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"Country Boy", el criminal que captaba a sus víctimas por internet

detenido
Foto(s): Cortesía
Redacción

Cody Legebokoff nació el 21 de enero de 1990 en Fort St. James, una localidad canadiense de la Columbia Británica rural, donde su familia materna era propietaria de uno de los tres aserraderos más importantes de la zona. Durante su infancia, Cody fue un niño alegre, simpático, afable y equilibrado, de lo más deportista (practicaba hockey sobre hielo, snowboard y esquí).

Tras graduarse en el instituto, Cody vivió por un breve período de tiempo en Lethbridge para después mudarse a Prince George, la ciudad donde cometería todos sus crímenes.

 

Sus aspiraciones se redujeron a trabajar en un concesionario de coches, compartir piso con tres amigas, pasar tiempo con su novia y chatear con desconocidas bajo el nombre de usuario ‘1Country Boy’ en la red social canadiense Nexopia.

Según los investigadores, este fue el nicho perfecto para captar a sus víctimas: mujeres vulnerables y adictas que se prestaban a mantener relaciones sexuales por un poco de cocaína.

Cody, que a sus 19 años también estaba enganchado al polvo blanco, inició esta ola de crímenes seriales el 9 de octubre de 2009, cuando se citó con una aspirante a cantante, Jill Stuchenko, de 35 años y madre de seis hijos.

Drogas y sexo

La mujer llegó supuestamente al domicilio para hacer un trueque: Cody le daba cocaína a cambio de sexo. Sin embargo, en cuanto bajaron al sótano y la mujer se sentó en el sofá, el adolescente la golpeó fuertemente en la cabeza hasta dejarla inconsciente.

Después, la violó brutalmente y, acto seguido, la emprendió a cuchilladas y golpes en lo que terminó siendo una paliza mortal. Luego, Cody metió el cuerpo inerte de Jill en su camioneta y lo abandonó en un pozo de grava a las afueras de Prince George.

El verano siguiente, Cody se mudó a un apartamento en el 1400 de Liard Drive. En la mudanza, aparte de llevarse sus objetos personales y ropa, también trasladó el sofá de dos plazas manchada de sangre, algo que beneficiaría posteriormente para incriminarlo y conectarle con los crímenes.

Este nuevo lugar también lo utilizaría como picadero para quitar la vida a otras dos víctimas.

La siguiente en morir fue Natasha Lynn Montgomery, de 23 años y madre de dos hijos, de la que se perdió la pista el 31 de agosto de 2010, y cuya familia interpuso una denuncia por desaparición el 23 de septiembre. Nunca se supo cómo fue asesinada: jamás encontraron su cuerpo ni tampoco el asesino quiso revelar dónde la había enterrado.

El 10 de septiembre, Cynthia Frances Maas, de 35 años, quedó con el asesino en su apartamento, tal y como hicieron las anteriores víctimas. La mujer ejercía eventualmente la prostitución para costearse su adicción a las drogas, así que después de hablar con Cody y de que este le ofreciese unos gramos para consumir a cambio de sexo, no se lo pensó dos veces. No obstante, aquello solo era una mera trampa para que el adolescente diese rienda suelta a su instinto criminal.

Cynthia también fue golpeada, apuñalada y violada salvajemente. Según la autopsia, la mujer murió de un “traumatismo contundente en la cabeza y de heridas penetrantes en el pecho”. Cuando su cuerpo fue encontrado dos semanas después, este presentaba incisiones en la zona de los omoplatos, rotura de mandíbula y pómulos, y lesiones en el cuello compatibles con pisotones. Tras esta sangría, Cody abandonó el cadáver con los pantalones hasta los tobillos en un parque próximo al río Fraser.

En el bosque

A Loren Leslie, una estudiante de 15 años con una discapacidad visual del 50%, le encantaba ayudar a los demás. Así que Nexopia se convirtió en el lugar idóneo para hacer amigos y aconsejarlos en sus problemas. A algunos les disuadió del suicidio inclusive. Era una buena persona.

Entre sus amistades virtuales se encontraba Cody, al que conocía desde niña (sus respectivas familias habían tenido cierta amistad en el pasado), pero con el que apenas tenía confianza.

Durante semanas, el joven fue engatusando a Loren a través de centenares de mensajes hasta que se produjo el esperado encuentro. Aquella tarde del 27 de noviembre, la aspirante a patóloga forense dijo a su madre que había quedado con una amiga para tomar algo, pero nunca regresó a casa.

