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Aumentan embarazos de adolescentes en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Los 7 mil 528 embarazos que durante el 2019 reportan los Servicios de Salud de Oaxaca en menores de 20 años reflejan la lenta reducción de una problemática de salud pública.


En comparación con los 7 mil 116 embarazos reportados en 2018, la cifra de embarazos en mujeres menores de 20 años aumentó en un 5.7 por ciento, al registrarse 412 más casos que en 2019.


Para Mayra Morales Aldaz, integrante de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos (Ddser) falta que el embarazo adolescente se vea como un fenómeno multifactorial que requiere atención y esfuerzos conjuntos.


Se necesita, consideró, una evaluación real de cada una de las acciones de las dependencias que conforman el Grupo Estatal para la Prevención del Embarazo Adolescente (GEPEA), del cual forma parte, ya que un incremento en los embarazos en menores de 20 año evidencia los nulos resultados.


Además, externó su preocupación por la falta de difusión de la interrupción legal del embarazo antes de las 12 semanas, sobre todo en las menores de 15 años que en su mayoría se enfrentan a un embarazo producto de la violencia sexual y no son atendidos de manera prioritaria.


“No estamos hablando de la interrupción del embarazo como un método anticonceptivo, sino como un derecho que debe acompañarse con la prevención, la educación sexual integral desde la infancia y el acceso a métodos anticonceptivos”, enfatizó.


Maternidad impuesta


La mayoría de mujeres menores de 20 años que se enfrentan a un embarazo inician una maternidad para la cual no están preparadas y muchas veces no fue deseada, como le ocurrió a Mirna.


Su madre Irene, quien se embarazó cuando tenía 16 años no termina de entender en qué momento Mirna se embarazó, “si siempre que iba a la escuela su hermano menor la acompañaba o la llevaba su papá”, recuerda.


La sorpresa vino luego de que Mirna terminó la secundaria.


“A los dos meses nos enteramos que estaba embarazada”.


Su nieta Keyla nació en febrero pasado mediante cesárea.


El novio, que en ese momento tenía 23 años de edad, ocho más que Mirna, “pagó lo que pudo de los 14 mil 500 pesos que nos cobraron en la Clínica del Pueblo, pero mi esposo le acompletó con otros cinco mil pesos”.


Tras el nacimiento de su primera nieta, Irene no permitió que Mirna se fuera a vivir con su novio, “quien está como si nada en su casa”.


Decidió apoyarla para que continuara con los estudios de bachillerato “y no termine como yo, haciendo tortillas”, expresa ,admitiendo el duro trabajo que implica ganarse unos pesos cuando se carece de estudios.


Lo ideal es que los embarazos, además de planificados, ocurran después de que una mujer termina de desarrollarse y que tenga claro su plan de vida, con herramientas suficientes para asumir la responsabilidad de una hija o una hija, recordó Morales Aldaz.


 

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