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Nacer y vivir con SIDA en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

El rechazo que han experimentado cuando las saben portadoras del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH) ha hecho que Úrsula y Verónica guarden celosamente el secreto de una enfermedad que comparten por el vínculo que les heredó Andrés, dos o más años antes de morir.


Un cuadro reiterado de enfermedades respiratorias fue el camino para que en Andrés se revelara la enfermedad que le compartió a Úrsula, tiempo antes del único embarazo de ella.


En ninguna parte del cuerpo de 55 kilos da una idea que Úrsula es seropositiva. Su madeja es rizada con un tinte que le da luz y le aclara más el cabello. Cuando habla de su vida, su rostro atraviesa por todas las gamas de emociones, pero hay algo que en ella prevalece: la esperanza y la alegría de estar viva.


La noticia llegó cuando Verónica, la hija de ambos, ya rebasaba el año y fue quizá el momento para que iniciara de manera temprana un tratamiento a una enfermedad con la que creció, pero de la que poco se habla más allá de su núcleo familiar.


Vivir en una comunidad de la costa de Oaxaca ha obligado a que Úrsula cuide todos los detalles. Si viajaban a recibir el tratamiento a la Ciudad de México, la justificación era un paseo o realizar compras.


A todos los botes de medicamentos siempre les retiró la etiqueta, por si alguien al leer pudiera descubrir para qué eran.



Cuando el rechazo duele más que la enfermedad. FOTO: Emilio Morales

Hasta que Verónica cumplió 12 años entendió las implicaciones sociales de una enfermedad que provoca aversión y miedo.


“Se critica, se juzga, se tacha, se discrimina”, son las acciones que utiliza Úrsula para describir el dolor de un cambio de vida al ser contagiada por su pareja, no por ella, sino por su hija, “que apenas inicia su vida” y en unos años llegará a su etapa reproductiva.


Poca prevención


De las 15 pruebas que realizan al día en el Centro Ambulatorio de Prevención y Atención de Sida e Infecciones de Transmisión Secual (Capacits) Oaxaca, en San Bartolo Coyotepec, regularmente diez se aplican a mujeres y sólo cinco a hombres.


Pero lo menos frecuente, explica Edith Cruz Palomec, química bióloga del Capacits, es realizarlas en mujeres embarazadas. En este año, sólo se han aplicado 47 y una tercera parte, 16, han resultado positivas.


Si para una persona conocer que es portadora del virus es un shock, para una mujer que es madre o lo será, es todavía mayor.


La primera reacción es el llanto. ¿Cuál es la angustia y la preocupación?, se pregunta el psicólogo del Capacits Oaxaca, Orbil Garrido Wong, y él mismo da la respuesta: Pensar que su hija o hijo pueda nacer con el virus.


Cuando se les ofrece la alternativa que su bebé puede nacer sano cambia un poquito la expectativa respecto al diagnóstico, pero aún así persiste el miedo que en algún momento ellas puedan hacerle falta a sus hijos.



Si Verónica sigue indetectable y lleva el tratamiento adecuado, puede embarazarse sin el riesgo de transmitir el virus a su hija o hijo. FOTO: Emilio Morales

Evadir el VIH


Justo eso le paso a Elisa, una mujer originaria de la Sierra Mixe, que en el tercer trimestre de su tercer embarazo descubrió, por los constantes malestares de su esposo, que al igual que él, ella era seropositiva.


El diagnóstico fue el mismo para su hija de dos años, sólo su hijo de cinco estaba libre de la enfermedad, como ocurrió unos meses después con el nacimiento de su tercer hijo.


Eso fue posible porque su hijo nació por cesárea y recibió tratamiento antirretroviral profiláctico durante seis semanas, además de que no pudo alimentarlo con leche materna.


Si Verónica quiere convertirse en madre, esos pasos tendría que seguir, con el añadido que ella, al igual que su pareja, deben ser personas indetectables, es decir que tengan una carga viral con menos de 40 copias por mililitro de sangre, apegarse al tratamiento y utilizar condón en caso de tener contacto sexual durante el tiempo que dura el embarazo.


La tristeza que envuelve a Úrsula, cuando piensa en el rechazo amoroso, se disuelve cuando sueña que esa soledad no elegida no se repetirá en su hija Verónica, “quiero que haga su vida, que forme su vida, me gustaría verla casada, lo he pensado y se lo he dicho”.



Que su hija o hijo también sea portador del VIH o morir, los principales temores de una mujer seropositiva. FOTO: Emilio Morales

Ahora tiene una idea de su esperanza de convertirse en abuela es posible. En unos años, si así lo desea, su hija, quien durante 16 años ha sido indetectable para el VIH, le puede otorgar esa certeza de convertirla en abuela.


El sueño es traspasar el umbral de la procreación sin que el virus se transmita como el estigma que en ambas florea cuando las saben seropositivas.

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