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Alertan especialistas desgaste de la salud mental en el país por la pandemia

Foto(s): Cortesía
Redacción

CIUDAD DE MÉXICO.- Mientras la pandemia por COVID-19 atraviesa su punto más álgido, con los hospitales a su máxima capacidad, un desafío importante se comienza a vislumbrar: el desgaste de la salud mental.


En una situación de crisis como la actual contingencia sanitaria, hasta 25 por ciento de la población general manifiesta síntomas temporales como estrés y ansiedad, que podrían devenir en problemas psicosociales como irritabilidad y desesperanza, e incluso en trastornos graves como depresión o estrés postraumático, expuso la psicóloga María Elena Medina Mora en el seminario en línea de El Colegio Nacional COVID-19, Prepararnos para la Segunda Fase.


"Esto hace que tengamos importantes retos para la siguiente etapa (de la emergencia), que es cuando se empezará a manifestar la enfermedad mental, y que estas necesidades de atención van a variar de acuerdo con el grupo de población y las condiciones en las que vivan la pandemia", sostuvo.


A decir de la especialista con cuatro décadas de trayectoria en la investigación de la salud mental, si bien toda la población está afectada, la experiencia será más difícil en sectores específicos que requieren mayor atención: niños, jóvenes y familias en distanciamiento físico y afectadas por el cierre de espacios públicos, adultos mayores con males crónicos, personas con condiciones mentales previas, sobrevivientes de la enfermedad con secuelas neurológicas y los propios trabajadores de salud.



 


"Nosotros esperamos que entre los médicos y el personal de salud, por las condiciones en las que están trabajando y por la violencia que han sufrido, van a estar muy expuestos y van a necesitar mucha ayuda", advirtió Medina Mora. Pero, continuó la experta, serán las poblaciones vulnerables -personas con discapacidad, en condición de calle, migrantes, adictas al uso de sustancias y en condiciones marginales- quienes se verán particularmente afectadas, y la sola atención de la salud mental no será suficiente, sino que es necesario resolver los determinantes sociales y factores de riesgo como la pobreza, el desempleo y la violencia de género.


Para Medina Mora, a pesar del incremento de trabajo en el sistema de salud, estamos ante una oportunidad para consolidar un cambio de paradigma y dar a la salud mental un lugar más importante.


"Porque estas consecuencias para la salud mental aparecen dentro de un contexto en donde la enfermedad mental ha sido poco atendida, donde hay una brecha de atención muy grande, donde sigue habiendo un estigma que hace que la persona que necesita atención no vaya a ella. Por eso tenemos este crecimiento tan grande, por ejemplo, de suicidios", lamentó.



 


"Y destacan cuidados paliativos en una emergencia humanitaria como la que se vive en México y el mundo, resulta imprescindible el modelo de cuidados paliativos, que busca ayudar a las personas con una enfermedad grave a sentirse mejor al prevenir o tratar los síntomas y efectos secundarios de la enfermedad y los tratamientos. Especialmente si se tiene en cuenta que una infección como la del SARS-CoV-2 puede hacer que un paciente sin sintomatología aparentemente grave ingrese al hospital, y en un par de horas o días presente un deterioro progresivo y hasta mortal", destacó Nayely Salazar Trujillo, integrante del Seminario de Estudios de la Globalidad de la Facultad de Medicina de la UNAM.


Ante estas circunstancias, se requiere una atención que comprenda evaluar rápidamente los objetivos del paciente, alinearlo con metas y un plan terapéutico, y obviamente los cuidados paliativos tienen experiencia en esta área. "Se requieren intervenciones rápidas, breves y que den el soporte tanto al paciente para aceptar el proceso de la enfermedad, comprender un poco el pronóstico ante la situación de gravedad de la infección, y obviamente ser un soporte en todo momento para la familia", detalló la especialista en anestesiología, algología y cuidados paliativos.


Lo que este modelo contempla, entre otras cosas, es el control y manejo de síntomas, brindar apoyo mediante sedación paliativa -recetando opioides si es necesario-, abordar aspectos psicológicos, emocionales y espirituales, pero sobre todo ser un soporte ético y clínico ante la toma de decisiones complejas.


No obstante, Salazar Trujillo recordó que en el país tan solo existen alrededor de 116 unidades de cuidados paliativos, y que 8 de cada 10 pacientes no tienen acceso a una atención paliativa, lo que representa un escenario desafiante ante la gran cantidad de dilemas éticos y decisiones médicas que los profesionales de la salud deben tomar durante esta pandemia.


"(Los paliativistas deben) hacer una planeación anticipada y una toma compartida de decisiones entre médico tratante, paciente y familia, y favorecer la cultura de voluntad anticipada. También tomar decisiones respecto a órdenes de no reanimación y órdenes de manejo avanzado de la vía aérea, cosas que pueden causar sufrimiento tanto a médicos como a pacientes y familiares", ejemplificó.


Por su parte, Luz Adriana Templos, jefa del Servicio de Cuidados Paliativos en el Hospital General Dr. Manuel Gea González, compartió algunos ejemplos del tipo de atenciones siguiendo este modelo que han implementado durante la contingencia.


Acciones como el establecimiento de protocolos de despedida a través de videollamadas para fomentar el proceso de duelo, acudir al área de terapia intensiva a repartir folletería informativa, "material psicoeducativo", pero sobre todo para presentarse y establecer un vínculo con pacientes y familiares.


Y es que si bien los cuidados paliativos no pueden detener la pandemia, sí pueden proporcionar orientación ética y aliviar gran parte de la angustia física, psicosocial y espiritual asociada para los enfermos con COVID-19 y sus parientes, subrayó la experta.

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