Si algo ha demostrado la enfermera Carina Díaz Rendón en casi 10 meses de ingresar al área COVID-19 del Hospital General de Zona Número Uno del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en la ciudad de Oaxaca, es valentía y responsabilidad.
A pesar que junto con un equipo de profesionales sus cuidados ayudan a salvar vidas de una estadística atroz que hizo que la pandemia de SARS-CoV-2 enlutara 2 mil 126 hogares en Oaxaca, ella no acepta que se le compare con una heroína, pues considera que lo que ha hecho es cumplir con su trabajo y con la profesión que eligió hace 16 años.
Extremar cuidados
Quienes no han pasado seis o más horas dentro del traje de protección personal al que obliga la atención de la pandemia que afecta órganos vitales del cuerpo y el ánimo de pacientes “no entienden” que los cuidados deben ser extremos, pues el virus SARS-CoV-2 no se ve y puede infectar a personas que vuelven a casa sin presentar síntomas, pero contagian a los más débiles de defensas: una mamá, un padre, una abuela o un abuelo.
“No dejo de cumplir con mi trabajo, ahí estoy en el Covitario, salgo del área y me baño, me desinfecto y en casa me vuelvo a bañar y a cambiar de ropa, mantengo todas las medidas de prevención porque no quiero infectar ni a mi hijo (Brian de 18 años), ni a mi esposo (Amado)”, dice con una conciencia que se ha fortalecido en 2020.
Recién había cumplido 45 años cuando a Carina se le presentó el reto de atender a pacientes en área COVID-19 en un hospital que volcó la atención a la pandemia y que en los últimos días se ha visto saturado en el servicio porque la población sigue en las calles y evitando cumplir con las mediadas de prevención.
Junto con otras cuatro compañeras y compañeros, Carina es de las enfermeras “veteranas” que no tienen dictamen médico para resguardarse en casa. Al inicio de la pandemia las jornadas de trabajo, por ser de turno nocturno, eran de hasta 12 horas, pero con el equipo de protección personal que deshidrata, cansa y hace que los movimientos sean más lentos.
“Cuando inició la pandemia la mayoría nos contagiamos, yo me contagié, pero me recuperé porque no me dio tan grave para necesitar usar oxígeno”, recuerda.
Contagios y decesos
Tan sólo el IMSS en Oaxaca reporta a 10 trabajadoras y trabajadores que en 2020 perdieron la vida por la pandemia. En total, los Servicios de Salud de Oaxaca notifica 54 decesos, 25 entre personal médico, 16 en otros trabajadores de salud, 9 en el área de enfermería y tres dentistas.
En casi 10 meses de pandemia, el personal de salud que se contagió sumó 3 mil 722 casos, concentrando el 38 por ciento en el área de enfermería con mil 169 enfermeras y 249 enfermeras.
Entre las médicas se reportaron 646 casos de COVID-19 y 457 entre médicos. Otras áreas, como laboratoristas, camillleros y personal de limpieza concentró mil 83 casos, la mayoría en mujeres (580).
Agotamiento
“El personal médico está agotado”, expresa el director general del Hospital Regional Presidente Juárez del ISSSTE, Jesús Gonzalo López Cruz, que intentó “descongestionar” su área COVID-19 incrementando de 24 a 36 las camas para pacientes complicados, pero aún así la saturación se mantiene.
Reconoció que desde el médico, la enfermera, las personas de cocina, camillería y limpieza participan de manera conjunto para lograr atender a pacientes de COVID-19, pero sobre todo a las enfermeras que son quienes “dan la batalla”.
La doctora Carmen, cuya madre del mismo nombre falleció el 30 de noviembre pasado por COVID-19 en ese hospital, sabe bien que el personal de salud, del área operativa o administrativa, está expuesto a un contagio, pero son sus acciones y decisiones de las que dependen la vida de miles de personas.
“Más allá de un acto heroico es un acto humano atender a pacientes de COVID-19”, resalta, aún con un duelo reciente que hizo que este cierre de 2020 se torne difícil.
El duelo
Ella acompañó a su madre hasta que ingresó al área COVID-19 y experimentó “la gran impotencia de no poder estar con ella”, además de que como médica su duelo fue doble.
“A mí se me hacía muy difícil indagar sobre su estado de salud y darle la noticia a mis familiares, porque entiendo completamente todos los datos de los médicos colegas”, narra.
Esos sentimientos los entiende la enfermera Carina, quien añade la tristeza, la desesperación, la angustia y el eestrés que ha visto en pacientes que por el SARS-CoV-2 no pueden respirar.
“Unos pacientes son más luchones y dicen que le van a echar ganas porque quieren salir a abrazar a su familia, pero otros se desaniman”. Es ahí donde la labor del personal de salud, sobre todo de enfermería, higiene y camillería empieza para dar ánimos y no permitir que la cifra de muertos por COVID-19 en 2020 siga creciendo en 2021.



