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Entre canallas te veas: las malas prácticas PSI

Foto(s): Cortesía
Redacción

El encuentro con el psicoanálisis fue uno de los momentos que marcaron mi vida; desde esa tarde, mi destino daría un giro inesperado. Al poco tiempo inicié un tratamiento psicoanalítico y poco después apareció la interrogante al respecto del analista, mi analista.


El encuentro


Era muy joven, mi mundo se reducía a tres cosas: la casa, la escuela, el taller, eso es hablando del mundo tangible; en cuanto al mundo interno, este era más extenso, pues desde que tengo recuerdo he sido un soñador y por otro lado he tenido infinidad de interrogantes que resolver. Así que ese encuentro fortuito me vino muy bien.


No pasaron muchos años y la interrogante: ¿Qué es un psicoanalista?, apareció. ¿Qué se estudia? ¿Dónde, cómo? Incluso llegué a pensar si se requería un don especial para ocupar ese lugar. Estuve a punto de escribir “don especial para ayudar a la gente”, pero a decir verdad, desde que conocí el psicoanálisis, nunca tuve la impresión de que esa fuera su finalidad. Hubo de pasar un largo tiempo para que pudiera responder a mis inquietudes.


Perversión, el origen


Desde que inicié mi formación como psicoanalista, nunca se me hizo difícil la aprehensión de sus teorías. Cuando en ciertas ocasiones lo externaba, algunos de mis compañeros se incomodaban, pues pensaban que era asunto de pretensión. Aunque en ocasiones lo decía para provocar a quienes aludían a lo difícil del psicoanálisis, con la intención de colocarse en un lugar especial de saber. En ese entonces llegué a decir que la dificultad de aprehender las teorías psicoanalíticas es directamente proporcional a la perversión de la persona; dicha afirmación dice una parte de verdad.


El origen de una mala práctica dentro del quehacer del terapeuta puede ser diverso; los más comunes son tres: por la inexperiencia, que en estos casos es el propio dispositivo clínico el que salvaguarda tanto al paciente como al practicante; el segundo, la arrogancia y obstinación del terapeuta o analista respecto a su método clínico, que en el peor de los casos el paciente reforzará su enajenación de la realidad; la tercera, la perversión de quien se dice u ocupa el lugar de terapeuta; en este caso es el o la paciente quien paga el precio por caer en esas manos. Fue este último lo que me motivó a escribir respecto de las malas prácticas, muy común y del que poco se habla, pues es guardado en las sombras por los propios colegas y pacientes.


La presente serie de notas tiene dos intenciones: la primera, para quienes acuden con un terapeuta, sirva de alerta a cualquier indicio de una mala práctica, aunque en ocasiones para el paciente sea difícil percatarse de ello, pues entran en juego diversos mecanismos psíquicos, siendo la transferencia el de mayor peso; y la segunda, hacer un distingo entre aquello que practican sujetos con el título de psicoanalistas y lo que el fundador de dicho campo forjó con una vida de entrega a la investigación del alma.


Continuará el miércoles…


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


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