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Coronavirus, el encuentro continúo con la muerte de pacientes y médicos de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Desde hace 18 años que se formó como médico internista y neumólogo, Filiberto Cruz Vicente se preparó para el encuentro con la muerte, pero la pandemia hizo que la vea de manera más frecuente en sus pacientes y vivir una especie de “pequeños duelos”, pero también ansiedad y frustración” porque para la COVID-19 todavía no hay cura.


“El médico ya está acostumbrado a ver la muerte, pero en una contingencia la está viendo a diario y con las historias que se tejen en todo el mundo, se crea una especie de ansiedad y frustración”, expresa el especialista adscrito al Hospital General Doctor Aurelio Valdivieso.


Paliar la agonía


Pensar la muerte antes de la pandemia le hace recordar la agonía de un paciente con cáncer de testículo que se negaba a que lo intubaran para conectarlo a un ventilador mecánico porque sus pulmones ya no funcionaban.


Cuando sintió que su vida se extinguía, el paciente pidió que le intubaran y ya no pudo hablar, pero el médico Filiberto entendió el agradecimiento que cambió el expresión de su rostro y vio el alivio en sus ojos.


Fue como una parte paliativa, porque el paciente ya no podía respirar, el cáncer “se había regado por todo su cuerpo”, incluso en los pulmones y en esa última hora de vida quien lo miró a los ojos fue el doctor Filiberto.


Con los riesgos de contagio de SARS-CoV-2 el personal médico y de enfermería que atestigua la muerte de un paciente no puede mirarle directamente a los ojos, siempre hay unos googles y careta de por medio.


“Ha de ser de las muertes más feas”, intuye el especialista que equipara los efectos de la COVID-19 a ahogarse dentro de una alberca, pero para quienes llevan días hospitalizados “puede que ya no sientan porque la oxigenación en su cuerpo es tan baja” o están sedados para soportar que a través de un tubo introducido en su tráquea entre oxígeno a su cuerpo para poder seguir respirando.


Secuelas


Esos episodios de ansiedad y depresión se acentúan en el personal médico cuando el paciente llega muy grave y las posibilidades de morir son mayores.


A diferencia de pandemias anteriores, de la COVID-19 “hay mucha información”, pero falta conciencia y el neumólogo Filiberto advierte que la población todavía está por experimentar una crisis de salud mental, de la cual no está exento el personal de salud.


“Va a abarcar muchas cosas, entre depresión, ansiedad, angustia y muchas cosas más", como las secuelas en el sistema respiratorio que deja la COVID-19 en aquellas personas que superan una complicación.

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