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El reto de contener la COVID-19 en terapia intensiva en hospitales de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Cada que la médica urgenciologa e intensivista Berenice Magdalena Gaytán Sánchez concluye su jornada nocturna de 12 horas en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca se enfrenta a una realidad que le da tristeza: los cuidados para mitigar contagios entre la población casi no existen.


Ni el color del semáforo epidémico, ni los nuevos contagios que se informan por día permiten tener una posible certeza del control de la pandemia, la realidad en la terapia intensiva sigue siendo casi la misma de hace seis meses: está llena de pacientes con complicaciones por la COVID-19.


Después de un lunes en el que sólo se notificaron 63 nuevos casos y cuatro defunciones en Oaxaca, ayer se informaron abruptamente 203 contagios nuevos, una cifra que no se tenía desde el viernes 16 de octubre cuando se contabilizaron 220 nuevos pacientes. A la par , ayer se sumaron 12 defunciones. 


Control de daños


Que el 90 por ciento de los pacientes que presentaron síntomas de COVID recuperados altera la percepción del riesgo de contagio, sobre todo entre la gente joven, pero la médica intensivista Leticia Osiris Castro Reyes está segura que lo que falta es un seguimiento de los casos, incluso de los pacientes que se contagian del virus SARS-CoV-2 sin presentar síntomas o aquellos que cursan un cuadro leve.


“Hemos tenido pacientes a quienes les da de manera leve y no necesitan oxígeno, pero con una radiografía o una tomografía de tórax se llega a ver la afectación del pulmón, lo que se llama infiltrados”, el problema es que no a todas las personas se les realizan este tipo de estudios que permitirían acercarse al impacto que tiene la pandemia.


Las doctoras Berenice y Leticia son dos de las tres intensivistas mujeres que forman parte de un equipo multidisciplinario que atiende el área COVID-19 del Hospital Regional de Alta Especialidad, ubicado en San Bartolo Coyotepec. 


Entrevistadas a propósito del Día del Intensivista que se conmemoró este martes, ambas reconocen que la pandemia permitió que la población identifique la labor de este tipo de especialistas que casi no se nombraban, cuando en ellas y ellos recae la responsabilidad de alejar a pacientes graves de la muerte.


El empuje


A la doctora Leticia la medicina le gustó por su deseo de ayudar de alguna manera a las personas, pero cuando hizo el internado en el Antiguo Hospital de Belén en Guadalajara, descubrió las dificultades para intubar y que el mejor experto en vías aéreas son las y los anestesiólogos.


Fue cuando se dijo “yo tengo que hacer anestesiología para ser la más experta”, pero cuando llegó a esa área descubrió los nervios que ocasiona un paciente crítico, entonces sintió que debía hacer más “porque me faltaba”. 


“Es muy difícil hacer la especialidad, primero fueron cinco años en la Facultad de Medicina, dos años de internado y servicio social, tres años en la especialidad de anestesiología, dos años en la subespecialidad de medicina crítica y un año de un postgrado de alta especialidad en neurología”, que no da tiempo para pensar en ser mamá.


Cuando la doctora Leticia está en el área de terapia intensiva se olvida de todo y se concentra en utilizar aparatos, medicamentos y sus conocimientos para emular el perfecto funcionamiento del cuerpo humano y ayudar a pacientes a recuperar esa capacidad de vivir sin estar conectad os  a un aparato médico.


No sólo afecta los pulmones


Para poder manejar a un paciente en estado crítico que puede requerir hemodiálisis, monitorear la función de su corazón y otros órganos es necesario que estén en un coma inducido, sobre todo si está intubado, porque la COVID-19 no sólo afecta la capacidad de respirar. 


“No es sólo una afectación pulmonar, sino compromete al hígado, riñones, el torrente sanguíneo y al cerebro, hemos tenido dos pacientes con hemorragia cerebral por COVID-19”, destaca la doctora Berenice.


Y ella advierte: “La normalidad no la representa un cubrebocas. Hay recaídas de los mismo pacientes que se 'sobreinfectan' con otras bacterias o virus y se tiene que distinguir si es una neumonía por COVID o de la comunidad”.


En agosto pasado, cuando el dispositivo que permitía a un colega estar conectado a un respirador se rompió y dejó de funcionar, ella sustituyó el tubo endotraqueal y se contagió de COVID-19.


El cuadro fue “tentativamente leve”, pero la separó de su pareja y de su hija por 14 días que se mantuvo aislada. 


Para ambas, conciliar la maternidad y las responsabilidades familiares con su trabajo como especialistas dentro de un área COVID implica otro grado de dificultad, pues deben utilizar de manera correcta el equipo de protección, lidiar con estrés, miedos, riesgos y enfrentar junto con su pareja la sobrecarga de responsabilidades con hija o hijo pequeño en casa.

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