Cuando los padres afrontan conflictos con los hijos, lo hacen con los mismos elementos con los cuales han venido educándolos, eventualmente enojo, frustración y un cúmulo de sentimientos, entre ellos el de culpa; prestarán su fuerza en contra de la solución.
El juicio a los padres
Vivimos una época en la que la manera de ser padres es sometida a escrutinio. De antaño, cualquier cuestionamiento al quehacer del ser padre o madre lo solucionaba la respuesta, porque así es y punto, lo que los hijos vivían como autoritarismo. Para muchos individuos, llega un momento que los acucia la interrogante al respecto de su actuar como madre o padre; algunos reforzarán la idea que hacen lo correcto, en otros se reforzará el sentimiento de culpa que habita en ellos.
Por otro lado, los seres humanos no nos percatamos que nuestros pensamientos dominan la llamada realidad. En ocasiones, el padre o madre no atina a explicarse por qué los hijos presentan determinadas conductas o caen en estados “patológicos”. Esto es entendible, pues lo realizan con la mirada del pensamiento de la razón, que son los ojos con los que el yo mira al mundo.
El yo, un término necesario
El yo es una parte de aquello que conforma la personalidad psíquica. Para explicarlo, tomaré situaciones cotidianas:
Con motivo del virus que nos amenaza, muchos jóvenes han encontrado en las tecnologías un escape al aburrimiento que implica permanecer en casa tanto tiempo. A ojos de algunos padres, esto representa algo negativo, pues le adjudican a dicha tecnología la responsabilidad que el hijo no desee participar en las actividades de la casa, a su rebeldía y cambios de humor. Para quien vive tal situación, no se percata la cantidad de pensamientos que entran en juego en el conflicto.
Otra circunstancia que ordinariamente acompaña a la anterior situación, es la hora en que el joven se despierta, que por lo general es tarde. Acá nos detendremos para abrir la siguiente interrogante: ¿Por qué la madre o padre le conceden tal licencia al hijo? Cuando en el consultorio el paciente se entrega al método psicoanalítico, aparecen los pensamientos que comandan dicha acción. Es en estos pensamientos donde se decantan las reglas a las que obedece la entidad psíquica antes mencionada, el Yo.
Muchos padres difícilmente ejecutan su autoridad, pues están cegados por los afectos que se despertaron y mantienen, por la forma en que a su vez sus padres ejecutaron la suya. Como lo mencioné en la nota anterior, esto se ha entendido como una suerte de aprendizaje o herencia; sin embargo, es la manera en que el Yo se engaña. ¿Pero, cuál es el sentido de este engaño?
Continuará el sábado…
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