En esa batalla contra la muerte que se agudizó con la COVID-19, las y los especialistas en medicina crítica se convirtieron en el primer frente. La pandemia visibilizó su labor.
De la veintena de médicos de cuidados intensivos con que cuenta Oaxaca, el doctor Juan Carlos Dávila Fernández, tiene la certeza de que antes de la COVID no se dimensionaba el impacto de su trabajo:
“El médico intensivista trata al enfermo en estado crítico, aquel que tiene una o más condiciones que están poniendo en riesgo de manera inmediata su vida, un momento en que cualquier retraso, demora u omisión, le cuesta la vida”, dice con la serenidad que le dan 30 años de rescatar pacientes de la muerte.
De los pocos intensivistas
Hace 43 años, cuando apenas tenía 10, Dávila Fernández supo que quería ser médico y en esa decisión influyeron los ejemplos de los médicos de su familia: el cardiólogo Joaquín Bernal y el ortopedista Guillermo Fernández Mondragón.
“Era admirable ver a una persona con bata blanca que curaba personas”, como lo hacía el cirujano Carlos Mayoral que vivía cerca de su casa. A ese amor a la medicina contribuyó también su profesor de biología en la escuela secundaria, Silvio Conzzati, y que en el bachillerato optó por las ciencias químicas biológicas.
Su licenciatura la concluyó en 1992 en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, para luego ingresar a su internado al Hospital General de Zona Número Uno del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
A ese nosocomio Dávila Fernández volvió siete años después, pero como el primer médico de cuidados intensivos, después de estar cinco años en el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional Siglo XXI. En Oaxaca sólo existían tres intensivistas: Manuel Ramírez Sánchez, Esdras García y Jaime Gutiérrez.
En la UCI
Equivocadamente las familias de los pacientes llegan a pensar que en un infarto es el cardiólogo quien se encarga del manejo clínico, pero en una terapia intensiva son los médicos intensivistas quienes se encargan de aumentar las posibilidades de sobrevida.
“A partir de la pandemia nos hemos vuelto los líderes en el manejo del paciente con complicaciones por COVID”, el problema es que “no existimos tantos especialistas para tratar a un paciente”.
Al corte del miércoles, de las 20 mil 133 personas que habían enfermado de COVID-19, una quinta parte había requerido hospitalización y mil 592 perdieron la vida.
En todo el estado la contingencia sanitaria obligó a habilitar alrededor de 640 en hospitales con área COVID, de las cuales una tercera parte (214) cuentan con un ventilador que sólo puede operar un médico en cuidados intensivos, pero en la entidad apenas hay 23 especialistas.
La primera defunción por COVID
Otro de ellos es el doctor Aarón Tito Santiago López, a quien le tocó atender la primera defunción por COVID-19 en Oaxaca.
Recuerda que era un paciente adulto originario de Santa María Atzompa, quien cayó en un paro respiratorio y prácticamente llegó al Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca, en San Bartolo Coyotepec, a fallecer.
Ese desconocimiento sobre una nueva enfermedad tensaba el ambiente en las áreas COVID: “Teníamos miedo, incertidumbre y se sentía calor al entrar a la terapia intensiva porque estábamos tratando pacientes infectocontagiosos, poco a poco le fuimos perdiendo el miedo y entendiendo que si hay sobrevida”.
En promedio, 8 de cada 10 pacientes con COVID-19 que terminan intubados fallecen y en Oaxaca han logrado que el promedio sea de cuatro de cada 10.
Pero además de tratar pacientes al borde de la muerte, un especialista en medicina crítica debe ser tanatólogo y acompañar a las familias que enfrentan la pérdida de un ser querido.
Lo que no enseña la escuela
Es precisamente esa parte que el doctor Dávila Fernández considera no se aprende en las aulas ni en los grandes hospitales, algo que comprendió cuando como estudiante de medicina trató a su abuelo materno, Remigio, y como médico residente a su hermano José Manuel.
Ya como médico especialista debió atender a su tío Alberto, a su hermano Francisco en enero de 2019, quien murió de neumonía por influenza, pero fue al tratar a su padre José José Manuel hace dos años que entendió esa dolorosa lección:
“No obstante de tener una vida como intensivista, seguí aprendiendo la dolorosa lección que no te dan ni enseñan en ninguna escuela o Facultad de Medicina, tampoco en los grandes hospitales y centros médicos del mundo: qué hacer y cómo tratar a tu papá como paciente en la UCI que diriges, sin caer en el conformismo ni en el ensañamiento terapéutico”, recuerda.
Lograr la supervivencia de la muerte, es la principal meta de las y los médicos, pero también su historial laboral, más allá de tener un título y certificaciones, opina el doctor Aarón Tito Santiago López, adscrito también al Hospital General de Zona Número Uno del IMSS.
Ninguno de los dos ha tenido tiempo para vacacionar y sus descansos se limitan por la doble jornada de laborar en más de un nosocomio.
La mejor satisfacción cree el especialista Santiago, es cuando aquel paciente que creían que podría morir, sale del hospital caminando. Es cuando saben que la meta de rescatarlo de la muerte, la han cumplido.
En Oaxaca
1 médico por cada 2 mil personas
4 de cada 10 pacientes con COVID-19 que terminan intubados fallecen
Heroica labor
El personal médico se encarga de ayudar a preservar la salud de las personas.
La medicina del paciente crítico es una de las 30 subespecialidades que existen entre las y los profesionales de la salud.
