El jueves pasado que Irma llegó al área de urgencias del Hospital Regional Presidente Juárez del ISSSTE, el médico que la atendió le recetó dos medicamentos para el dengue, pero no indicó algún estudio que corroborara o descartara su diagnóstico.
El domingo Irma volvió al área de urgencias del mismo hospital con insuficiencia respiratoria, pero debió esperar tres horas porque no había personal que le atendiera a ella ni a otras dos personas que buscaban atención.
“No te preocupes, lo que tenga que pasar, va a pasar”, le dijo Irma a su hija Amalia cuando ella le expresaba su angustia de estar de nuevo en un hospital y arriesgarla a “pescar un virus” que ya causaba estragos en su cuerpo, sin que el personal del ISSSTE hubiera sido capaz de identificarlo a tiempo.
Cuando por fin valoraron a Irma para autorizar su ingresó al área COVID-19, el procedimiento sólo fue para declararla muerta y realizarle la prueba post mortem.
Errar en el diagnóstico
Amalia recuerda que el lunes de la semana pasada su mamá empezó con fiebre, por lo que acudieron con su médica “de siempre”, quien primero le debió estabilizar los niveles de azúcar por ser una paciente diabética.
Como la fiebre no se controlaba y el jueves por la noche llegó a tener hasta 39.5 grados de temperatura, la llevaron al Hospital del ISSSTE, un lugar que trataron evitar, pero en ninguna clínica la quisieron atender.
La falta de pacientes esperando valoración permitió que Irma pasara tan pronto llegó, a la 1:00 de la mañana del viernes.
El médico que revisó a Irma le aseguró que era dengue, una enfermedad viral cuyos síntomas muchas veces se confunden con los de la COVID-19. Le recetó un par de medicamentos que su familia compró para no volver a la mañana siguiente, cuando abrieran la farmacia del hospital.
El diagnóstico de dengue le dio la familia de Irma una calma aparente, pero no exigieron una prueba para confirmar las palabras del médico que le indicó que sólo en caso de problemas para respirar, volviera al área de urgencias.
Aún con fiebre transcurrieron tres días, “seguimos tranquilas porque a mí ya me dio dengue y la calentura va y viene, muchas veces no se quita con nada”. El problema fue el domingo a mediodía cuando a Irma se le dificultó respirar.
Volver al área de urgencias del Hospital Regional Presidente Juárez no fue garantía de atención. No había especialista para valorar a Irma.
“Se supone que intentaron reanimarla, pero su corazón ya no resistió, cuando mi mamá por fin entró al hospital ya estaba desvanecida”, recuerda Amalia, quien ha renunciado a interponer una queja por el desgaste que implicaría el proceso, “más en esta contingencia”.
Como tratando de encontrar un consuelo a la muerte tan sorpresiva de su madre, Amalia se repite que fue mejor que no la hayan atendido con tiempo, hacerlo hubiera significado intubarla y prolongar su agonía.
El cuerpo de Irma fue entregado a sus familiares la medianoche del domingo. Dos días después les informaron que la prueba dio positivo a SARS-CoV-2 y el deceso ensanchó el martes la cifra de muertes por COVID-19.
