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Contagiarse de VIH / SIDA en Oaxaca sigue representando un estigma social

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Cuando se detectó a las primeras personas con VIH en Oaxaca, Mario tenía tres años de edad; 36 años después, en octubre de este 2020, Mario ingresó a las estadísticas que acumulan 10 mil 524 casos vividos principalmente en silencio, para evitar el escarnio social.


Sin evitar elegir la confidencialidad, porque todavía se juzga y señala a quien vive con VIH o SIDA, Mario habla despojado de culpas y de miedos, tiene una seguridad y confianza a la que han contribuido activistas que en cuatro décadas han luchado contra la discriminación, sobre todo hacia las personas homosexuales.


“Depende de la ignorancia de la gente, este virus es como cualquier otro y no se transmite por el saludo, un beso o la saliva, hay muchas personas que te rechazan o mal miran, pero sí yo que ya sé que tengo VIH no me acepto, nadie me va a aceptar”, cuenta relajadamente.



 


Superar temores


Para Mario la jornada laboral en el taller de costura se interrumpió, debió pedir permiso para pasar toda la mañana en el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención del Sida e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS), que en San Bartolo Coyotepec opera el Consejo Estatal para la Prevención y Control del SIDA (Coesida).


Le necesitaban hacer más estudios antes de proporcionar el medicamento para que inicie un tratamiento que ahora se limita a una pastilla diaria, en vez del cóctel de antirretrovirales que se tomaban años atrás. 


Rubén Núñez Pérez, psicólogo y capacitador desde hace cuatro años en el Coesida, tiene claros los avances en los tratamientos para que ahora en vez de verse como una enfermedad mortal, el VIH/SIDA se aborde como una enfermedad crónica que se puede controlar.


El temor a la reacción en el círculo de familiar, de amistades y laboral sigue siendo el punto en contra para las personas que viven con VIH o SIDA que evitan decir abiertamente su situación de salud porque conlleva a problemas de discriminación.


“El temor es muy personal respecto al tema, pero cuando se sienten preparados, después de llevar un tratamiento psicológico y si la familia y amistades reaccionan bien, ese miedo o angustia disminuye y ayuda a los pacientes a llevar su tratamiento con tranquilidad”, afirma.



 


Seguir el tratamiento


En contraste, para las personas que no aceptan el diagnóstico, no tienen la información suficiente o les ganan sus miedos “tienden a abandonar el tratamiento y los pone en riesgo a que se desarrolle la fase de Sida”, que si bien no aparece inmediatamente ni los mata, facilita que otras enfermedades se desarrollen de manera más agresiva.


“La persona que tiene apoyo familiar tiene más probabilidades de éxito en el tratamiento antirretroviral”, aunque la pandemia de COVID-19 ha ayudado a que muchos pacientes se acerquen al Coesida para retomar su tratamiento, “porque les dio miedo contagiarse de SARS-CoV-2”.


Tan sólo en este año 71 personas con VIH o Sida han fallecido de un total de 3 mil 749 defunciones desde 1986.


La claridad


Hay calma en la colonia de la periferia de la ciudad, en donde vive Mario, sólo la rompe el señor que estruendosamente anuncia la venta de elotes. Son casas construidas en cerros. En las calles llenas de topes no se puede conducir a alta velocidad.


Mario tiene el ímpetu del desahogo, como si al externar lo que ha implicado su diagnóstico lo sacara de su cuerpo para no somatizar, pues desde hace ocho meses vive en solitario, en un cuarto con baño que renta en una segunda planta a la que llega por una escalera de caracol.


Ha vuelto de la casa de su familia y tiene el orgullo de decir que hoy le dijo la verdad a su mamá y fue capaz de tranquilizarla para ayudarla a desvanecer el miedo a que él pronto morirá.


Lo único que ella le pidió es que no le cuente nada a su padre, quien por su estado de salud quizá no pueda digerir de manera óptima la noticia.


En una familia de seis hermanos, Mario es casi el de enmedio y desde los 14 años saben que él es homosexual, pues los intentos por llevarlo a terapia dos veces por semana con un sexólogo no lograron.


“No tuve síntomas, sólo unas manchas rojas que me salieron en las piernas desde hace ocho meses” y al ver que no desaparecían, Mario buscó en internet y encontró la posible causa que el 26 de octubre confirmó en Coesida: ser positivo a VIH.


Más que a tener VIH le daba miedo contagiarse de SAR-CoV-2, pues el SIDA “es una enfermedad como cualquier otra, claro está que te cuides y no contagies”, aunque él no puede entender aún con exactitud cómo se contagió, sólo tiene claro que no fue durante esta pandemia.


La filosofía que aplica desde que conoció el diagnóstico es simple y le da tranquilidad: “Si tú lo asimilas esto lo tomas diferente, tú vas a hacer la enfermedad buena o mala” y Mario ha decidido que sea algo que no le reste años a su vida.



 


Diferencias entre VIH y SIDA


El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) infecta a las células del sistema inmunitario, alterando o anulando su función. La infección produce un deterioro progresivo del sistema inmunitario, con la consiguiente "inmunodeficiencia". 


El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) es un término que se aplica a los estadios más avanzados de la infección por VIH y se define por la presencia de alguna de las más de 20 infecciones oportunistas o de cánceres relacionados con el VIH.


 


¿Cómo se transmite el VIH?



  • Por las relaciones sexuales vaginales, anales u orales con una persona infectada.

  • Por la transfusión de sangre contaminada o el uso compartido de agujas, jeringuillas u otros instrumentos punzantes.

  • De la madre al hijo o la hija durante el embarazo, el parto y la lactancia.


Fuente: OMS.


 


Cifras en Oaxaca



  • 10, 524 casos diagnosticados desde 1986

  • 7 ,187 de Sida

  • 3,337 de VIH

  • 49.2% de los casos se concentra en el grupo heterosexual (personas con pareja de sexo distinto al suyo).

  •  78.9% de los casos son de hombres.

  • 77,5% de casos son de personas de 15 a 44 años.

  •  35% de casos de VIH y SIDA se concentran en Valles Centrales.

  • 3,749 defunciones documentadas en 34 años.

  • 71 han ocurrido durante la pandemia.

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