El trabajo de los investigadores mexicanos ha permitido el desarrollo de varias vacunas para contrarrestar los efectos de grandes problemas de salud pública, pero para Carlos Viesca Treviño, presidente de la Sociedad Internacional de Historia de la Medicina (SIHM), ese potencial se ha desaprovechado.
“Desde hace 15 años en México se dejaron de producir vacunas por problemas comerciales que dieron juego a las transnacionales que concentran la producción”, analizó en el primer día de actividades de la 10 Reunión Bienal Internacional de la Sociedad que preside, con sede en Oaxaca.
En entrevista, recordó que en México se descubrió la secuencia del genoma de influenza, pero lo entregó a la Organización Mundial de la Salud en 2007, quien a su vez “lo dejó o cedió al Instituto Pasteur que comenzó a producir la vacuna que ahora se vende”.
Indicó que la inversión pública para generar vacunas en el siglo 20 se redujo a 40% que sirve para producir algunas que ya no se utilizan, como la que protege contra la viruela.
“Si produjera sus vacunas, México se ahorraría el 80% del gasto. Tenemos las plantas, los investigadores, tecnología y la manera de hacerlo, pero en términos de dinero no hay voluntad política”, lamentó.
Calificó los seis meses recientes como una “crisis brutal” en materia de salud por la falta de compra de medicamentos y vacunas que se producían en México, por lo que propuso una política escalonada que sustituya esa compra de vacunas por producción propia.
Indicó que hay otra problemática, las enfermedades emergentes y reemergentes como el paludismo y chagas que ahora presentan resistencia a los medicamentos.
Las nuevas enfermedades que transmiten los moscos, entre ellas el zika, chikungunya y dengue representan un riesgo porque apenas se está trabajando en vacunas, pero lo peor es que hace falta un control federal para hacer frente a este tipo de urgencias de carácter epidémico.
