En tiempos de contingencia epidemiológica por el COVID-19, padecer diabetes, hipertensión o alguna otra enfermedad crónico-degenerativa como la obesidad, eleva el riesgo de complicaciones.
La noche de ayer en la conferencia diaria en el Palacio Nacional, el director general de Epidemiología, José Luis Alomía, informó que además de la muerte de un hombre de 41 años con antecedente de diabetes que ingresó al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), se investigaba una segunda muerte sospechosa por COVID-19.
Ese caso aún en estudio, corresponde a un hombre de 72 años con antecedente de viaje a Estados Unidos y con 15 años de padecer hipertensión.
Con las defensas bajas
La directora de la Unidad de Especialidades Médica en Enfermedades Crónicas, aledaña al Centro de Salud de la colonia Volcanes de esta ciudad, Teresa Luna López, reconoció que personas con diabetes o hipertensión tienen un sistema inmunológico bajo que los predispone a procesos infecciosos que pueden ser la antesala a la muerte.
Si no cuidan su alimentación y no acuden a tratamiento médico, una neumonía o una infección en las vías urinarias pueden llevarlos a hospitalizarse y enfrentar incluso comas diabéticos de los que no siempre pueden salir porque la mayoría de pacientes enfrenta comorbilidades, es decir más de una enfermedad.
Eso ocurrió con las ocho personas que en la temporada estacional de influenza han fallecido, además de que carecían de la vacuna, tenían alguna enfermedad crónico-degenerativa como la diabetes o problemas renales y de hipertensión, lo que les hace susceptible a procesos infecciosos como el nuevo coronavirus.
Hasta anoche se había confirmado en 164 personas, dos de ellas en Oaxaca, incluido un hombre de 62 años con hipertensión y diabetes, además de antecedente de viaje a Nueva York, Estados Unidos.
En uno de cada diez
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) que en el 2018 elaboró el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indica que el 17.1 por ciento de las personas mayores de 20 años saben que viven con hipertensión y entre la población de 12 a 19 años el 13.8 por ciento tiene problemas de sobrepeso.
Esa encuesta establece además que el 10.5 por ciento de la población mayor de 20 años tiene un diagnóstico médico de diabetes, generalmente asociado a problemas de sobrepeso u obesidad.
El sobrepeso que a sus 50 años hizo que Amelia pesara hasta 90 kilos, 47 más que los que pesa a sus 90 años, la hizo que a los 60 años recibiera el diagnóstico de hipertensión.
Su hija Gloria, quien ayer se encargó de llevarla a su consulta que cada dos meses tiene con el gerontólogo de la Clínica Familiar del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado en la ciudad de Oaxaca, sabe bien que la edad y la hipertensión la hace ser más propensa a contagiarse de COVID-19.
Mayores cuidados
“No es tanto el temor, porque sabemos que en todo momento debemos extremar las medidas preventivas con ella”, dice con la tranquilidad de haberla ayudado durante 30 años a controlar una enfermedad crónica.
A la mitad de edad que a Amalia le diagnosticaron hipertensión, a Tomás a los 25 años le detectaron diabetes. La raíz del problema fue el mismo, obesidad por los 98 kilos que tenía un hombre con una estatura de 1.65 metros.
Como la mayor parte de su vida tuvo sobrepeso, nunca se percató que era diabético, enfermedad que le ocasionó deficiencia visual y que entrara a un estadio dos de una enfermedad renal crónica.
Para la especialista Luna López, salvó problemas con el páncreas, es la mala alimentación la causa principal que lleva a una de cada 10 personas a incorporar a la diabetes en su vida, una enfermedad que junto con la hipertensión hace que el riesgo de contraer COVID-19, pero sobre todo a enfrentar complicaciones, aumenten en plena contingencia epidemiológica.
