Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica A.C.-INEIP o llámanos al 951 244 70 06 / 951 285 39 21.
