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Esperanza

Foto(s): Cortesía
Redacción

El cofre permanecía en el último estante del librero; para poder tomarlo sin que mi abuelo lo notara, debíamos ser muy cautelosos; pero más de una vez nos descubrió, sobre todo a mí que siempre fui la más curiosa de sus nietas, así que por mucho tiempo me quedé con las ganas de saber qué secretos ocultaba en su interior; el abuelo jamás me reprendió por querer tomarlo a hurtadillas; cuando intuía mis planes, era él quien lo bajaba con solo estirar su brazo y con un gesto de mago lo abría; no pasaba mucho tiempo para que quedara envuelta en la magia de sus historias. Aquella tarde, le pedí que abriera el cofre para que continuara con la historia del Ladrón del fuego como pensé en llamar a Prometeo; mi abuelo no se hizo del rogar.


Las manos de Hefesto trabajaban en la creación de una obra por encargo de Zeus; se trataba de la primera mujer: Pandora, a quien los dioses otorgaron   diversos regalos. Afrodita la dotó de belleza, Hermes le dio el poder de la palabra, Las gracias la adornaron con joyas. Finalmente, Zeus quedó complacido, ordenó a Hermes: "Haz que Epimeteo la acepte como esposa y además entrega esta caja", dijo al mismo tiempo que colocaba en sus manos un arca labrada bellamente con bajorrelieves; también le advirtió que no la abriera. Hermes cumplió.


Apenas Epimeteo posó sus ojos en Pandora, olvidó que su hermano Prometeo le había advertido no recibir regalos de los dioses. ¿Qué mal podía venir de una criatura de tal belleza? La caja también le fue entregada, hizo jurar a su amada que no la abriría. Pandora era más curiosa que yo.


A esas alturas del relato, sentía la imperiosa necesidad de saber qué contenía la dichosa caja, pero justo en ese momento mi abuelo dijo que tenía que ir a tomar una píldora para su temblor de manos; por más que le rogué continuar, indicó que yo también debería ir a tomar una medicina que me hiciera más juiciosa y menos curiosa.


Cuando abuelo se fue, abrí el libro para continuar la lectura; solo me bastaron dos minutos, un párrafo quizá en el que el misterio de caja nos fue revelado a Pandora y a mí; no miento si digo que un grito escapó de sus páginas, antes de que lo pudiera cerrar.


Continuará el próximo miércoles…


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