En la vida apegada a la nueva normalidad, ya en los meses posteriores al punto álgido de la contingencia sanitaria por la COVID-19, comienza a salir a flote todo aquello que la enfermedad y su estela de destrucción sepultaron. Hay de todo.
Desde los comerciantes que se negaron a quedarse sin empleo y, pese a todo, continuaron trabajando; las personas que perdieron a un familiar a causa del virus o aquellas cuyo negocio quebró, también alzaron la voz.
Sin embargo, pocas veces hubo espacio o tiempo para escuchar o leer el testimonio de aquellos que, desde la primera línea, hicieron frente a esta pandemia que, sin lugar a dudas, pasará a la historia como la más caótica del nuevo siglo.
Ya sea por las prisas o porque trabajaron sin descanso, pero al interior de la Cruz Roja en Oaxaca hay algo que decir, algo que contar para que la gente comience a ver la dura realidad que se vive en la entidad.
“Sí hay un sentimiento de miedo, te lo voy a decir, todos tenemos miedo. Cada vez que salimos a un servicio tenemos miedo, cada vez que hay un contagiado en nuestras filas tenemos miedo, cada vez que atendemos un paciente COVID tenemos miedo”, contó Moisés Santiago, coordinador local de socorros de la Cruz Roja en Oaxaca.
Y no es precisamente que la enfermedad sea lo que inspira ese sentimiento, sino más bien la situación, el entorno y el contexto en los que se vive; es a la hora de prestar un servicio cuando el personal de auxilio se ve superado y, quizá hasta intimidado, por la realidad.
“Al ver lo que le pasa a otros pacientes incrementa más el miedo porque vemos cómo le falta el aire a un paciente COVID, cómo no pueden respirar, cómo se ahogan entre sus flemas y su tos y obviamente cuando empieza alguien a tener síntomas o cuando atendemos a esos pacientes, pues se nos viene a la cabeza eso y el miedo es lo primero”, aseguró ‘Moy’.
Quizá, no lo sabemos, haya sido ese miedo el que provocó que al interior de la Cruz Roja, la institución de rescate y salvamento más prestigiosa a nivel mundial, se registrara, por lo menos en el estado, un éxodo de personal que diezmó su capacidad de atención, reacción y respuesta.
“Desde que empezó la pandemia, recordemos que en la Cruz Roja, más del 70 por ciento de su personal es voluntario, eso implica que muchos voluntarios pidieron permiso o desertaron de las filas de la institución. El número de personas que se dieron de baja o pidieron permiso fue considerable en todas las delegaciones y es una situación que pasó en todo el país. En la capital del estado, de 95 paramédicos que teníamos antes de que empezara la pandemia, en el mes de febrero, marzo, hoy tenemos nada más 42, entonces es un número considerable de gente que se ha hecho a un lado, que ha preferido mejor mantener su distancia”, reveló Santiago.
Las razones para tomar esta decisión, explicó, aunque variadas, todas son comprensibles. “Es una realidad que no es para culpar a los muchachos porque pues obviamente cada quien busca cuidarse, cada quien busca cuidar a su familia. Muchos de los muchachos que tenemos aún son hijos de familia que viven con papá, con mamá, con abuelitos y que ellos de una manera responsable prefirieron mejor alejarse de la Cruz Roja para poder mantener el menor riesgo para su familia y de esa manera evitar contagios o llevar contagios a sus casas”, dijo.
Dificultades y falta de empatía
La contingencia sanitaria alcanzó a Oaxaca durante el pasado mes de marzo, mientras que en febrero no se preveía la magnitud del problema. Debido a eso, el tiempo que tuvieron los cuerpos de emergencia y rescate, e incluso el personal del sector salud para prepararse para enfrentar esta situación, fue muy corto.
“Hay que reconocer que, lamentablemente, al ser el primer frente de batalla en lo que es esta pandemia desde el mes de abril, marzo que inició, se ha complicado mucho el trabajo debido a los riesgos, principalmente. Esto implicó que el personal se haya capacitado en el mes de febrero, marzo, que haya tenido un proceso intensivo de capacitación que el día de hoy nos ha dado resultados bastante loables porque afortunadamente a nivel nacional somos el tercer estado con menos contagios dentro del personal, nada más tenemos casos de 5 paramédicos contagiados por el servicio cotidiano”, detalló el coordinador de socorros.
Todo este trabajo, titánico para algunos, es poco para otros; por eso, el llamado a la ciudadanía a ser empáticos con la institución.
“De entrada hay que reconocer que las ambulancias de la Cruz Roja como de cualquier institución, somos una institución de asistencia prehospitalaria y lamentablemente al ser de urgencias no tenemos el tiempo como en un hospital para equiparnos, para protegernos, esa es la parte que debe entender la gente, la seguridad de los paramédicos. Al final, al rato si el paramédico se contagia quién va a salir a otro accidente. En segunda, pues entender la ciudadanía de que mover un paciente COVID no es nada más como cualquier atropellado, implica otro tipo de atención”, precisó.
