En estos días en que en nuestra ciudad se aplican las vacunas para combatir la pandemia, hay un sin número de situaciones que son caldo de cultivo para generar variopintas opiniones en las cuales “todos tenemos la razón”, sólo que no se trata de un punto de vista aislado; los que necesitan las vacunas, aducen toda una serie de aspectos que dijera el clásico dicho popular, “cada quien habla de la feria según le vaya en ella”, y no se niega en absoluto que hay lugares más organizados que otros.
No hemos de descartar que este evento también tiene sus matices políticos. Los medios masivos de todo tipo, dependiendo con qué color se identifiquen, se convierten en observadores y señalizadores de lo bien o mal que están transcurriendo las cosas y es natural, se dice está en puerta un proceso de elección de grandes dimensiones, tal vez la más grande de la historia de nuestro país.
Se entiende que, como seres humanos, no podemos dejar pasar de lado y ser estatuas inermes que sólo ven pasar el tiempo. Retomando el tema podríamos ser reiterativos y apoyándose en los dichos o refranes populares podríamos decir, “nada es verdad, nada es mentira todo depende del cristal con que se mira.”
Esto que estamos viviendo hoy es inédito, por tanto unos los tomaría la situación en una pronunciada curva de conflictos y desordenes, viéndolo positivamente es una oportunidad para sacudirse la zona de confort o comodidad que se había vivido, para revisar y replantear nuevas estrategias, para enfrentar y salir airosos del nuevo reto; quienes se adaptan, fluyen y responden con ánimo, energía, vitalidad, incluso con una actitud de alegría ante la responsabilidad de responder de manera inteligente y dinámica ante los nuevos eventos; celebrar a aquellas personas, organizaciones, comunidades que se aprestan con lo mejor de si mismos, para no sólo ver “la paja en el ojo ajeno”, sino que disponen sus manos, su sabiduría e inteligencia para resolver de manera práctica, sencilla, humana, simple y hasta elegante las contingencias de los nuevos avatares.
El caos puede verse como un monstruo terrible que amenaza, agrede y sacude el estado de comodidad, pero por otro lado es la posibilidad de mover lo oxidado, lo anquilosado, lo que incluso nos genera estrés innecesariamente, la eterna posición de estar en el pasado o en el futuro, perdiéndonos de la oportunidad de transformarnos y trasformar para bien el presente, más allá del caos, más allá de este fenómeno que nos confronta, nos pone atentos, a veces asustados, surge el advenimiento una nueva luz de esperanza.
