Colmados de fe y de devoción, cientos de feligreses celebraron este 23 de octubre la fiesta en honor al Señor del Rayo, una de las celebraciones católicas más importantes en la capital del estado por el fervor que desborda la procesión de la imagen.
La celebración inició en punto de las 00:00 horas. La catedral metropolitana, lugar que alberga la capilla dedicada al Señor del Rayo se colmó del incienso, luces y flores, como ofrendas de quienes han sido bendecidos por los milagros de la imagen.
Humedecidos los ojos, la feligresía desbordó en fe frente a la imagen colocada en lo alto del altar. Sobre el vidrio que protege al Señor del Rayo, quedaron plasmadas las muestras de amor, de quienes simulando tocar el cendal, deslizaban con fervor sus manos pidiendo o agradeciendo algún portento.
Por la tarde, la imagen dejó su altar para ser llevada solemnemente a la procesión en las calles del Centro Histórico, en medio de un mar de feligreses que buscaron la oportunidad de tocar al Señor del Rayo.
Durante la celebración en su honor, la imagen es llevada en procesión por el Centro Histórico de Oaxaca. FOTO: Emilio Morales
De regreso a su sitio, largas filas se formaron para poder subir al altar y demostrar lo más cerca posible su devoción y entrega.
“Venimos cada año por la fe que le tenemos al Señor del Rayo. Agradecemos, pedimos y lloramos por todos los favores a nuestra salud, trabajo y familia. Aquí estamos y seguiremos hasta que la vida nos lo permita”, señaló doña Graciela, quien desde hace 10 años acude religiosamente a la festividad como agradecimiento a los milagros concedidos, uno de ellos haber salido con éxito de una operación de rodilla.
Muchas son las versiones en torno al origen de la festividad al Señor del Rayo, una de estas señala que en una ocasión al Cristo crucificado le cayó un rayo que no lo dañó. Otros más indican que la imagen fue rescatada intacta entre las cenizas de un templo al cual fue siniestrado por la caída de un rayo.
Otros más señalan que el nombre se debe a que rayos de luz que iluminan a los creyentes cuando su devoción es auténtica aunque también hay quienes aseguran que el nombre se debe a los tres grupos de siete rayos que forman la corona del Cristo.
