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El terrorífico caso de Miculax, el primer depredador de Guatemala

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Foto(s): Cortesía
Aleyda Ríos

Agencias

El primer crimen de Miculax fue el 22 de febrero de 1945, y la víctima era un niño quien caminaba, junto a dos mulas, por El Naranjo.

Un día después fue hallado el cadáver sin pantalón, hincado en la arena y contra un paredón, con los brazos amarrados y con una cuerda en el cuello, según cita un informe de la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos de Centroamérica.

Ese fue el primer crimen de José María Miculax, en ese entonces de 21 años, un asesino serial guatemalteco con trastornos psicológicos y quien murió fusilado.

 

José María, quien cometía las fechorías con su primo Mariano Macu Miculax, narró que disfrutaba tener relaciones sexuales con los niños y luego asesinarlos.

Su crueldad al cometer los crímenes generó temor en la década de los 40. Años después, las autoridades le atribuyeron al menos 15 asesinatos.

Las autoridades capturaron tres meses después a Miculax, originario de Patizcía, Chimaltenango, quien confesó los crímenes y dijo en qué lugares estaban los cuerpos.

Expertos en criminalística indicaron que la manera de operar de Miculax y su hermano era ubicar a las víctimas cerca de barrancos, los convencían que les darían conejos y luego les colocaban lazos o cables en el cuello, les bajaban el pantalón, los violaban y luego los asesinaban.

La presión social e indignación en la muerte de niños, casos que se volvieron frecuentes, causó que el presidente de ese entonces, Juan José Arévalo, decretara que al capturar al responsable se hiciera un juicio rápido y recibir una pena.

El 17 de julio Miculax salió desde la ahora Torre de Tribunales de la capital y caminó por última vez en la 19 calle, zona 1. Su última petición fue portar un tacuche, un sombrero, una corbata y dos octavos. Luego fue fusilado.

¿Quién fue el asesino serial?

José María Miculax Bux, fue durante tiempo atrás el espanto de muchos niños, pues los padres de aquella época y las venideras amenazaban a los niños con: “Si te portas mal, te viene a traer Miculax”.

Su fama se debe a las violaciones y asesinatos cometidos en contra de más de 15 niños, los cuales se cometieron en departamentos de Chimaltenango, Guatemala y Sacatepéquez, el violador, al ser capturado gracias al testimonio de cuatro niños que lograron sobrevivir, fue fusilado.

Luego, el cuerpo fue decapitado para que el médico y psiquiatra, Carlos Federico Mora, estudiara su cerebro, el primo de José María, Mariano Macu, también fue arrestado, pero recibió una condena de 30 años de prisión.

La cabeza del fusilado permaneció en el Paraninfo Universitario, donde estaba la facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos, pero desapareció misteriosamente. Sobre ello se manejan varias teorías algunas afirman que la cabeza fue robada, aunque no se sabe con certeza.

El pequeño gran monstruo de Godínez

Era el viernes 22 de febrero de 1946, Enrique, quien vivía en San Pedro Sacatepéquez, llegó a la ciudad capital para vender leña. Mientras caminaba por la finca El Naranjo junto a sus dos mulas, no se imaginaba que ese sería el final de su vida y se convertiría en una víctima más de un listado de más de 15 menores que fueron ultrajados por los violadores.

El sábado 23 de febrero, se encontró el cadáver de Enrique. No tenía el pantalón, lo encontraron “hincado sobre la arena con el frente pegado a la peña de oriente a poniente, con ambos brazos bien amarrados al cuerpo con varias vueltas dadas con un cablecito, otro al cuello bien ceñido, colgado del arbolito”, dice el expediente del juzgado cuarto de primera instancia penal, transcrito por la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos de Centroamérica (AFEHC).

De puerta en puerta, de boca en boca, el asesinato de Enrique causó conmoción en una sociedad que apenas comenzaba a poblar la capital. Tres meses después, las autoridades capturaron a José María y él confesó los crímenes e indicó dónde estaban algunos cuerpos.

José María Miculax era un joven jornalero de 21 años, migrante de Patzicía, Chimaltenango. Junto a su primo, Mariano Macu Miculax, se convirtió en el primer asesino serial de Guatemala y disfrutó confesando sus delitos. Su estatura de 1.50 metros no le impidió tener la fuerza suficiente para tomar a los menores, ahorcarlos y violarlos. Un pequeño hombre, que se convertía en un grande y terrible monstruo.

El sadismo de Miculax se retrata en sus confesiones claras y honestas sobre los crímenes. Los relatos encontrados en los expedientes, demuestran que el asesino no mostraba ningún arrepentimiento por sus acciones, hablaba de las violaciones como si se tratara de un evento cotidiano.

El rastro sangriento que dejaba Miculax por distintos caminos de Guatemala, Mixco, Santa Catarina Pinula, Antigua Guatemala y San Pedro Sacatepéquez, despertó en la sociedad una alerta que continuó en zozobra. Los gritos de indignación llegaron hasta la Casa Presidencial.

Situación que puso en jaque al presidente Juan José Arévalo, el aparecimiento de niños estrangulados en los barrancos del área metropolitana no cesaba y se convertía en una crisis severa para el mandatario, lo que lo llevó a decretar la Ley Miculax (decreto 235 que abreviaba los procesos judiciales).

El Freddy Krueger (Miculax) fue capturado el 26 de abril de 1946, tres meses después del primer hallazgo de sus crímenes, (el cadáver de Enrique). Según los registros la aprehensión se dio gracias al retrato hablado de una anciana que lo identificó cerca de un barranco en compañía de un niño el día anterior.

Fue así que el 17 de julio, Miculax fue trasladado desde la penitenciaría (ahora la Torre de Tribunales) hacia el Cementerio General, para su última caminata por la 19 calle de la zona 1, custodiado por los guardias.

El violador confeso hizo valer su última voluntad, pidió un tacuche, un sombrero y dos octavos, al llegar al cementerio, Miculax exclamó que él no era el responsable de todas las muertes, solo de algunas, destapó los octavos y se los tomó, después recibió un ritual espiritual, entonces la pesadilla de los niños terminó, cuando el asesino fue acribillado por el pelotón de fusilamiento frente al paredón de la avenida Cementerio y 23 calle.

Según el libro nunca se supo dónde fue enterrado el cuerpo sin cabeza de Miculax, pues el gobierno de la época determinó que no se debía registrar el nombre del asesino en una lápida para evitar que fuera reconocido por personas que quisieran hacer rituales oscuros o sacar el cadáver.

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