-Tío, ¿podemos correr en ese campo de beisbol?
-Mi vida, mira los zapatos que traes, son los del uniforme del lunes, te puedes tronchar el pie.
-Anda, porfis, la otra vez le dije a mi mamá, pero ella nunca me hace caso.
-Cómo eres larga, mi'ja.
-Bueno, solo a veces.
-Vamos pues, pero nada más una vuelta; además, terminamos de almorzar, vamos a sentarnos debajo de ese árbol mientras se nos bajan las memelitas.
-¿Qué le diremos a mi mamá?
-Qué más, lo que nos pasó, salimos con el tiempo justo y eso que estuvo apresurándonos. ¡A ver cómo nos va!
-Al menos me enseñaste sobre lo que haces y de la vida psíquica; también le presumiré a Juanita.
-¿Qué te traes con tu compañera Juanita?
-Nada, solo que me cae gorda porque siempre se mete en mis conversaciones.
-Supongo no lo hace para molestarte.
-Supones mal, yo creo que sí.
-¿Por qué piensas eso?
-Porque así es ella, pero ya no quiero hablar de Juanita, mejor sígueme contando de la vida psíquica.
-Es que precisamente estamos hablando de eso, de la vida interna, de la tuya por supuesto. ¿Recuerdas? Hemos conversado de lo que nos mantiene pegados al piso, la fuerza gravitacional hace que no salgamos disparados al infinito del universo, no la vemos, no podemos tocarla, sin embargo, actúa en nuestra vida cotidiana. De esa misma manera esa fuerza interna, lo que en mi trabajo llamamos vida psíquica, ha actuado cada instante en nuestra conversación y vida. ¿Me permites tomar un ejemplo de nuestra plática?
-Sí, tío.
-Por ejemplo, supones que Juanita se mete en tus conversaciones para molestarte, y no das cabida a que puedas estar equivocada; voy a suponer; ¿si me equivoco, me lo dices? Pero tu opinión está determinada por los afectos que ella y sus acciones te provocan. Me contaste que tu mamá un día le dijo que tenía bonito nombre. ¿Recuerdas qué me dijiste después?
-Lo que pensé, que se llama Juana y que mi nombre es más bonito.
-Me imagino sabes qué significa tu nombre.
-Sí, "La única". ¿Será que me gusta ser la primera y la favorita de mis compañeros?
-De hecho, te gusta brillar.
-¿Eso es malo, tío?
-No, mi niña; solo que si ese sentimiento toma más fuerza, posiblemente te cause uno que otro descalabro en tu vida.
-¿Y eso puede evitarse? No me gustaría tener eso que se escucha feo, descalabro.
-Por supuesto que sí, pero eso lo platicaremos otro día, porque hoy ya me descalabraste de tanto pensar. Al menos ya sabes que Juanita te cae mal porque se mueven fuerzas y afectos en tu interior, que posiblemente ella no sea en sí misma la causa de ello.
-Ya entendí, ya no le haré feo a Juanita, hasta bonito ya me suena su nombre.
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