La extirpación o amputación de una parte del cuerpo genera en cualquier persona un impacto aterrador. Es duelo, enojo y miedo, que se vuelve más grande cuando se trata de perder un seno por cáncer.
Marisol experimentó ese sentimiento en carne propia a sus 30 años de edad cuando el médico le indicó que su seno izquierdo era más grande que el derecho, tenía el pezón caído y protuberancias que sugerían cáncer. Los estudios confirmaron la sospecha: 11 ganglios positivos al cáncer. “Si no te operamos, te mueres”, le indicaron crudamente. La idea de morir al igual que la extirpación de una parte de su cuerpo la helaron.
Marisol no oculta su tristeza, pero fortalecida tras haber vencido el cáncer de mama, respira y expresa con serenidad: “haber perdido un seno cambió toda mi vida”. Ella es una paciente con masectomía radical desde hace 13 años.
Después de la rehabilitación, necesaria para recuperar la movilidad del brazo, Marisol requería una prótesis mamaria; sin embargo, atravesar por esta enfermedad la había dejado desgastada económicamente, sin posibilidades para adquirirla.
“Yo no me puedo poner una blusa escotada porque se nota. Pero más allá de una cuestión de imagen la prótesis es necesaria por salud porque te duele el lado que no tiene seno, duele porque el cuerpo no está equilibrado”, explica.
Con la ayuda de la asociación Corazón Rosa, Marisol logró tener una prótesis de alpiste, misma que utiliza hasta el momento para poder evitar los daños a su salud. Ahora no pierde la esperanza de lograr que alguien la apadrine o amadrine en la campaña “Adopta una chiche”, lanzada para recabar fondos para la adquisición de 50 prótesis e igual número de brasieres para mujeres de escasos recursos.
Marisol, ahora de 43 años de edad, ha recuperado parte de su vida. Para solventar los gastos que implica una enfermedad como el cáncer, así como la atención de sus secuelas, realiza labores de repostería.
“Cuando me dio cáncer, haz de cuenta que la gente te ve como una cucaracha, se alejan, te dejan de hablar y tu economía se va a la baja, yo dejé de trabajar un año, ahora me dedico a la repostería, vendo postres, no tengo una economía ni un seguro de vida, yo me pago mis consultas y Corazón Rosa me ha ayudado en gastos de medicamentos o estudios que son constantes, primero mes con mes, luego dos meses, y así”.
Es importante mencionar que si deseas amadrinar a Marisol para que pueda tener su prótesis, contacta a la asociación Corazón Rosa al 9512348567.
