SAN BARTOLO COYOTEPEC, Oax.-Mañana calurosa en la capilla en honor de San Isidro Labrador. No había rostros felices sino semblantes cansados de mujeres y hombres de cabeza blanca, encorvados, de enjutada y sudorosa piel, que claman un milagro de San Isidro Labrador para que llueva.
"Sirva esta ofenda a nuestra madre tierra para nos proporcione buenas cosechas, pero también para que nuestros padre Dios nos mande la santísima lluvia", exclamó el campesino Filemón Pedro, de 84 años, distinguido para arrojar en cruz los chorros de mezcal en las entrañas de la madre tierra.
Con profundo respeto le siguieron en el ritual, Mariana Fabián y Benita Escamilla de 67 y 76.
La ofrenda incluyó chilaquiles de frijol, pan dulce, espigas de trigo y flores blancas que arrojó Eva Maya Martínez, al fondo de un hoyo cavado en medio del campo.
A unos cuantos metros de distancia, en una pequeña base de madera, emergía la figura de San Isidro Labrador, guiando su yunta, seguido también por el Ángel de la guarda del guía de los campesinos mexicanos.
Y de cara a los pocos jóvenes asistentes a la misa en honor al santo, el sacerdote José Rentería pidió ponerse de pie y mirar al cielo para pedir perdón a la madre naturaleza por los agravios de nosotros, sus hijos. “Perdón por tantos atropellos, madre, perdón”.
Procesión
En su ruta al campo, San Isidro, de botas, barba cerrada y dedos entrelazados, había llegado en hombros desde su nicho, en el templo del pueblo, con música de banda de viento y en procesión que partió desde el centro católico de este lugar, en una longitud de más de dos kilómetros.
Desde el atrio del templo en honor a San Bartolo, la estruendosa música despertó a los habitantes a las siete de la mañana, y media hora después, interpretando la popular "Cuatro Milpas" partió el singular y acostumbrado recorrido de carretas tiradas por caballos, burros y yuntas, con adornos florales y con plantas de maíz recién cortadas.
Estas folclóricas manifestaciones se vieron este año nuevamente disminuidas por el recorrido de un mayor número de tractores, igualmente adornados con flores y mazorcas de maíz.
Recorrido de campesinos de San Bartolo Coyotepec, previo a la misa en honor a San Isidro Labrador. FOTO: Emilio Morales
En misa, culmina la aleluya y misterioso sonido del tambor y de la concha de mar se expande a los cuatro vientos". Este pueblo de los grandes maestros del barro negro, es el único del valle que dispone de cuatro concheros y un tamborillero, integrados a la Hermandad del Santísimo.
Las autoridades municipales distinguieron con reconocimientos y machetes nuevos a una veintena de campesinos de la vieja guardia: Francisco Martínez, Julio Cruz, Mariano Pedro Vásquez, Bruno Castillo, Rosa López Cruz, Ausencio Zurita, Francisco Guzmán, Antonio Castillo y Lorenzo Guzmán Santos, entre otros quienes no se arredran ante las adversidades y con amor siguen labrando la madre de tierra para obtener sus alimentos básicos.
Su amor por los animales
Durante toda su vida de labrador, San Isidro, tuvo un gran aprecio con los animales. En ningún momento maltrató a los bueyes y a los otros animales de trabajo de la hacienda, todo al contrario.
Existe una leyenda que explica que una día de invierno y mientras se dirigía al molino con un saco de grano sintió compasión de los pájaros que en la nieve ya no encontraban alimento y que estaban a punto de morir.
Isidro limpió un pedazo de tierra apartando la nieve y vació allí la mitad del saco. Al llegar al molino resultó que el saco estaba tan lleno de grano como antes.
