En el barrio de Brokling, en Nueva York, epicentro de los contagios de COVID-19 en Estados Unidos, las sirenas de las ambulancias mantienen el control en el silencio de las calles vacías. “No paran, emocionalmente es duro”, expresa Claudia Zamora Valencia, oaxaqueña radicada desde hace 10 años en la “ciudad que nunca duerme”.
El barrio judío ortodoxo concentra los índices de contagio más altos de coronavirus y también la cara más cruel de la pandemia, pues es precisamente en este punto en donde se ubica el Hospital Brookdale que comenzó a atender a pacientes con COVID-19 a principios de marzo. La cifra hasta la mañana del miércoles -de acuerdo con medios internacionales- era de 100 pacientes que dieron positivo por el virus y 78 adicionales hospitalizados mientras esperan resultados.
“Hay un estrés, también un duelo de ver que el lugar en el que vives, la gente con la que convives y trabajas la está pasando muy mal”, explica vía telefónica, a través de la cual se percibe el ulular que a veces es lamento y otras, esperanza.
Claudia lleva 17 días de aislamiento en casa, luego de que la organización en la que trabaja determinara cerrar el servicio directo al público. Desde el confinamiento, en el que realiza home office, las noticias de la propagación del COVID-19 no dejan de fluir.
“Hay miembros de nuestra organización que han sido detectados positivos. Amistades cercanas que también. Algunos se van recuperando. La gente está falleciendo, los hospitales están desbordados, la falta de equipo de protección es clara. Hay gente trabajando sin la protección y entrenamiento adecuado como las trabajadoras y los trabajadores domésticos, la gente en las tiendas de comida, la gente en el transporte público, eso es algo preocupante, muestra la disparidad, la falta de recursos, la falta de soporte para una comunidad vulnerable”.
Desde esa perspectiva, destaca que quienes tienen el privilegio de un confinamiento en un hogar y con las posibilidades para sobrevivir, se abruman por cosas que no son esenciales.
“A mí me aterra saber qué va a pasar con México, qué va a pasar con la falta de servicios de salud, la negligencia de las personas y de las instituciones y me parece grave que haya tanto espacio para que la gente se prepare y no lo tome enserio. Me cuesta trabajo pensar que, viendo la cercanía, viendo las experiencias de países como China, Italia, España, Estados Unidos, viendo los comportamientos de patrones y respuesta, la gente no lo tome en cuenta y eso es angustiante, porque no esta fácil y no va a estar fácil en los siguientes meses”.
"Hay gente que no puede parar"
Claudia Zamora Valencia, quien es de profesión antropóloga trabaja para la organización New Immigrant Comunity Empowerment (NICE), ubicada en Jackson Heights. NICE es una organización de base que tienen el objetivo de organizar a personas, en su mayoría población indocumentada originaria de América Latina y de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual y Transexual, que se dedican a la construcción y a la limpieza.
De esta manera entrenan a las personas para que tengan habilidades en el área de construcción como son pintura, plomería, desarrollo profesional, pero también se certifica a las personas para que tengan un entrenamiento en salud y seguridad, además de equipo para orientación y asesoría en derechos laborales, adicionalmente clases de inglés.
Nueva York, como se refleja en la prensa -subraya- “es uno de los estados más adoloridos, en donde más fuerte ha pegado y ha sido a todos los niveles, pero parte de las medidas preventivas, es algo que no todas las comunidades tienen acceso”. Personas que se dedican al reparto de comida, quienes están en el sector de la construcción o de aseo doméstico, son quienes no tienen posibilidad de quedarse en casa. “Es gente que no puede parar, pero va a tenerlo que hacer en algún momento porque hay muchas que se han enfermado”.
Otro de los retos que enfrenta este sector de la población -añade- es el hacinamiento de las viviendas. Los departamentos, pequeños en su mayoría y con alquileres caros, son compartidos por familias.
“Entonces tienes habitaciones con cuatro o cinco personas, departamentos con tres y dos recámaras, estamos hablando de 10 a 12 personas en una unidad habitacional en donde es muy difícil mantener la distancia social. Si una persona de ese núcleo de vivienda tiene que salir a trabajar, que es muy probable, es muy difícil que al volver no haya propagación”.
A lo anterior se suma la escasez de recursos, como son alimentos y artículos de limpieza como el cloro, alcohol y gel antibacterial.
No es una simple gripa
Zamora Valencia agregó que el acceso a información verídica es otro reto pues también fue difundida información que confundía o minimizaba la problemática como por ejemplo que era una gripa, que duraría poco tiempo, o que podrían curarse con tés de ajo y jengibre. “Hay mucha desinformación que problematizó el trabajo con la gente”.
Situación "dura"
El lugar cerró el servicio directo al público el pasado 18 de marzo. “Hay muchas buenas intenciones para apoyar a la comunidad, pero es difícil operarlo. La gente dona comida, pero es complejo distribuirlo”.
Por lo pronto se están diseñando estrategias para generar fondos y que la gente que se ha quedado sin empleo pueda tener acceso a ellos. Hay una base de datos de 5 mil personas a quienes se les monitorea de manera frecuente y se les brinda información en la que se les orienta sobre los lugares en donde pueden tener acceso a alimentos y asesoría para tener atención médica en los hospitales aún cuando su estatus migratorio sea de indocumentado.
“El escenario es desolador, no hay trabajo, no hay cash, no hay dinero, hay que comprar comida, hay que mandar dinero a los países de origen, hay que pagar renta y todo. Es algo muy duro”.
