Pasar al contenido principal
x

Liliana murió en funciones, autoridades de Xoxocotlán dejan a su familia desamparada

Foto(s): Cortesía
Redacción

Se escuchó el sonido de los frenos, la camioneta giró bruscamente y el asfalto quedó marcado para siempre. De la batea cayeron dos mujeres. Una se incorporó de inmediato, la otra lo hizo a medias, distinguió un monstruo metálico que se acercaba, fue lo último que vio…

 

Liliana Cano López falleció en el Parque del Amor, el 7 de septiembre del 2015, mientras ella y sus compañeros se dirigían a una capacitación. Era policía municipal de Santa Cruz Xococotlán.

 

 

La patrulla en la que viajaba se pasó un alto y al esquivar a dos automóviles, dos polícias cayeron al asfalto, una se reincorporó y sufrió lesiones menores; la segunda fue arrollada por una camioneta que transportaba cilindros de gas y murió en el lugar.

 

 

Fernando Hugo Salazar Bautista, viudo de Liliana, con lágrimas, recuerda el accidente. Ahora es taxista, apenas gana lo suficiente para mantener a sus hijos y pagar la renta, que es de mil 400 pesos, al mes.

 

 

Los hijos de Liliana ahora tienen: Celeste, 12; Jared, 10 y Juliana ocho años, “la más pequeña es la que ha resentido más la muerte de su madre, aún no entiende lo que pasó”, declara Hugo.

 

 

Tiene que recurrir a los servicios de una niñera para cuidarlos, a la que le tiene que pagar 500 pesos a la semana.

 

 

Sin culpables

 

 

Han pasado dos años desde que Liliana Cano López falleciera y hasta ahora no hay un responsable por su muerte.

 

 

Daniel, el conductor de la patrulla de la que cayó Liliana, estuvo preso un tiempo, pero pagó una fianza y salió libre.

 

 

Hugo se enteró que los policías de Xoxocotlán hicieron una coperacha para pagar la fianza, sin embargo, les recrimina que no hicieron ninguna cooperación para ayudar a los hijos de Liliana. Sigue trabajando en el municipio de Xoxo como policía.

 

 

El proceso aún continúa, pero Hugo no tiene los medios para contar con la asistencia de un abogado. Le comentaron que había la posibilidad de que le pagarán una reparación del daño, sin embargo, hasta ahora no ha logrado nada.

 

 

No le hacen válido el seguro

 

 

Destaca que personal administrativo del municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, argumentaron que el seguro no es válido, puesto que no estaban en funciones.

 

 

Afirmaron que el seguro no era obligación del municipio, “llevé dos escritos al municipio para que me dieran una indemnización para mis hijos, pero las respuestas fueron negativas”.

 

 

Hugo no está de acuerdo pues afirma, “como no va a estar en funciones, si iniciaban los cursos a las 6 horas y finalizaban a las 21 horas”.

 

 

Abogados abusadores

 

 

Otro de los problemas con los que se encontró Hugo, en los trámites del seguro y en el juicio para lograr la reparación del daño fue la voracidad de los abogados.

 

 

Un abogado por ejemplo, le cobraba dos mil 500 pesos quincenales, más el 20 por ciento del dinero que ganarían en caso de salir victoriosos.

 

 

Pide que se haga justicia

 

 

Hugo destaca que Liliana trabajaba para que sus hijos tuvieran una vida diferente, una vida digna, ilusiones que se cortaron de tajo.

 

 

“Le pido al gobernador, al presidente municipal o a quien pueda intervenir que se ponga la mano en el corazón, sólo pido lo justo, el seguro y la reparación del daño, para que mis hijos tengan una educación”, destaca Hugo.

 

 

Rumbo al desastre

 

 

Liliana se levantó muy temprano, sus tres hijos, Celeste, de 10; Jared, de ocho y Juliana de seis años, dormían plácidamente. Su esposo, Hugo, los llevaría a la escuela así que no había por qué preocuparse.

