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COVID-19 marca celebración de Navidad; personal médico trabaja al límite

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

La Navidad, que para la mayoría de personas significa festejo o vacaciones, para la enfermera intensivista Sara Vásquez García la fecha está marcada por la pandemia, es sinónimo de riesgo, cuidados rigurosos de pacientes en estado crítico  y jornadas extenuantes bajo la presión de saber que el servicio de COVID-19 en el Hospital Regional Presidente Juárez está saturado.


Desde marzo ella comenzó a atender pacientes con complicaciones de COVID-19 y participó en la elaboración del protocolo de atención que incluye cuidados integrales a personas con pulmones y otros órganos dañados por el virus SARS-CoV-2 , lo que les obliga a inducir un estado de coma con sedantes, vigilar sus signos vitales con aparatos médicos, asearlos y si es necesarios dializarlos.



Desde la semana pasada, el flujo de pacientes ha estado por arriba del 100 por ciento y ayer llegó al 120 por ciento con 27 personas hospitalizadas, lo que para el director del nosocomio, Jesús Gonzalo López Cruz, es un anuncio de cómo arrancará el 2021. 


“La gente no ha querido tomar su papel de resguardarse y no convivir con otras personas. Por lo que estamos viendo en estos días sabemos que en enero se va a presentar una situación crítica con las fiestas decembrinas”, expresa con preocupación.


Requieren más personal


Preparar la jornada de este jueves implicó asegurarse de que no haya ausentismo, porque cada persona es necesaria para mantener con vida a pacientes cuyos pulmones casi no cumplen su función, pero cada turno no rebasa los 40 trabajadores.



La insuficiencia del personal hizo que en estos días las oficinas centrales del ISSSTE autorizaran la contratación de entre 30 y 40 personas de enfermería y 12 médicos.


“Se va a empezar a reclutar para que ingresen el 1 de enero porque no nos damos abasto” y en promedio al día se dan de alta dos o tres pacientes por mejoría o fallece uno, pero la solicitud de nuevos ingresos no para.


Reducir riesgos


El personal prefiere comprar sus propias caretas o googles. Las batas quirúrgicas que son parte del equipo de protección personal se ajustan con tiras de cinta médica, sólo hay una talla estándar.


La enfermera Verónica Canseco, encargada del cotejo de la vestimenta y equipo del personal del área COVID-19, califica los nueve meses de atención a la pandemia como jornadas extenuantes.


Es ella quien verifica que en el ingreso y la salida al área COVID-19 no exista riesgo de contagio de SARS-CoV-2, pero también de ayudarles a vestirse con equipo de protección y a escribir sobre una etiqueta adherible el nombre que les permite reconocerles entre tantos gorros y botas rojas o batas azules.  



Adentro no hay tiempo para distraerse, la comunicación se limita a instrucciones para coordinarse, la voz se ahoga dentro del cubrebocas y la careta recubierta con jabón líquido para evitar que se empañe.


De una pequeña bocina portátil, las notas musicales y la voz de Natalia Lafourcade hacen más llevadera una jornada que implica bañar a pacientes en su cama, aspirar el tubo que los conecta a un ventilador, suministrarles medicamentos y verificar que el equipo que monitorea sus signos vitales esté en orden.


La interminable pandemia


“Sí, quisiéramos estar con nuestra familia, pero tratamos de entender que estamos en una pandemia, son fechas muy bonitas, pero hay que cuidarse”, expresa la enfermera  Mayra Hernández Ceballos, quien es parte del personal eventual que desde abril pasado no ha salido del frenesí que implica atender a pacientes en estado crítico.


Esas jornadas diarias para Elsy del Carmen Quiroz Alcántara, licenciada en enfermería, se vuelven más agotadoras porque sigue viendo que los pacientes ingresan “y ya no se pueden despedir de sus familiares”.


Para el enfermero Néstor Jiménez Pérez es muy pesado ser parte de tan poco personal dentro del área y pasar cuatro o seis horas con el equipo de protección personal, “pero estamos sacando el trabajo lo mejor que se pueda”.


El equipo de protección que usa a diario los protege del SARS-CoV-2, pero a la enfermera Belém Pérez no la blinda de las emociones que siente cada que un paciente fallece.


“Ver cómo llega una mamá, una esposa o las hijas a despedirse de sus familiares” porque fallecieron dentro del área COVID-19 son las imágenes que le marcan la memoria cuando se refiere a su labor como personal eventual.


Con más años de experiencia, la enfermera Sara ha aprendido a controlar sus emociones y a trabajar cuando el resto de personas piensa en descansar o festejar.


Son precisamente los deseos de celebrar la Navidad lo que a ella, al personal de enfermería y médico les preocupa, pues se preparan para un cierre de año con un hospital al que siguen llegando pacientes complicados, aunque ya no exista una cama disponible ni ventiladores mecánicos para intubarlos porque sus pulmones no pueden trabajar más.


Panorama



  • 40.9 %, la ocupación en hospitales con área COVID-19 en Oaxaca

  • 120 % de ocupación registró el Hospital Regional Presidente Juárez del ISSSTE en el cierre de su jornada

  • 27 pacientes hospitalizados

  • 120 enfermeras y médicos asignados a área COVID del Hospital del ISSSTE


 


“La gente no ha querido tomar su papel de resguardarse y no convivir con otras personas. Por lo que estamos viendo en estos días, sabemos que en enero se va a presentar una situación crítica".


Jesús Gonzalo López Cruz, director del hospital.



 


“Sí, quisiéramos estar con nuestra familia, pero tratamos de entender que estamos en una pandemia, son fechas muy bonitas, pero hay que cuidarse”.


  Mayra Hernández Ceballos, enfemera.



 


“Estamos sacando el trabajo lo mejor que se pueda”.


 Néstor Jiménez Pérez, enfermero.



 

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