Cefalea, fiebre, cansancio y desgano, todos los síntomas se agolparon en ella en unas cuantas horas. En automático, su mente hizo una revisión a los últimos cinco días. ¿Cómo me contagié? ¿Quién habrá sido el paciente? No fueron las únicas preguntas que la asaltaron, mientras, sentada en la sala del ISSSTE, esperaba por atención médica, una que no recibió. “¿Sin atención médica garantizada, es justo exponer mi vida?”, se cuestionó.
Eva se desempeña como enfermera en una clínica rural del Valle de Etla, desde el inicio de la pandemia asumió con valor la responsabilidad de seguir brindando servicio a pesar del riesgo y del desamparo en el que lo haría pues lo único que les otorgaron fue una bata desechable y un cubrebocas sencillo. Con sus propios recursos compró gogles, careta, overol, guantes y cubrebocas.
“Aún con toda la contingencia, siempre quise seguir apoyando a los pacientes, otorgando el servicio, pero cuando llegué a solicitar al ISSSTE que me realizaran la prueba de COVID-19 por todos los síntomas que ya tenía, me hicieron esperar más de media hora y finalmente no me atendieron”, explica.
“Sentía que la cabeza me explotaba, era demasiado intenso el dolor muscular, el dolor era a nivel de los pulmones; era algo quemante, o como si fueran agujas en la espalda”, relata.
Las siguientes horas fueron fundamentales. “Me acordé de un amigo anestesiólogo y le mandé mensaje, me contestó inmediatamente y me dio tratamiento. Yo ya estaba aislada en la casa, lejos del contacto con mis niños. Los síntomas fueron más pronunciados; cada vez era más la fatiga, la falta de aire; me cansaba al hablar, me fatigaba muy rápido y mi saturación era variada. Necesitaba oxígeno para poder seguir”. Su institución de salud no le proporcionó el tanque de oxígeno pues presentaba dificultades para respirar, así que decidió rentarlo.
Hasta este momento, todos los gastos han corrido por su cuenta. De las instituciones públicas no recibió ni siquiera la consulta.
Ella aún se encuentra en recuperación apoyada por oxígeno. “Estoy agradecida con Dios por haber mostrado su misericordia para mi vida, gracias a Él por añadir años a mi vida”, expresa.
Finalmente, pidió a las personas que no creen en que existe COVID-19 y a quienes no se cuidan, que lo hagan “por el bien de todos los demás que aún tenemos ganas de seguir viviendo”.
