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Pide Iglesia no olvidar a los muertos en los panteones

Foto(s): Cortesía
Redacción

A retomar el sentido real y religioso de la celebración de "Todos Santos y Fieles Difuntos" llamó el sacerdote Apolinar Robles Loaeza, al exponer que mientras muchos católicos aprovechan este periodo para diversión y francachelas, otros mantienen en completo olvido las tumbas de sus muertos, con la equivocada versión de que "la vida termina con la muerte".


Al celebrar una misa en la Capilla del "Señor del Rayo", en la Catedral Metropolitana, el presbítero y auxiliar del  arzobispo José Luis Chavez Botello, pidió respeto para los muertos y dijo que estos deben descansar en un camposanto para su resurrección.


Explicó que "Todos Santos" es una celebración muy distinta a la de los "Fieles Difuntos". En la primera se recuerdan en lo general a todos los santos. En cambio un día después, la celebración de los fieles difuntos, es dedicada a nuestros seres queridos que ya fallecieron.


Por ello, la mejor manera de recordarlos es orar por ellos, visitar sus tumbas y llevarles al menos una flor. Los muertos deben aguardar en un campo santo en espera de la Resurreccion. "La vida termina con muerte del ser amado".


Por ello, el sacerdote celebró el documento emitido por la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmado por el papa Francisco, que especifica que, si por razones de voluntad expresa del finado, o por causas sanitarias, se procediera a la cremación, se prohíbe que las cenizas sean esparcidas, divididas entre los deudos o conservadas en casa.


ACUERDO DE LA SANTA SEDE


El documento aprobado, que se titula Instruccion Ad resurgendum cum Christo y sustituye a otro de 1963, advierte de que "no se permite la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos".


Según la Congregación para la Doctrina de la Fe, las cenizas deben mantenerse "por regla general en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente


Se concluye que "los muertos no son propiedad de los familiares, son hijos de Dios, forman parte de Dios y esperan en un campo santo su resurrección"

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