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El macabro exorcismo del Albaicín en España

Mujer española sonriendo
Foto(s): Cortesía
Alejandra López Martínez

Agencias

Cuatro personas sometieron a una mujer, llamada Encarnación Guardia Moreno, a un ritual de exorcismo porque creían que tenía el hijo del Diablo dentro de su cuerpo, pero debido a las brutales prácticas usadas, la víctima sufrió una muerte horrenda.  

El espeluznante hecho ocurrió entre el 30 de enero y el 1 de febrero de 1990 en Granada, España, en el barrio del Albaicín.

Según la versión de las autoridades, un sujeto llamado Mariano Vallejo, alias el Pastelero, aseguraba que era capaz de liberar a los poseídos por el demonio.

En el macabro ritual, participaron también Enriqueta e Isabel Guardia y Josefa Fajardo, primas y sobrina de la víctima, quienes le habrían convencido de someterse al supuesto exorcismo.

La víctima, Encarnación Guardia, de 36 años, casada y con dos hijos, estaba desesperada por su supuesta "mala suerte" y numerosos padecimientos. 

Convencida por sus parientas de que la única explicación a sus males era que sufría una posesión demoníaca, decidió ponerse en sus manos.

Fue entonces cuando el improvisado espiritista, asistido por las tres mujeres, la sometió a un brutal tratamiento.

La obligó a ingerir un brebaje con enormes cantidades de agua con sal, aceite y bicarbonato lo que, lógicamente, la hizo vomitar y retorcerse de dolor.

Mariano el Pastelero asegura que entonces ella gritó: «Yo soy Lucifer, príncipe de las tinieblas».

Mariano golpeó a la mujer con dureza y la rebotó varias veces contra la pared.

Por último, tratando de extraer físicamente el demonio del cuerpo, le desgarró la vagina con sus manos y le introdujo una barra de acero por el ano.

A pesar de estas torturas, lo que mató a Encarnación fue la sobredosis de sal.

Los implicados en este caso, fueron procesados y sentenciados.

Descripción del terrible exorcismo

El relato del fiscal durante el juicio indica que la víctima, Encarnación Guardia, con anterioridad había participado en rituales de este tipo.

Encarnación había convencido a su familia de que se encontraba embarazada del propio Lucifer, por lo que se planeó una sesión de exorcismo para expulsar el feto demoníaco de su cuerpo.

En el juicio, el Pastelero aportó un relato plagado de voces de ultratumba, demonios y apariciones.

Dijo que en el ritual, Encarnación suplicaba: «Sacadme este demonio que tengo dentro». Luego se transformaba en el mismo Diablo y gritaba: «¡Soy Lucifer y no podréis conmigo!».

«Encarnación gritaba como una loca, sacaba la lengua y se ponía muy fea» continuó el acusado.

«Estaba histérica, con mirada de odio. Para dominarla, yo tenía que tumbarla y ponerme de pie y de rodillas sobre ella».

En un momento de la sesión, Enriqueta habló con la voz de su madre y dijo: «Te detesto porque te has acostado con el Diablo. Te condeno a que vagues eternamente por el Infierno».

A lo que la víctima Encarnación contestó: «Soy la mujer de Lucifer y conmigo no váis a poder».

Según el acusado, Josefa «metió la mano en la vagina de Encarnación en múltiples ocasiones, al menos una decena, sin encontrar nada».

Añadió que a la fallecida le salió posteriormente «una bola por el ano», que «entraba y salía de su cuerpo» y que Josefa se la arrancó de las entrañas.

«Al sacarla, echaba humo y fuego», dijo El Pastelero.

Acusó a Enriqueta e Isabel de haber sido quienes convencieron a la víctima a comparecer en el ritual, además de estar presentes y haber preparado la pócima de sal.

Josefa Fajardo reconoció haber sido la encargada de introducirle la mano por el ano a la víctima y pincharle la vagina con una aguja calentada al fuego.

