Fundada en Chile en 1961 en la comuna de Parral, provincia de Linares, región del Maule, al sur de Santiago. Su fundador, el alemán Paul Schäfer, había trabajado como asistente social para menores en una institución asociada a la iglesia evangélica que funcionaba en Siegburg, donde él vivía.
Este siniestro personaje fue despedido del cargo a finales de los años 40 por acusaciones de abuso sexual contra los niños bajo su cuidado y, a pesar de que lo despidieron, en aquel momento no se inició un proceso judicial en su contra. Deambuló por Renania anunciando el cristianismo laico y era muy bueno convenciendo a la gente, así pudo establecerse en una comunidad de Gronau donde ejerció una gran influencia sobre algunos de sus miembros.
En Lohmar fundó lo que podría considerarse un antecedente de la Colonia Dignidad: la Misión Privada Social, en donde sus integrantes debían realizar durísimas tareas agrícolas sin la más mínima remuneración. Era una organización que trabajaba con menores en riesgo social, y cuando otra vez surgieron acusaciones de pederastia, a Schäfer no le quedó de otra sino huir.
Después, organizó en 1961 el traslado de varios cientos de integrantes de su Misión Privada Social, de la cual era jefe indiscutido, a Chile, y allí él y Hermann Schmidt fundó, El Lavadero, con 3.062 hectáreas; lo curioso es que este terreno nunca estuvo a su nombre y la “Sociedad Benefactora y Educacional Dignidad” se constituyó en persona jurídica por decreto del Ministerio de Justicia chileno, logrando liberarse de pagar impuestos o derechos de aduana si alguien donaba dinero; El Lavadero pertenecía legalmente a la inicial Misión Privada Social, que ya estaba integrada por más de 230 personas.
Atrocidades cometidas
La llamada Colonia Dignidad ofrecía una imagen perfecta de armonía, trabajo colectivo y orden basada en una intensa actividad publicitaria que incluía videos y trabajo de prensa favorable, y podías ver entonces a los rubios residentes felices, los hombres arando la tierra, las niñas y mujeres bordando o cocinando, en fiestas y conmemoraciones.
Pero la verdad era distinta. En 1966, Wolfgang Müller logró huir y fue la primera vez que se oyeron denuncias de lo que sucedía en la Colonia Dignidad; Müller pidió asilo en Alemania y se convirtió en presidente de una fundación dedicada al apoyo de las víctimas. En 1967, huyó Heinz Kuhn y confirmó todo lo que había dicho Müller, pero las autoridades conservadoras chilenas desestimaron las acusaciones, pues otra arista terrible surgía desde la Colonia Dignidad: lazos con la ultraderecha chilena preparando el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, que derrocaría al presidente Salvador Allende.
Schaefer, fundador de la secta
¿Qué hacían aquí? Paul Schäfer era un consumado manipulador, experto en lavar el cerebro. Impuso un extraño sistema autoritario en el que se prohibía expresamente todo contacto con el exterior. Puertas adentro, Schäfer dividió a las familias: padres de hijos, esposos de esposas, de suerte que no era posible el contacto mutuo; los obligaba a vivir en espacios aislados y, claro, no recibían ningún pago por las labores de campo o domésticas que hicieran.
Eso le dio una enorme libertad para abusar sexualmente de todos los niños en Colonia Dignidad. Además, engañaba a los campesinos de las zonas aledañas y adoptaba a sus hijos con la promesa de ofrecerles una vida y un futuro mejores.
Los niños que se resistían eran confinados al hospital, donde eran torturados. La doctora residente en aquel momento, Gisela Seewald, en posteriores declaraciones reconoció haber practicado sesiones de electroshock y dado sedantes fortísimos a los niños que Schäfer decía estaban “poseídos”.
En 1990, la dictadura llegó a su fin
El primer presidente democrático de Chile, Patricio Aylwin, creó la Comisión de la Verdad, donde se comenzó a investigar los hechos en la Colonia Dignidad, tras varias décadas de denuncias olvidadas. Se acusó a Paul Schäfer de abusar de menores y atentar contra los derechos humanos, él simplemente respondió: «Es una locura, una tontera».
En 1997, después de que se le declarara culpable, huyó a Argentina. Allí fue capturado por las autoridades en el 2005. Después de su extradicción a Chile se le condenó a 33 años de cárcel por crímenes sexuales contra menores, posesión ilegal de armas, genocidio y torturas. Cinco años después murió de un infarto en prisión.
Por ello, en abril de 2016 se exhibió la película Colonia Dignidad, del cineasta Florian Gallenberger; el director denunció estos crímenes a través del séptimo arte. La película es el único material cinematográfico donde se hace mención de esta barbarie histórica.
La Colonia Dignidad ya no existe como tal; las víctimas tratan de recomponer sus vidas.
