México tiene una robusta historia con las epidemias, y pensar que el COVID-19 y el H1N1 han tenido impactos nunca antes vistos en el país, es dejar de lado más de 500 años de historia, en donde una treintena de pandemias atacaron a pueblos precolombinos, a la Nueva España, y ahora a México; y el cómo la enfermedad pasó de ser un mal enviado por los dioses, a una historia de terror para los nativos no inmunizados a las enfermedades de los conquistadores.
Sucede que en tiempos prehispánicos una enfermedad ni siquiera podría ser percibida como lo es ahora. Un mal no era producto de tremendamente pequeños bacterias y virus, sino más bien, de una voluntad divina que castiga y maldice la inferioridad del humano.
Cuando en 1450 un catarro pestilencial se apoderó del Valle de México, a Moctezuma, Netzahualcóyotl y Totoquihuatzin, no vieron más posibilidad que dejar de cobrar impuestos y comenzar a regalar semillas a los más pobres.
Mientras tanto, la civilización maya también enfrentaba sus propias enfermedades. Los datos son escasos, pero hasta ese momento, nada pudo haber preparado ni al centro ni a la península, de una serie de nuevas enfermedades que vendrían de la mano con una nueva civilización.
La viruela y el sarampión: los precursores de lo peor
La conquista ni siquiera había terminado cuando llegó la epidemia de viruela, en 1520. Los indios la llamado Hueyzáhuatl, que significa "gran lepra". Cuando la enfermedad apenas se propagaba, el terror llegó con la noticia de que Cuitláhuac, a cargo entonces del imperio Mexica estaba muerto a causa de ella.
Lo más común es pensar que la epidemia de viruela comenzó con la visita de algún europeo enfermo, sin embargo, en el artículo 'Historia de las Epidemias en el México Antiguo', Mandujano, Camarillo y Mandujano aclaran que la primera tragedia luego del encuentro de los dos mundos venía en realidad de otro continente.
El conquistador, desesperado por la falta de mano de obra, encontró una fuente de abastecimiento nueva, accesible, económica y en apariencia inagotable: el negro africano. El negro es un nuevo actor en el escenario de las enfermedades, un portador de nuevos y terribles padecimientos que aniquila y debilitan al blanco y al indio por igual. Las embarcaciones llenas de esclavos no sólo transportaban crueldad y sufrimiento humano, sino también las semillas de terribles epidemias y pandemias
Historia de las Epidemias en el México Antiguo
Conquistadores y esclavos de raza negra llevaban un rato juntos. Sin saberlo, cada raza trabajaba contra reloj para inmunizar a sus propios de las enfermedades de la otra, pero el proceso que hasta entonces debió haber sido gradual, se convirtió en un reto por partida doble para los nativos, quienes no contaban con las herramientas biológicas, los anticuerpos, para ningún tipo de enfermedad de visitantes del otro lado del mundo, sin importar su origen exacto ni su color de piel.
El catarro de 1450 en el centro del país ahora se cree que fue algún tipo de influenza
En el imperio azteca apenas pudieron reaccionar. 'Hueyzáhuatl' fue el nombre que le tuvieron que dar a una enfermedad que nunca habían visto antes, y que ahora conocemos como viruela. Apenas 11 años después del comienzo de la propagación, en 1531, llegó otra epidemia que produjo hinchazón, salpullidos, y altas fiebres; la conocemos como sarampión, en aquel adquirió el nombre de "Záhuatl tepiton" que quiere decir "lepra chica".
Solo 14 años después llegó la primera oleada del cocoliztli.
Hasta el día de hoy, nadie sabe con exactitud qué fue el cocoliztli, pero en el siglo XVI, mató a 15 millones de nativos, lo que significaba para entonces el 80% de la población total. Los pueblos de lo que ahora es México quedaron abandonados, los campos desolados, la tragedia fue general: no hay un solo códice de nativos que no hable sobre la vez que la población fue diezmada.
El cocoliztli, palabra que se utilizaba para referirse a una plaga o epidemia, adquirió un nuevo significado, y se le comenzó a utilizar para nombrar a esta enfermedad que hizo lo que ni el sarampión ni la viruela pudieron.
