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Dos mujeres, varias existencias

Foto(s): Cortesía
Redacción

Desde hace tres semanas no escribo; fue en la sección de Consultorio del Alma donde lo realicé por última vez. En esa ocasión, con motivo de presentarles Rostros, Ofrenda a la mujer creadora, hablé de la fortuna de tener tres hermosas mujeres como hermanas. Ellas siempre me externan lo orgullosas que se encuentran de mi persona; por mi lado, considero que parte de lo que hoy soy, se debe en gran medida a su existencia.


Con motivo del cumpleaños de la mamá de mi novia, la tarde del sábado estuve en su hogar; de regreso, decidí pasar la noche en casa de mis padres. El domingo, al despertar, escuché unos suaves pasos; era mi madre, le pregunté qué hacía despierta tan temprano, pues eran las seis de la mañana. Me recordó que siempre ha sido así en su vida. Aprovechó y me contó una historia.


De pequeña, antes de partir a la escuela, le tocaba ir al molino y algunos quehaceres de la casa. Su hermana, que le seguía en edad, era la encargada de hacer las tortillas; por tales motivos tenían que levantarse a las cinco de la mañana y apresurarse si deseaban llegar a tiempo, pues la escuela les quedaba a un poco más de media hora de camino.


Muchos años atrás me contó otra parte de su vida. Dejó de ir a la escuela para comenzar a trabajar y aportar a la economía de la casa. Un buen día la recibió una señora para que la ayudara en las labores de su casa; al poco tiempo le propuso enviarla a la escuela como parte del convenio de trabajo, y así sucedió. Mi madre fue muy feliz, pero eso duró muy poco, pues mi abuela al enterarse, la fue a traer argumentándole que eso del estudio era una perdedera de tiempo, que mejor se buscara otro trabajo donde le pagaran más. Su patrona intentó convencer a mi abuela para que le diera oportunidad a su hija de quedarse, pero fue en vano.


Pasó el tiempo, conoció a mi padre, se casó, tuvieron tres hijas y un hijo, puedo decir que hoy existo porque se cometió una o varias injusticias con mi madre y con la madre de ella. Pues a pesar de que mi abuela fue hija única y muy querida, su vida dio un vuelco cuando un día fue dada en matrimonio a mi abuelo, un hombre que no conocía.


Desde hace mucho, considero que es el arte pieza clave para llevar a las personas a que tomen consciencia de los paradigmas que afrontamos; no se pierdan hoy, lunes, Rostros, telar de unipersonales.


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