Detención de los implicados

Según informó el padre de la víctima, José Guardia, la familia presentó en la Comisaría una denuncia para esclarecer los hechos, después de que Carmen Guardia, hermana de la víctima, encontrase a Encarnación en la casa de sus primas totalmente desnuda y en un charco de sangre.

El padre añadió que Encarnación había recibido el día antes una llamada de sus primas para que acudiese a una sesión de espiritismo en la casa de éstas, en el número 39 de la calle de San Luis, en el barrio del Albaicín.

Veinticuatro horas después, debido a que Encarnación no había vuelto aún a su casa, Carmen fue en su busca y descubrió la terrible verdad.

Según José Guardia, el Pastelero ya había efectuado anteriormente sesiones espiritistas con sus sobrinas.

La víctima, Encarnación Guardia, había estado presente en otra sesión 10 días atrás, y había referido a su familia que se encontraba aterrorizada por lo que había visto y que no pensaba volver más.

En aquella ocasión, el espiritista, según José Guardia, había dicho que la joven estaba poseída por el demonio y había hecho un primer intento de exorcismo.

La Policía de Granada detuvo en forma inicial a Mariano Vallejo Fuentes, de 47 años; Enriqueta Guardia Muñoz, de 19; e Isabel Guardia Alonso, de 22.

La víctima muere en el hospital

Encarnación Guardia, murió en las primeras horas del 1 de febrero en el hospital Virgen de las Nieves, de Granada, a causa de las heridas que recibió durante la presunta sesión de exorcismo.

Según un comunicado del hospital, Encarnación ingresó en estado de coma profundo y shock próximo a un paro respiratorio, con contusiones y hematomas.

En el interior del muslo izquierdo se le apreció forzamiento anal y un gran aumento de sodio en la sangre.

De acuerdo con la impresión de los médicos, a la vista de los primeros análisis, Encarnación fue obligaba a ingerir una pócima de 250 gramos de sal combinada con aceite y bicarbonato.

Opinión del forense

Manuel García Blázquez, médico cordobés de 45 años, autor de numerosos libros de investigación científica, fue el forense que se encargó del caso no tuvo reparos en admitir que creía en el Diablo.

Dijo que realizó la autopsia sin prejuicio alguno, sin descartar la posibilidad de encontrarse con el mismo Lucifer.

Pero una vez frente al cadáver, pudo darse cuenta que aquello no fue una lucha sobrenatural, sino un crimen cometido sobre una pobre mujer. 

Como científico, justificó cada uno de los síntomas que presentaba Encarnación.

Encarnación murió de un síndrome hiperosmolar causado por la ingestión de grandes cantidades de sal disueltas en agua.

A la víctima primero le administraron vinagre y pimienta, que impiden la absorción inmediata por el estómago de la sal, con lo que la sesión de exorcismo se prolongó desde la noche del 31 de enero a la madrugada del 1 de febrero.

Ella tenía un edema en las cuerdas vocales, lo cual provocaba que su voz sonara más grave.

Además, los ligamentos del cuello estaban afectados, por lo que este era más flexible de lo normal.

En cuanto a la afirmación de los acusados de que a la víctima se le erizaron los pelos durante el presunto exorcismo, García Blásquez dijo que esto solo puede explicarse como una alucinación colectiva.

El hipotético feto demoniaco resultó ser una almorrana.

El juicio de los implicados

En 1992, la Audiencia Provincial de Granada solicitó un total de 5 años de prisión para Mariano Vallejo, Enriqueta e Isabel Guardia y Josefa Fajardo por delito de lesiones con resultado de muerte por un lado e imprudencia temeraria por otro, al no haber intención de matar a la persona, no se puede considerar como un delito de homicidio.

Para María Alonso Vaca, la propietaria del apartamento donde se realizó el exorcismo, se solicitaron 2 años y medio de arresto por no haber impedido la comisión de los delitos.

Además, también se reclamó una indemnización de cuatro millones de pesetas para cada uno de los dos hijos de Encarnación.

 

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