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Entre canallas te veas: las malas prácticas PSI

Foto(s): Cortesía
Redacción

A unos días de finalizar el año 2020, un contacto de Facebook me envió el link de una nota de la Revista Proceso con el título: Del Toro y Cuarón se solidarizan con dos jóvenes que denunciaron a psicoanalista por abuso sexual.


Otra nota de la misma revista del día 29 de diciembre menciona lo siguiente: La Fiscalía del estado abrió dos carpetas de investigación contra el psicoanalista Gabriel Vallejo Zerón, acusado por presunto abuso sexual y psicológico en agravio de sus pacientes y a la vez parejas sentimentales.



Desde que leí el primer encabezado, hubo un sentimiento de molestia y el primer impulso fue el deseo de escribir al respecto, pues aunque los hechos se registraron en el estado de Jalisco, dudo mucho que sea el único lugar donde suceden este tipo de abusos de parte de quienes ostentan el título de psicoanalista, psicólogo o terapeuta. Esa tarde guardé la calma y preferí dejar para otro momento meterme en camisa de once varas.


Cuando el río suena


He mencionado en otras notas que cumplía los 18 años cuando inicié mi recorrido en el psicoanálisis; en ese entonces comencé a escuchar rumores de quienes circulaban como psicoanalistas. Una historia que me provocó intriga fue la que me narró una querida amiga, ya que la pareja a quien aludió yo había tenido la ocasión de encontrarlos en distintos acontecimientos psicoanalíticos y de arte; ellos se veían felices, además que él era un sujeto agradable y gentil. Me contó que él, además de serle infiel a su pareja con alumnas y pacientes, la golpeaba; en ese entonces no le presté atención a las palabras de mi amiga, las recordé al escribir la nota.


La cobardía de no asumirse


En esos años no amaba tanto al psicoanálisis como hoy en día, ni siquiera imaginaba que ocuparía el lugar que hoy asumo, el de psicoanalista. Así que los rumores que se decían de este o este otro personaje a quienes se les ubicaba como psicoanalistas, poco me importaba. Es importante aclarar por qué digo “a quienes se les ubicaba” y no quienes se decían o asumían como psicoanalistas, pues después de casi cinco años de mi regreso a Oaxaca, me enteré que algunos prefieren el título de practicantes del psicoanálisis y no asumirse como psicoanalistas, pues encontraron cobijo en un tecnicismo para su cobardía. Lo intrigante es que ante otros que no pertenecen al campo psicoanalítico, se presentan o solo dejan que sea el otro quien los ubique como tal.


Ha pasado el tiempo e historias similares a la que me contó mi amiga de ese entonces, han llegado a mí: terapeutas que hacen retiros con sus pacientes mujeres a quienes seducen, psicoanalistas que reciben a la paciente con una copa de vino para hablarle de amor, o que al igual que Vallejo Zerón, una vez que establecen una relación amorosa o sexual con sus pacientes, las siguen atendiendo psicoanalíticamente.


Continuará el sábado…


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


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