Como mencioné en la primera parte de estas breves notas, si bien desde el siglo 19 se había discutido el tema del menor como sujeto de derecho. Argumenta la historiadora María Elena Sánchez Calleja que fue hasta el siglo 20 cuando se concretaron a nivel internacional las medidas de protección a la infancia. En México se alcanzaron formalmente hasta el siglo 20.
De niño a sujeto
Durante ese periodo, el niño adquirió importancia en la misma medida que fue convirtiéndose en objeto-sujeto de estudio, con derechos, así como sujeto de protección bajo la tutela de los padres o en determinados casos, del Estado. Hasta ese momento, podemos decir que se hablaba de un niño ideal, que sobre él o ella recaía un deber ser, que tenía derechos desde que se engendraba hasta cumplir los 18 años; por tal motivo, debía ser dotado de atención escolar, médica, alimentaria, vestido, higiene, cuidados, pero, sobre todo, debía ser un niño feliz. Sin embargo, ¿cuál fue la concepción de felicidad asociada a la niñez en el siglo 20?
Niño y felicidad
Cuando el niño comenzó a ser considerado digno de derechos, se promovió la idea generalizada que además, los niños debían ser felices en todos los ámbitos de su vida y que en cierta medida el Estado tenía la responsabilidad en asegurarla. Por tal motivo, no solo se establecieron políticas que fomentaban el bienestar de la infancia sino también se resaltó el precepto de que era necesario que los niños crecieran con alegría.
En el texto Producciones culturales para la infancia, Susana Sosenki menciona que a diferencia de otras épocas en las que la felicidad infantil se ligaba con la salud, el honor y la fortuna, a partir de la década de 1950 ésta fue relacionándose con la felicidad, la alegría y la diversión.
Las manifestaciones de la nueva concepción comenzaron a inicios del siglo 20, la prensa difundió el ideal del niño feliz, estrechamente relacionado con juego y sobre todo con el consumo. Dicha difusión sería más frecuente una vez llegados los mediados de siglo, en correspondencia con el crecimiento de la industria y los nuevos medios.
La nueva concepción de felicidad
Así pues, según Sosenki, en los años cincuenta la difusión publicitaria se incrementó; el niño necesita aprender a ser feliz; aseguraba un médico en 1956, citado por Sosenki. Por lo dicho, la felicidad no parecía ser un estado que se manifestara de forma natural o espontánea en la infancia, sino más bien, una construcción, un hábito conseguido a través de la educación en la que los padres debían proporcionar a los niños tiempo para el juego, buenos tratos, adquisiciones materiales y diversión.
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