Gilberto, quien está a unas semanas de cumplir los 14 años de edad, dice que la curiosidad lo llevó a volverse adicto a la mariguana.
Está consciente de que ha entrado al mundo de la drogadicción, ya que en la escuela secundaria, donde actualmente cursa el tercer grado, ha recibido pláticas sobre ésta.
“Estoy consciente de esto, pero sé que puedo dejarla, no pienso en volverme adicto”, señala.
Sin embargo, la psicóloga Katy Hernández, refiere que ese es el principal argumento de algún joven o menor que empieza en el uso de las drogas.
“Se excusa porque sabe que ya está adentro y ese cambio de actitud, porque las drogas alteran la conducta, debe ser detectado de inmediato en la familia, por su madre que debe estar al pendiente de él todos los días, pero si hablamos de un hogar donde la madre tiene la necesidad de salir de la casa para trabajar, difícilmente descubrirá a tiempo los cambios de conducta”, sostiene.
La historia de Gilberto inicia tres meses atrás: una mañana salió de su domicilio en San Antonio de la Cal y comenzó a caminar sin rumbo fijo, ya que asegura que buscaba trabajo.
En una de esas calles se encontró con unos albañiles, ya que estaban frente a un predio donde se de edifica una obra.
El menor observó que todos fumaban y se pasaban una especie de cigarro, pero que despedía un olor fuerte.
“Me ganó la curiosidad y me quedé cerca de ellos, el olor me gustó y entonces supe que era mariguana”, relata.
La adicción inició como una curiosidad, relataron.
Una vez que el cigarro se acabó, observó que los hombres ocultaron una pequeña pipa junto co una bolsa de naylon entre unos arbustos para seguir trabajando.
Él también decidió retirarse. Pero todo el día recordó ese olor y por curiosidad, al otro día regresó al lugar donde había visto a los albañiles.
Ellos no estaban, pero al revisar el lugar donde ocultaron la pequeña pipa, la halló junto con la bolsa de naylon, la cual contenía varios gramos de mariguana.
Ese fue su primer contacto con la mariguana. Gilberto asegura que fumar mariguana lo “relaja”.
Gilberto y Alexis, niños adictos.
En los tres meses, ha ocultado su adicción. Tiene dos hermanos: de 18 y 16 años de edad, de quienes no sabe si también son adictos o no.
“El de 18 años trabaja por la zona de Ánimas Trujano y el de 16 sale todos los días de su casa en busca de trabajo, pero no sé en qué trabajan”, cuenta.
Reconoce que convive muy poco con sus compañeros de salón, de quienes prefiere que no se enteren que se ha vuelto adicto a la mariguana.
“Los saludo, pero en realidad platico muy poco con ellos, ahora tengo otros ‘amigos’”, confiesa.
Los menores se trasladaban en una patineta y una bicicleta.
Los “amigos” a los que se refiere Gilberto, son unos jóvenes de Ánimas Trujano, quienes saben que se ha vuelto adicto a la mariguana y de vez en cuando lo buscan para fumar juntos.
Fue uno de ellos, precisamente, quien le proporcionó la dosis de mariguana y la pequeña pipa el día en que fueron detenidos por la policía municipal.
El menor fue llevado al cuartel de la policía municipal. Sin darse cuenta, Gilberto ha entrado en el mundo de la drogadicción aún siendo un niño.
A sus 17 años, es papá de un niño de 4 meses
La mariguana y objetos que portaban.
Mientras un adolescente de 17 años de edad se preocupa por alcanzar mejores calificaciones en el bachillerato, Alexis debe trabajar para ganar unas monedas y dar el sustento a su pareja, de 16 años y al bebé de ambos, de sólo 4 meses de edad.
La historia entre ellos inició una escuela secundaria de San Antonio de la Cal, la cual él dejó cuando cursaba el segundo año, pero acudía sólo para acompañar a su novia de regreso a casa.
Con el paso del tiempo, la adolescente resultó embarazada. En un principio los padres de ella rechazaban que iniciara una vida en pareja, pero finalmente aceptaron y Alexis dejó su hogar, donde vivía con su madre y tres hermanas menores que él.
Para sacar adelante a su concubina, que en ese tiempo estaba embarazada, instaló un puesto de frutas en su domicilio, en el cual “no se gana mucho, pero sí deja para comer”.
En su afán por buscar otro trabajo y tener un ingreso extra, Alexis comenzó a salir casi a diario de la casa de sus suegros, pero siempre regresaba en las tardes para decir que no había encontrado trabajo.
A inicios de esa semana, luego de dejar listo su puesto de fruta, argumentaba que debía salir para buscar empleo.
En ese andar se encontró con Gilberto, quien lo invitó a fumar mariguana.
“Yo empecé hace una semana y simplemente fue por curiosidad, por saber qué se siente fumar mariguana”, relata.
Al igual que su amigo, saben de los riesgos del vicio, por que en la escuela a la que asistía recibió varios pláticas sobre adicciones.
“Yo no soy adicto, la fumo por curiosidad pero sé que puedo salir adelante, es más, ya no voy a fumar, quiero trabajar para poder sacar adelante a mi pareja y mi bebé; debo trabajar para tener un dinero ahorrado, algún día se me vayan a enfermar y necesito dinero”, menciona.
Alexis, quien está por cumplir los 14 años, es adicto desde hace unos meses.
La historia de Gilberto y Alexis tiene algo en común: cayeron en la adicción por la curiosidad.
Los dos viven en un hogar donde falta el padre y la atención de su madre.
Los dos aún son niños.
PARA SABER
La mariguana se considera una droga alucinógena; es decir, con la capacidad para alterar la percepción. Sus ingredientes activos proceden de las resinas de una planta llamada Cannabis Sativa.
Las flores de esta planta se secan y se fuman y la resina puede extraerse y concentrarse para producir otros tipos de sustancias, como hachís o aceite de hachís. No es raro que se le añadan diversos tipos de adulterantes.
Los efectos de la mariguana
El efecto que tiene la marihuana sobre el cerebro no se conoce con claridad. En parte, esto se debe a que el cannabis contiene muchos componentes diferentes que son activos de un modo u otro. Se cree que el principal componente activo es el THC (delta-9-tetrahidrocannabinol).
Sin embargo, los consumidores de marihuana afirman que el THC por sí solo no tiene el mismo efecto que la sustancia natural.
En general, la marihuana produce una sensación de relajación general, una ligera euforia y distorsiona el sentido del tiempo.





