TLACOLULA DE MATAMOROS, OAXACA.-Joel Ramírez Carranza asegura que volvió a nacer y atribuye su "segunda vida" a un regalo de su madre, el más valioso que ha recibido en sus 42 años de existencia, y un milagro de Dios.
"Mi hijo no me habría conocido, tampoco habría podido jugar hoy con él, ni tendría el amor de mi esposa, si no fuera porque mi madre me donó uno de sus riñones", expone convencido
La de Ernestina Carranza Leyva y su hijo Joel Ramírez Carranza es una historia de verdadero amor a la vida y, en opinión de la donadora, es necesaria la difusión de tan bondadosas acciones para generar conciencia de que todos debemos ser donadores por amor a nuestros hermanos y semejantes.
Para la licenciada en Lenguas Extranjeras por la Escuela de Idiomas de la UABJO, si una persona está sana y no se decide a convertirse en donador de órganos, tejidos y células, seguramente se debe a cualquiera de las siguientes motivos: desconocimiento, miedo infundado, o egoísmo.
Donar un órgano en vida es un acto sublime, amoroso y humanitario. Es contribuir, sin perseguir un bien material o económico, a la prolongación de la vida de un semejante. “Es generar salud y felicidad a una familia y evitar que el dolor la destruya”, sostiene.
Cruzada a favor de donación
Ante la parca cultura imperante en Oaxaca para la donación de órganos, propone la creación de una asociación civil que promueva y genere conciencia en la población para que participe vigorosamente en este tipo de actos altruistas. “Donar órganos es dar alegría y vida”, dice.
La historia de amor y altruismo de la jubilada del Instituto Tecnológico de Oaxaca, luego de 28 años de servicio ininterrumpido, se empezó a escribir en febrero de 2007.
“Recuerdo que me habían dado de baja por jubilación y fue el 19 de febrero cuando recibí la fatal noticia. Muy triste, como era obvio, mi hijo me confió que lo iban a dializar.
“La información me dejó pálida, no lo creía, porque mi hijo no era diabético. Ya lo confirmaron los médicos e incluso una médica del hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social, le pronosticaban tres meses de vida, me dijo”. La confesión fue más que devastadora.
Y abundó en la tragedia “estaba consciente de que sólo un trasplante de riñón podría resolver el problema de salud de mi hijo, y sin pensarlo mucho le dije: hijo, te voy a donar un riñón, porque quiero que vivas".
Tras tomar la decisión, Ernestina Carranza hizo un respiro “mi hijo se mostraba fuerte, pero como madre que soy, podía leer en sus ojos una preocupación Los problemas secundarios que podrían derivarse en mi salud si donaba un riñón, pero luego aceptó el regalo de vida”.
Joel Ramírez Carranza admite que fue una experiencia muy difícil cuando confirmaron el problema renal. Los médicos revalidaron el mal, luego de un repentino disparo de la presión arterial que puso al paciente en la ruta de urgencia médica. De acuerdo al diagnóstico, era inevitable la diálisis.
“Me atormentaba el pronóstico de que sólo me quedaban tres meses de vida. En ese tiempo mi hijo Iván Ramírez Martínez, hoy de nueve años, tenía solamente dos meses de edad. Iba a quedar huérfano de padre sin haberme conocido. Era evidente la preocupación de mi esposa, Silvia Nadine Martínez”, relata.
Ernestina Carranza Leyva recuerda que fue un periodo adverso para la familia. “Ya estaba jubilada, no tenía dinero, y pronto se agotaron mis ahorros. En ese tiempo, hace nueve años, un trasplante de riñón tenía un costo de un millón y medio de pesos en una institución privada”. Demasiado dinero para practicarlo en un hospital particular.
DIOS SIEMPRE ESTUVO CONMIGO
“Por fortuna, Dios siempre estuvo conmigo. No me vivo en los templos, pero siempre lo invoco con todo mi corazón para que me ilumine.
Así, Dios me puso en el camino a los médicos que luego de los estudios de protocolo que confirmaron que mi riñón era compatible y viable de ser trasplantado en mi hijo, la mañana del 30 de agosto de 2007 emprendieron el procedimiento quirúrgico”. Se trataba del segundo trasplante en la historia del Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca, institución ubicada en jurisdicción de San Bartolo Coyotepec, municipio conurbado a la capital oaxaqueña.
“Desde que entré a esa institución respire confianza, respeto y seguridad”, relata.
“Recuerdo que ya estaba en el quirófano a punto de ser anestesiada y uno de los médicos, de excelente humor, me preguntó sobre qu´pe tipo de música me gusta para ponerla. Así, entre bromas y en espera de la música que me ofrecieron, de pronto me quede dormida. Recuerdo que cuando recobré la conciencia, le pregunte al médico que me dijera a qué hora me operarían. Sonriente me contestó: ‘La cirugía ya terminó, madre, ya te operamos”.
Regalo divino
Luego me confirmarían la feliz noticia de que el trasplante realizado y coordinado en mi hijo por el trasplantólogo Ángel Ojeda Alacalá, había sido todo un éxito. El procedimiento se prolongó por doce horas. Por ello, para nosotros, Ojeda Alcalá, además de cirujano de trasplante renal, es un "Ángel" que nos envió Dios. A su vez, la comunidad médica de esa institución médica, nos declaró desde entonces "Hijos del Hospital".
Joel Ramírez Carranza trabajaba como operador de campo en el programa de Unidades Móviles del gobierno estatal cuando le diagnosticaron y confirmaron su problema renal. El entonces director del programa, Jorge González Ilescas, le dio la oportunidad de reintegrarse a la dependencia como empleado administrativo por su condición de encontrarse recién trasplantado.
Recuerda que al poco tiempo el funcionario fue relevado por Francisco García López, quien para colocar a su gente de confianza, a través de una de sus incondicionales, inició una campaña de hostigamiento contra varios empleados, “y me tocó ser uno de los trabajadores que resultaron despedidos”.
Tras quedar desempleado, para conseguir un empleo y sacar adelante a su familia, “toqué muchas puertas, y pude confirmar que ser trasplantado es una desventaja. ‘Si es usted trasplantado, entonces no’, contestaban los empleadores”. Joel y su madre son comerciantes. Tienen su propio negocio en esta ciudad.
PACIENTES EN ESPERA
De acuerdo al Centro Nacional de Trasplantes, en el país existían hasta el pasado16 de abril, un total 20 mil 94 personas que requieren recibir un trasplante. El primer lugar lo ocupan 12 mil 138 personas en espera de trasplante de riñón.
En la entidad existen entre 500 y 700 pacientes en espera de riñón.
