Pasar al contenido principal
x

Mujer golpea en el cráneo a su marido y lo incendia vivo en su auto

Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

Agencias

Graciela Mónica Hammes fue condenada en el año 2000 a prisión perpetua por el asesinato de su marido Alberto César Ortega, de 46 años, quien fue quemado vivo dentro de su auto, el 8 de junio de 1998 en la localidad de Benavidez, Buenos Aires, Argentina.  

Hammes fue detenida el mismo día del crimen y acusada de homicidio calificado agravado por el vínculo, con alevosía y con concurso premeditado de dos o más personas.

La acusada huyó en 2005 y fue recapturada en el 2019.

El día del horrible crimen

El 8 de junio de 1998 era un día nublado. A las 8:40 de la mañana sonó el teléfono de la comisaría Cuarta de Benavídez, en Tigre, provincia de Buenos Aires.Un policía alertaba que en la calle Los Andes, a cincuenta metros de la Carretera Nacional 9, había un auto incendiándose con una persona adentro.

Un rato más tarde llegaron al lugar policías y bomberos. El auto era un Fiat 600 placas C 805574. En el asiento trasero había una persona carbonizada.

Uno de los policías recorrió la zona. Encontró una gorra con visera a pocos metros del Fiat.

A las 13,30, después de abrir el capacete del auto, los bomberos sacaron el cuerpo. El muerto llevaba una cadenita dorada al cuello y un reloj Casio Titanium gris en la mano. Marcaba las 6:45. En el piso del auto encontraron un anillo de metal dorado tallado adentro. La alianza decía: «Por siempre. 8-2-95».

Dos horas después de llevar el cadáver a la morgue, la Policía determinó que el dueño del auto era Alberto César Ortega domiciliado en Fenni 4798, de Tortuguitas.

Comparecencia de la esposa

A las 20 el oficial inspector José Alejandro Voisin fue a la casa del hombre calcinado. Lo atendió Graciela Hammer, la esposa quien estaba junto a sus hijos.

Voisin le explicó sin mayores detalles que había habido un problema con su marido y su auto, y que tendría que acompañarlo a la comisaría. La mujer, sin impacientarse, se puso una chamarra, un par de guantes y dejó a sus tres hijas menores a cargo del hijo mayor.

Cuando le dieron la noticia de la muerte de su esposo, Hammer desvió la vista del comisario y mascó su chicle. «Él se fue de casa a las cinco de la mañana para vender el auto. Quería venderlo para arreglar el otro auto que tenemos, un Fiat Duna blanco del 94. Yo le dije que para qué iba a ir tan temprano para vender el auto, pero él fue igual, y después no supe más nada».

Los policías le pidieron sus datos personales. Ella hizo una síntesis de sus 37 años: dijo que en 1982 se casó con Jorge Valles con quien tuvo un hijo, de 15. «Después estuve juntada con Jorge Mansini. Tuvimos tres hijas que tienen 10, 7 y 5 años. Y en el 1994 conocí a Ortega. Con él me casé en 27 de noviembre de 1995. Con él, hijos no tuvimos».

De su marido, Hammer no dijo demasiado: contó que Ortega había vivido en concubinato durante veintitrés años con otra mujer, con la que había tenido tres hijos, de 25, 21 y 13 años.

Enseguida a Hammer le hicieron ver la cadenita de oro, la gorrita, el reloj y la alianza. «Sí, todo es de él. Bueno, la gorrita es de una de mis hijas, me parece. El reloj se lo regalé yo para un aniversario, y la alianza es de él. Yo tengo la misma».

El comisario le preguntó: «¿Me la muestra, por favor?». Hacía rato que le llamaba la atención que la mujer no se hubiera quitado en ningún momento unos guantes de lana negros.

Graciela Hammer vaciló. «Con los nervios tengo tanto frío, sobre todo en las manos y los pies». «Es un minuto, señora, quisiera ver el anillo», insistió el policía. Hammer se quitó los guantes. Tenía las manos con quemaduras de primero y segundo grado.

«Mire, me quemé las manos hace un par de días, mientras prendía una estufa de querosén». Esa misma noche quedó detenida e incomunicada.

La depresión de la víctima

Según consta en el expediente judicial, la vida de Ortega cambió en forma radical a partir de su relación con Hammer. Él venía de una convivencia apacible con la madre de sus tres hijos. Vivieron 23 años juntos hasta que una tarde, un compañero de trabajo lo invitó a comer a su casa. Se trataba de Jorge Mansini, pareja de Hammer.

Ortega llegó sin su esposa a la casa de la calle San Juan donde se encontró con su amigo y Graciela, una mujer que lo miraba como si fuera el hombre al que esperó toda su vida. En un principio, Ortega se sintió incómodo.

Pero después no pudo resistir la tentación. Ortega decidió que no le importaba nada, que dejaría a su esposa.

Al día siguiente empezaron una relación clandestina y en menos de un mes se casaron.

Pero a partir de la convivencia fue deprimiéndose. No tenía tiempo para ver a sus propios hijos, y el dinero no le alcanzaba porque tenía que mantener a Graciela y sus cuatro chicos.

Se habían mudado a una casa oscura. La falta de espacio enloquecía a todos y cualquier conflicto terminaba en peleas. Pero después venía la depresión de Ortega. 

El 6 de mayo de 1998, la estabilidad psíquica y laboral de Ortega se fue a pique.

El seguro de vida

En mayo de 1998, menos de un mes antes de la muerte de su esposo, Graciela Hammer se acercó a la compañía de Seguros Sur. Quería contratar un Seguro de Vida recíproco. Si ella moría, los beneficiarios serían su marido y su hijo mayor, Gerónimo Valles. Si el que moría era Ortega la única beneficiaria sería ella. 

La prima era de unos veintidós pesos por mes, y en caso de muerte se cobrarían 100.000 pesos. Hammer se llevó los papeles a su casa, para hacerlos firmar por su marido. Pero Hammer falsificó su firma y presentó los papeles el 22 de mayo. Fueron aprobados de inmediato.

José Voisin, el mismo policía que fue a buscar a Hammer el día de la muerte de su marido, volvió al barrio unos días después. Su tarea era dar con alguna pista para seguir la investigación. Entre varios vecinos entrevistó a Nazarena Daiana Ramírez, una amiga del hijo de Hammer.

La chica, de 15 años, afirmó que «Gerónimo me dijo que Ortega le pegaba a Graciela, su mamá».

Ese día, Nazarena se guardó un detalle que unas semanas después declaró en el juzgado. «El domingo 7 a la noche, la noche antes de que mataran a Ortega, Gerónimo estaba con un amigo en la vereda sacando gasolina, con una manguera, del Fiat 600. Yo le pregunté por qué lo hacía y él me dijo que se lo había pedido la vieja y que no sabía para qué. y después él me contó que la madre le pidió que fuera a cargar gasolina».

El resultado de la autopsia

El informe de la autopsia reveló que el cadáver tenía fractura en la base craneana. El golpe habría provocado un estado de indefensión en la víctima.

A su vez, había humo en las vías respiratorias, lo cual demuestra que estaba vivo mientras se incendiaba el auto. Tenía quemaduras en el ciento por ciento de su cuerpo. La muerte se produjo por una combinación de quemaduras e intoxicación.

Condena de cárcel y fuga

Graciela Hammes fue condenada a prisión perpetua. En el 2005 se dio a la fuga, pero 14 años después fue recapturada.

 

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.