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La Consulta Popular

Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo


La presente nota sería la continuación de la que lleva como título “Una ilustración para la vida amorosa de la mujer”; sin embargo, no quise dejar pasar lo sucedido el domingo primero de agosto.


La votación


Después de desayunar en casa de mis padres, mi novia y yo nos dirigimos a participar en la jornada histórica de la primera consulta ciudadana, la cual tenía como finalidad recoger la opinión de los más de 93 millones de votantes respecto al posible juicio a los últimos cinco presidentes de nuestro país.



 


Para este día ya conocemos el resultado, la participación fue muy baja. Recuerdo el sentimiento que me embargó cuando al llegar vi las casillas vacías; no supe en ese momento porqué me golpeó la tristeza y el enojo; después, recordé que sigo siendo un hombre con ilusiones. Esperaba que la mayoría de las personas estuvieran hartas de la impunidad.


No discutiré en la presente nota si es un mecanismo maniqueo, absurdo o no, esto solo podemos concluirlo si realizamos una lectura puntual de la propuesta y las leyes, y no nos dejamos llevar por las opiniones de quienes se erigen como líderes de opinión o de aquellos que la rechazan o incluso ridiculizan el resultado. Aquí baste con citar un fragmento de la definición de Consulta Popular extraída de la página del Sistema de Información Legislativa (SIL): "Mecanismo de participación ciudadana que sirve para ejercer el derecho constitucional para votar en torno a temas de trascendencia nacional de manera que su voluntad, vinculante conforme dicte la ley, pueda incidir en el debate y las decisiones que adoptan los órganos representativos del Estado…"


Un panorama poco alentador


Para un estudioso del alma, lo sucedido es una señal de alarma de los malestares que se avecinan. Muchos se justifican el no haber cumplido con su voto al decir que “la ley no se consulta, se aplica” o “qué sentido tiene, si nada va a cambiar”; pero esta postura del neurótico es muy conocida por nosotros, pues sabemos que cuando un mal lo aqueja, este prefiere depositar en otros el origen de sus males o adoptar una disposición pesimista, lo que a la postre hace que se mantenga con ella su condición de enfermo y los beneficios que esto le deja.


En lo último que menciono es donde se encuentra la señal de alarma, y donde algunos abrirán la siguiente interrogante: ¿Cómo alguien puede mantener o incluso desear seguir enfermo?; la respuesta se obtiene en una condición psíquica de los seres humanos, nos la proporciona el discurso de la plusvalía, y es la que versa sobre la ganancia. El hombre y la mujer en lo psíquico nunca pierde, en la enfermedad y la pobreza siempre recoge algo donde el alma se regocija.


Para la reflexión


El resultado de la pasada Consulta Popular nos tendría que llevar a un momento de reflexión como ciudadanos, para responder a la interrogante: ¿Qué estamos dispuestos a realizar para lograr un verdadero cambio en nuestra vida? ¿Seremos capaces de renunciar a nuestro síntoma -dicho en lacaniano-, a renunciar a nuestras formas de goce?


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


[email protected]

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