“Estar tras las rejas es duro. La sociedad te juzga muy duro. Es cierto, cometimos un error y estamos pagando, pero la gente se ensaña con uno y sobre todo, con la familia, por eso, muchos de nosotros no contamos a nuestros hijos que estamos en prisión”, dice Benito.
Un "cuento" para niños
Benito está en prisión desde hace seis meses. Una acusación de abuso de confianza y robo lo llevó a la penitenciaría central.
Confiado en que las pruebas que aportó lo dejarían libre, acordó con su esposa no contar nada de eso a sus hijos de 6 y 4 años de edad.
“Son unos niños, no saben lo que pasa y el verme acá los haría sufrir más, porque viven angustiados porque no estoy en la casa. Su madre les tuvo que decir que estoy trabajando en otra ciudad, por eso, les llamo cada que puedo”, cuenta un tanto resignado.
Y a la vez reflexiona: “Eso lo he logradro con el apoyo de mi esposa, quien ahora trabaja como empleada de mostrador para poder sacar adelante a nuestros hijos. Ella es la principal motivación para portarme bien acá y un día lograr mi libertad”.
Un día distinto
Hoy, en el día del padre, Benito vivirá un día distinto. Lejos de su esposa y sus dos hijos. Así como él, varios internos pasarán el primer Día del Padre en la prisión de Ixcotel.
El interno confía en que su situación jurídica se aclare y pronto quede en libertad.
“Dios está de testigo. Yo no cometí ningún delito, fueron otras personas y finalmente me inculparon a mí, estoy pagando por algo que no hice, por eso no cuento a mis hijos dónde estoy, porque sé que saldré libre”, recalca.
“Es triste, mañana (hoy) muchas familias van a celebrar el día del padre, yo y mis hijos estaremos en casa. Ellos con la ilusión de una llamada de su padre, a quien imaginan que trabaja en oficina, con todas las comodidades”, dice la esposa de Benito.
La pareja ha considerado contar su situación a sus hijos en caso de que el proceso se alargue y deba permanecer más tiempo en prisión.
Como desde el primer día en que llegó al penal, anhela dar un abrazo a sus hijos y acompañarlos a la escuela.
“Yo sufro al no verlos, pero creo que ellos sufrirían más al verme encerrado en este lugar”, indica.
Familia en otros estados
La situación de Carlos es distinta a la de Benito. Su esposa y sus dos hijas saben que está en prisión, pero lo visitan muy poco, ya que ellos viven en el municipio de Los Reyes, Estado de México.
Carlos cuenta que hace cuatro años se encontraba sin trabajo. Su situación empeoró desde que fue liquidado en una empresa del Distrito Federal donde laboró por más de 12 años.
Con el dinero de su liquidación decidieron poner un negocio, el cual se fue a “pique” dos años después.
En ese entonces se vio obligado a conseguir dinero para poder pagar la escuela de sus hijas, en que entonces estudiaban la secundaria y preparatoria.
Fue precisamente por ver unida a su familia, que aceptó una persona a la que conoció un año atrás en una lavandería.
Un "viaje" a prisión
Su “amigo” lo invitó a trabajar con él. A trasladar mercancía de la Sierra Sur de Oaxaca, específicamente de Miahuatlán de Porfirio Díaz al Distrito Federal.
Carlos afirma que fue informado que su trabajo consistiría en realizar los viajes, es decir, fue contratado como chofer.
El primer viaje lo realizó sin novedad. Su “amigo” viajó con él todo el tiempo y en las casi 10 horas de viaje no tuvieron ningún contratiempo.
“Fuimos y llegamos bien. Dejé la camioneta en la central de abasto de Iztapalapa, una hora más tarde me pagaron y todo me pareció bien, no encontré nada extraño”, cuenta.
A la semana siguiente, su amigo se comunicó con él para avisarle que había otro viaje, pero que él no podía acompañarlo ya que uno de sus familiares había enfermado.
Sin sospechar nada, Carlos viajó hasta una comunidad de la Sierra Sur, donde cargaron la camioneta y durante la madrugada, inició su viaje de regreso.
Sin embargo, cuando aún no llegaba a la carretera federal, una patrulla le cerró el paso para revisar la carga.
Trasladaba mariguana
Fue así como hallaron varios kilogramos de mariguana entre la carga, por lo que procedieron a su detención.
Desde ese día quedó detenido y su “amigo”, ya no le contestó las llamadas.
“En realidad conocía muy poco a esa persona. Resulta que donde lo conocía vivía con una mujer, pero en otro lugar tenía a su verdadera familia. Por eso desapareció en cuestión de días. Cambió su teléfono y creo que hasta un nombre falso me había dado, porque nunca más supe algo de él”, dice resignado.
“Ahí inició un reto para mi y mi familia. Mi esposa y mis hijas entendieron mi situación, les expliqué que yo acepté el trabajo para lograr un bienestar para ellas, que nunca supe que se trataba de algo ilícito”.
Pide perdón a sus hijas
“Gracias a Dios ellas entendieron. Mi esposa viajó a Oaxaca cuando ya estaba en este penal. Unos meses después, regresó con mis hijas, a quienes pedí perdón por haber actuado mal”, recuerda.
Por la lejanía de la residencia de su familia, Carlos prefiere que sus hijas no lo visiten en el penal, que aprovechen ese dinero en su escuela, en sus útiles escolares.
“Imagínate, viajar tres personas del Distrito a Oaxaca, ida y vuelta con más de cinco mil pesos, más las comidas y el hotel; por eso, yo les he dicho que mejor ese dinero lo aprovechen en ellas, que inicien un negocio o ahorren”.
Hoy, en el Día del Padre, Carlos esperará paciente la llamada de sus hijas y su esposa, quienes se muestran optimistas en que en los próximos meses logre su libertad.


