Saborear el chocolate en bebida es una delicia para la mayoría de las personas, sea con leche o preparado simplemente con agua, es algo que encanta. Tradicionalmente se disfruta como desayuno en varias localidades de los Valles Centrales del estado de Oaxaca; también en otras regiones durante las fiestas y cuando el clima es frío.
Su degustación se acompaña por lo general con pan, pues hacen un dúo armonioso y placentero para el paladar. Los panes con los que cotidianamente se disfruta son: hojaldres o caprichos, en ocasiones especiales o festividades es un regocijo sorberlo con pan marquesote, de cazuela y el de mantequilla.
En mi tierra, Tlacolula de Matamoros, muchas personas de costumbres arraigadas realizan sus tablillas de chocolate en casa para consumo propio. ¡Me considero afortunada de que mi madre sea una de ellas y elabore el rico chocolate!
El procedimiento para hacerlo consiste, primero, en tostar el cacao en comal de barro; hay variedades de éste y por ello es importante conocer sobre todo, el de mejor sabor. Después se reúnen los demás ingredientes que son: canela, almendras, azúcar al gusto y si se desea, puede agregarse algún sabor extra como nuez o vainilla en proporción a los kilogramos que se están preparando, para posteriormente llevar todo el recaudo y mezclarlo en la molienda.
Antes de servirlo, hay que conocer el punto en que debe estar en el fuego; posteriormente se bate con el molinillo para que al verterlo en las tazas salga espumoso y con iridiscencias; ¡para quien lo tome, será un deleite!
Por ello, esta bebida prodigiosa también es llamada Oro dulce.
El cacao tiene historia; desde cómo fue su descubrimiento para fusionarlo con diversos condimentos, la forma de procesarlo para hacer el chocolate y la importancia que adquirió en algunas épocas hasta llegar a ser moneda de cambio. En fin, así como otras bebidas y comidas ancestrales, resulta un misterio saber cómo se fueron aproximando hasta obtener su adorable sabor.
