SAN PEDRO Y SAN PABLO, ETLA, Oaxaca.- Y bajo el sol esplendoroso, todo se volvió una fiesta con pase a una vida nueva, más tarde mojada por la lluvia. El dolor profundo de más de diez mil bautizados por la recordada aprehensión, humillación y crucifixión injusta de Jesús, transitó este domingo a un ambiente de alegría y fraternidad.
Música, cantos, plegarias, porras y oraciones. De todo en una fecha histórica para el pueblo católico. La razón: la feliz pascua por la Resurrección del Hijo de Dios.
Y ante miles de bautizados, el mensaje del obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Oaxaca, Gonzalo Alonso Calzada Guerrero, se expandió a los cuatro vientos bajo el azul intenso del cielo: "No tengamos miedo, ni nos avergoncemos de nuestra fe".
Lleno total en el atrio del templo erigido en honor a los apóstoles Pedro y Pablo.
Parte central de la fe
La Resurrección de Jesús congregó ayer a más de diez mil etecos en el atrio del templo de San Pedro y San Pablo, Etla. FOTO: Carlos Román Velasco
Acompañado del sacerdote Felipe Hernández Ruiz, el mensaje del ex rector del Seminario Diocesano de la Inmaculada Concepción de Celaya, Guanajuato, se escuchó con toda claridad:
"Los momentos más importantes de la historia de la humanidad se realizaron en el silencio. Dios decidió resucitar a Jesús en el silencio de su tumba, y ese recordado acontecimiento, el más importante de todo el año, marca la parte central y fundamental de nuestra fe".
El estruendo ensordecedor de la música de bandas de viento en pleno duelo, cobraba fuerza a la par de los gritos de júbilo de miles de feligreses que, sin distinción de edades, lucían collares y coronas de "flor de mayo".
Las voces se expandían en todas direcciones frente al imponente templo de San Pedro y San Pablo. "¿Quién resucitó, hermano?" se preguntaban con toda energía y en coro.
Al unísono, los miles de católicos procedentes de las 21 comunidades que integran la Parroquia, respondían: "¡Jesucristo!"
"¡No se oye!", exclamaba una mujer y los católicos reiteraban al instante: "¡Jesucristo!"
En una tarde calurosa, interrumpida por momentos por leves corrientes de vientos y bajo una gran lona colocada en el atrio del emblemático templo en honor a los apóstoles Pedro y Pablo, miles de católicos levantaron la mano "en señal de compromiso de su renuncia a la maldad".
"Es el compromiso de transitar hacia una vida nueva por vez primera ante un obispo, en ocasión de la Resurreción de Jesús, en el marco de una celebración que lleva más de medio siglo", destacó el sacerdote Felipe Hernández Ruiz.
Feliz amanecer
San Lázaro a su arribo a la cabecera parroquial. Júbilo desborda tengo en una mañana soleada. FOTO: Carlos Román Velasco
En domingo, el estallido de cientos de cohetes interrumpió el fresco amanecer de los católicos de las 21 comunidades que integran la Parroquia con cabecera en este lugar, "la tierra del frijol". Es el anuncio de la gran fiesta por la Resurrección del Hijo de Dios.
La fiesta de los Santos, como la llaman los etecos, inicia con el encuentro de la Virgen de la Asunción y el Señor de la Ascensión.
Es el encuentro de Jesús y María, llevados en hombros por los feligreses de La Asunción, agencia municipal de San Juan Bautista Guelache, y de Santo Domingo Barrio Bajo, agencia municipal de la Villa de Etla.
Así, una a una, las 21 comunidades arribaron al atrio del templo llevando en hombros a sus Santos patronos.
Así, llegaron ayer entre otros: San Juan de Dios, San Isidro Catano, San Lázaro, Santo Domingo, San Gabriel, Santos Degollado, Nuestra Señora de la Natividad, la Virgen de la Asunción, Nuestra Señora de Guadalupe, San Juan Bautista (Guelache), y Reyes.
Una iniciativa perdurable y viviente del desaparecido sacerdote Santa Cruz, y continuada por el presbitero Aristeo de la Vega y Cacho, recién fallecido, quien convirtió el acontecimiento en un hecho multitudinario.
Y al final... ¡llovió!
Es San Isidro Labrador, guía de los campesinos. Los habitantes de San Isidro Cataño, en procesión, pidieron lluvia y ésta hizo presencia más tarde. FOTO: Carlos Román Velasco
En un día tan especial para la feligresía eteca, el sacerdote Felipe Hernández Ruiz aguardó paciente en una de las puertas laterales del atrio y solemne arrojó agua bendita a los sudorosos, pero alegres católicos, conforme arribaban.
Así, con música de viento, cantos, estallido de cohetones y expresiones de fraternidad, miles de etecos vivieron por enésima ocasión un acontecimiento en el que jóvenes personificaron a los apóstoles, excepto a Judas Iscariote.
Judas Iscariote siguió a Jesús durante su predicación por Judea y Galilea, y según los evangelios canónicos, fue el apóstol traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde podían capturar a su Maestro.
La Resurreción de Jesús es un acontecimiento multitudinario que año con año recuerdan de pie miles de etecos. Un acto solemne y religioso que toca y abre corazones. Bautizados, que unísono repiten: "Resucitó, resucitó, resucitó, aleluya"; "Aleluya, aleluya, aleluya, resucitó"...
El premio divino: refrescante lluvia al término del multitudinario acto religioso.
