Alejandro José Ortiz Sampablo / Cuarta de siete partes
Del ejemplo mencionado al final de la nota que antecede a la presente, plantearé algunas interrogantes, esto con la intención de obtener elementos que nos den luz para responder a la cuestión que da título a esta serie.
¿Por qué cobrar una sesión a la cual el paciente no asiste, so justificación que este no dio aviso con antelación? ¿O solo recibirlo para cobrar y hacerle una supuesta puntualización fundamentada en un deber moral?
Realizar este tipo de cobros se volvió recurrente para algunos psicoanalistas y terapeutas; las explicaciones que he tenido la oportunidad de escuchar son variadas, son pocas donde el analista lo explica desde la dinámica anímica del paciente. Esto último nos lleva necesariamente a explicar una parte del tratamiento psicoanalítico, no sin antes tener el contexto.
El contexto
Regularmente una persona busca tratamiento psicoanalítico cuando su alma no logra resolver algún pesar, siendo la angustia, el duelo y los conflictos en el amor los más recurrentes, aunque habrá que mencionar que estos tienen distintas máscaras de las cuales las conocidas son: las toxicomanías, la impotencia sexual, la depresión, los trastornos en la alimentación, entre otros.
Por otro lado, es conocido que en las personas no existe la cultura de cuidar su bienestar, si a ello agregamos la situación económica de un estado de la república (Oaxaca) que ocupa el tercer lugar en tasa de pobreza y el segundo en rezago educativo, no resulta difícil conjeturar que una persona busque en primera instancia otro tipo de soluciones para apaciguar su malestar que acudir con un profesional, y tratándose de la vida psíquica y emocional, por regla general recurren a la conocida expresión “ya se me pasará”. Lamentablemente, si el alma no atiende la entidad psíquica llamada Yo, enferma y se agrava al paso del tiempo. Cuando la persona se encuentra en tal situación, eventualmente su entorno se vuelve oscuro, ya que los servicios públicos de salud cuentan con poca atención en este rubro, lo que hace que las citas sean muy espaciadas y en el sector público estas tienen un alto costo en comparación a su poder adquisitivo.
Problemas de salud pública y éticos
Lo anterior es un problema de orden público pero que nos concierne a quienes nos dedicamos a este campo del saber, porque si existe un profesional que puede incidir en ello, ese es el psicoanalista y por el conocimiento que alcanzamos de la vida anímica, es de esperar que no nos comportemos indolentes a tal situación. Lo último no habrá que confundirlo con una llamada a la caridad, pues como dije anteriormente, nosotros renunciamos a toda expectativa en el tratamiento, pues de no ser así, contaminaríamos el fenómeno anímico que nos plantea cada paciente.
Eventualmente una persona que acude por cualquiera de los males que mencioné, de lograr trascenderlo comenzará a modificar en algo su situación económica, pues muchos de esos males tienen relación directa con la economía psíquica, lo cual en las sesiones analíticas al paciente se le develará prontamente. El Yo no tolera la postergación y la frustración, por lo que busca de manera permanente obtener satisfacción y placer con el menor esfuerzo (movimiento), eso sí, no escatima en gasto de energía para ello. Cuando a un paciente se le hace consciente lo mencionado en las anécdotas que nos narra, las reacciones son diversas; por lo general se produce un pequeño cambio. Dudo mucho que cobrando de la manera que he mencionado, el paciente tome conciencia de aquello que lo aqueja.
Continuará el sábado…