 

 

Era un lunes 7 de septiembre del 2015, faltaban 7 días para el cumpleaños de su hija Juliana. Liliana, de 32 años, se despidió de sus hijos y de su esposo. Le quedaba dos meses de una fastidiosa capacitación, que iniciaba muy temprano.

 

 

Ella se desempeñaba como policía municipal de Santa Cruz Xococotlán, en el área del C4. Kena, su compañera, pasó por ella. Se fueron en motocicleta, el viento terminó de despertarlas.

 

 

Llegaron a la base, los compañeros echaban relajo. Todos se acomodaron como pudieron en las patrullas disponibles, no eran suficientes. El sobrecupo era evidente, cerca de 15 personas por camioneta.

 

 

Liliana y Monserrath, otra de sus compañeras, apenas si encontraron lugar en la batea, iban prácticamente colgando. Todo era risas, se sentía un ambiente cálido a pesar de la fría mañana.

 

 

Partieron de Santa Cruz Xoxocotlán , el destino era San Felipe del Agua. Las patrullas, circulaban sobre periférico, para incorporarse a la calle 20 de Noviembre. Una se adelantó, la otra patrulla trató de seguirle el paso.

 

 

La camioneta en la que venía Liliana se había retrasado mucho. Estaba el color amarillo en el semáforo, la patrulla aceleró, dos autos ya se habían puesto en marcha, pero frenaron a tiempo, la patrulla los esquivó.

 

 

Las dos mujeres policía que venían colgando de la patrulla salieron disparadas. Monserrath quedó en el carril de media velocidad. Se reincorporó, un taxi colectivo se acercaba a gran velocidad. La vio a tiempo. Logró frenar, estaba a salvo. Sólo tenía algunos raspones.

 

 

Liliana cayó en el carril de alta velocidad. Su reacción fue rápida, pero no fue suficiente. Una camioneta de tres toneladas, que transportaba cilindros de gas, quemó los frenos, pero no se detuvo a tiempo, la arrolló.

 

 

Liliana sufrió traumatismo craneoencefálico. Murió al instante.

 

 

Una noticia estremecedora

 

 

Fernando Hugo se levantó muy rápido, se había quedado dormido, hacía casi una hora que su esposa, Liliana, se había marchado. Tenía un curso de capacitación que duraría más de dos meses. Él llevaría a sus tres hijos a la escuela.

 

 

Los niños somnolientos tenían su propia batalla contra el sueño. Eran las 6:20 horas, Hugo se disponía a preparar el desayuno. En aquel entonces trabajaba en una hojalatería y su horario era cómodo.

 

 

El teléfono sonó. Hugo contestó, era Kena, amiga de su esposa, “Liliana sufrió un accidente, tienes que venir al Parque del Amor”, dijo. Él creyó que era una broma o que habían tenido un accidente en la motocicleta.

 

 

Les dijo a sus hijos que ese día no irían a la escuela, “tienen que quedarse un rato solos en la casa, mamá tuvo un problema y tengo que ir a verla”. Salió lo más rápido que pudo.

 

 

Tomó un taxi colectivo. El tráfico era intenso, pues “había un accidente en el Parque del Amor”, dijo el conductor del vehículo.

 

 

Cuando llegó, a lo lejos vio la mochila de su esposa y un cuerpo cubierto con una manta blanca, Kena estaba ahí. Hugo preguntó por Liliana. Kena sólo señaló el cuerpo.

 

 

Hugo no lo podía creer. Su joven esposa, llena de sueños, con tres hijos, estaba muerta. Lágrimas recorrieron sus mejillas. Pensó en sus hijos, cómo les diría que su madre ya no los cuidaría, aún eran muy pequeños.

 

 

Estuvo ahí, ido, congelado y con la mirada perdida, hasta que levantaron el cuerpo de su esposa.

 

 

Regresó a ver a sus hijos, no podía darles la noticia. Al medio día al fin les dijo.

 

 

Reaccionaron con enojo y después… después el llanto.

 

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.