Ya para los siglos XX y XXI, las investigaciones han arrojado indicios sobre el misterio de la enfermedad. Por la cabeza de científicos han pasado todo tipo de enfermedades, desde fiebre amarilla hasta infecciones virales e inclusive salmonela, siendo esta última la explicación más aceptada que se tiene hasta ahora, aunque por desgracia, no concluyente.
El problema, dicen los investigadores Angélica Mandujano, Luis Camarillo y Mario Mandujano, es que los síntomas parecieron ser de cuadros clínicos variados, así que podría ser una mezcla de varias enfermedades.
Con el tiempo incluso se llegó a suponer que se trató de un tifo endémico presente desde antes de la conquista, que se combinó con el tifo epidémico que vino con los conquistadores, y cuyo agente de transmisor era el piojo y la rata. Ahora lo conocemos como tifo exantemático.
Viruela, sarampión y *cocoliztli. Esas tres enfermedades aterrorizaron a nativos y se convirtieron en epidemias en solo un lapso de cincuenta años.
Alguien debió haber dicho en España que los recién llegados al ahora continente americano estaban maltratando a los nativos. ¿Qué otra explicación para la acelerada mortandad que causaba que nativos murieran a tasas insostenibles? En 1555 Fray Toribio escribió en una carta dirigida al rey que los indígenas habían recudido su número a lo largo de los años "debido a las pestilencias y no al maltrato".
"Dios castigó a la Nueva España (...) había una multitud de indios, pero las muchas enfermedades y pestilencias que existen en esa región han disminuido en grandes cantidades, y además, porque cuando están enfermos de sarampión, viruela, catarros, flujo con sangre y fuertes fiebres, acostumbran bañarse en los ríos sin esperar a que la enfermedad haya mitigado y por eso mueren. Y de acuerdo con la doctrina cristiana no se les permite más de una mujer, mientras que antes podían tener diez o doce, y por eso no puede aumentar el número de indios"
Mortales tanto la viruela como el sarampión por sí mismos, los nativos comenzaron a temer más del cocoliztli. Y con razón. La oleada iniciada en 1545 fue débil comparada con la de 1576, cuando hubo un resurgimiento de la enfermedad que fácilmente se distinguió de las otras dos epidemias al no producir erupciones en piel.
Sobra decir que los imperios centrales, magnánimes hasta entonces, cedieron con mayor docilidad con el paso de las décadas y las epidemias.
No solo se trató de la caída del imperio azteca, sino de la monumental y escandalosa mortandad entre sus habitantes. Los nativos no tenían herramientas para tratarse por las nuevas enfermedades, y su salud no era prioridad para los recién llegados que tenían sus propias bajas. La escasez de alimentos, semillas y mano de obra se hizo presente durante más de una década, y a los muertos por enfermedad se sumaron los de por hambre.
Sabemos por el Cronista de Tlaxcala, Muñoz Camargo, que la gente cuando empezaba a tener la erupción y sentía las molestias se iba a bañar al río, y lógicamente todos los que se bañaban en el río se infectaban. Incluso al río que está cerca de Tlaxcala lo apodaron río Zahuatl: río de los granos; a la viruela la llaman hueyzahuatl cocoliztli (significa enfermedad que nos da todos, de granos grandes)
Carlos Viesca Treviño, académico del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la UNAM
El final de siglo sería marcado por una última epidemia combinada, entre el sarampión, la viruela y el cocoliztli. La experiencia de casi 80 años desde la primera epidemia de viruela les habría dado armas suficientes (biológicas y no) para enfrentarse a ella, y, de acuerdo a Mandujano, Camarillo y Mandujano, a pesar de la mezcla de enfermedades la mortandad fue menor.
Los siglos siguientes no dieron tregua. Desde el Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM se dice que a lo largo de los tres siglos se registraron 14 epidemias, en medio de revoluciones, revueltas, y el movimiento nacional de independencia, el país llegó al siglo XIX, con el anhelo de una civilidad que fuera amiga de la salud. Aunque la ciencia estaba cerca, las epidemias lo seguían estando más.