Cody violó a Loren con la misma brutalidad que a las otras víctimas y la golpeó en la cabeza fuertemente y en repetidas ocasiones con un objeto romo, lo que le acabó fracturando la nariz y la mandíbula. Además, la apuñaló en el cuello y le pisoteó la mano y los dedos, que permanecían hinchados y seccionados al tratar de defenderse.

Una vez muerta, el asesino trasladó el cadáver hasta un viejo camino forestal próximo a la autopista 27, entre Fort St. James y North of Vanderhoof, y huyó abruptamente.

En ese preciso instante, el oficial Kehler, de la Policía Montada, fue testigo de aquella extraña maniobra y decidió darle el alto por exceso de velocidad mientras esperaba a otro compañero.

Cuando ambos agentes se acercaron al vehículo descubrieron que el infractor era un adolescente rubio con sangre en la cara y la barbilla, que también tenía los pantalones manchados de líquido rojo, así como un charco de sangre bajo sus pies.

Al preguntarle el motivo de aquellas manchas, Cody alegó que había estado cazando ciervos con un amigo. “Soy un campesino sureño. Eso es lo que hacemos para divertirnos”, le espetó a la policía.

La caza furtiva era una práctica ilegal, por lo que Kehler avisó por radio al guardabosques local para que comprobase las huellas del camino forestal desde donde había salido el joven.

Mientras el agente de conservación llegaba al lugar, los oficiales de la Policía Montada procedieron a registrar la camioneta: encontraron varias herramientas, entre ellas una llave inglesa cubierta de sangre.

Además, descubrieron una mochila con forma de mono en el asiento del copiloto, en cuyo interior había un teléfono móvil y un monedero con la identificación de una adolescente llamada Loren.

Al final de aquel camino forestal, cerca de un pozo de grava y sobre la nieve, se encontraba el cuerpo semidesnudo y parcialmente enterrado de Loren. Su cadáver todavía estaba caliente cuando el oficial de conservación se acercó a tomarle el pulso, pero ya no podían hacer nada por ella.

Ni siquiera podían identificarla: tenía el rostro completamente desfigurado. Tuvo que ser el padre de la víctima quien les pidiese que buscasen un tatuaje en una de sus muñecas.

Cody fue detenido de inmediato y llevado a la comisaría. Durante el primer interrogatorio, el joven negó cualquier vinculación con el asesinato de la chica: se limitó a decir que, tras descubrir el cuerpo y tocar los objetos, decidió llevárselos para evitar represalias.

Sin embargo, en cuanto registraron su teléfono descubrieron los cientos de mensajes que se había intercambiado con la víctima.

Entonces, la versión de Cody cambió y afirmó que Loren se había suicidado. El relato que hizo de los hechos fue de lo más estrambótico: aseguró que mantuvieron relaciones sexuales consentidas, pero que de pronto la chica empezó a golpearse primero con los puños y después con una llave tubular, para terminar ese autoataque apuñalándose a sí misma con un cuchillo.

Durante el registro de su apartamento se requisaron pruebas suficientes para incriminarlo en otros tres asesinatos más.

Entre las evidencias forenses halladas: el ADN de tres personas distintas que correspondían a las asesinadas Jill y Cynthia y a la desaparecida Natasha. De esta última, pese a que su cadáver nunca fue localizado, recabaron 32 muestras de su ADN en la ropa y las sábanas de Cody, además de un hacha. Por no mencionar el sofá impregnado con la sangre de la primera víctima.

El “inocente”

El juicio se inició a mediados de 2014 ante la Corte Suprema de la Columbia Británica y durante la declaración del acusado en el estrado, este volvió a hacer un relato rocambolesco de los hechos que le eximía de toda culpa o responsabilidad.

Si bien afirmó que él estuvo presente en los asesinatos de Jill, Natasha y Cynthia, también señaló a otras tres personas, unos narcotraficantes que identificó como X, Y y Z, como los verdaderos artífices de los crímenes.

Es decir, que Cody había sido un mero e “inocente” espectador.

De nada sirvió que el magistrado le acusase de desacato si no proporcionaba los nombres de esos tres individuos, el joven se cerró en banda y no contó más. Aún así, las evidencias forenses eran claras: no había ningún rastro o muestra que implicase a nadie más que no fuese él en los hechos.

Respecto al asesinato de Loren, el muchacho explicó una vez más la misma insólita historia del suicidio, pero los forenses la refutaron alegando que los fuertes golpes que la víctima tenía en la cabeza la imposibilitaban para acometer otras lesiones. Las pruebas eran irrefutables.

El 11 de septiembre, los miembros del jurado leyeron el veredicto de culpabilidad contra ‘Country Boy’: cadena perpetua por cuatro asesinatos en primer grado con posibilidad de libertad condicional a los 25 años. 

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