Don Arturo Lona Reyes, el séptimo obispo de la Diócesis de Tehuantepec, abrazó la Opción Preferencial por los Pobres, para predicar el Evangelio de Jesús entre los excluidos y marginados, "porque de ellos es el Reino de Dios".
Nacido el 1 de noviembre de 1925 en Aguascalientes, fue hijo de Fructuoso Lona y Dolores Reyes.
Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1952 y consagrado obispo de la Diócesis de Tehuantepec, el 15 de agosto de 1971, por el obispo emérito de la Diócesis de Huejutla, Manuel Jerónimo Yerena y Camarena, por proceder de esa jurisdicción eclesial.
Fue en la Diócesis de Huejutla, donde conoció e inició una relación pastoral de varios años con el entonces obispo titular, Bartolomé Carrasco Briseño –posteriormente quinto arzobispo de Antequera-Oaxaca–, quien lo nombró delegado episcopal al partir el 5 de septiembre de 1967, a ocupar la rectoría del Seminario Mexicano en Roma.
Como seguidor de la Opción Preferencial por los Pobres, surgida del Concilio Vaticano Segundo, se dedicó por completo a los pueblos indígenas mixteco, zapoteco, chontal, mixe, huave, zoque, mazateco y chinanteco, así como a los mestizos de la Diócesis de Tehuantepec.
Por ese servicio, se le llamó el Padre Obispo o el Obispo de los Pobres e incluso, se le consideró como un maestro, profeta, pastor y hermano.
Fue uno de los principales impulsores de la Pastoral Indígena y promotores de su reflexión teológica, al lado de Carrasco Briseño y del obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, para llegar a la actual Teología India.
En 1972, fue nombrado presidente de la Comisión de Pastoral Indígena de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM).
Por esa labor pastoral y compromiso con los pueblos indígenas, tanto Lona Reyes, como Carrasco Briseño y Ruiz García –los más destacados de la Región Pacífico Sur de esos años–, fueron criticados y descalificados por el gobierno y por obispos tradicionalistas de otras diócesis, quienes los enlistaban en el comunismo y en la guerrilla.
Acompañó también a los movimientos populares registrados en el Istmo de Tehuantepec y ha respaldado a los indígenas zoques de los Chimalapas, quienes luchan por la defensa de su territorio de invasores, provenientes principalmente de Chiapas.
También, creó la Universidad Indígena de Jaltepec de Candayoc y decenas de escuelas con las órdenes de los jesuitas y maristas.
Además, fundó la Unión de Campesinos e Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI) y las Comunidades Campesinas en Camino (CCC), para la comercialización de café y ajonjolí orgánicos en el mercado internacional y nacional a precio justo.
De igual manera, formó el Centro de Atención Integral Donaji, para la economía solidaria, el Centro Popular de Apoyo y Formación para la Salud, y el Centro de Derechos Humanos Tepeyac del Istmo de Tehuantepec.
Durante su obispado, Lona Reyes sufrió 11 atentados a su vida, saliendo ileso en todos ellos, principalmente en el sexenio del exgobernador Diódoro Carrasco Altamirano.
Al cumplir 75 años de edad, el 1 de noviembre del 2000, presentó su renuncia al Papa Juan Pablo Segundo, después de 29 años de guiar a la Diócesis de Tehuantepec, dejando atrás las presiones del entonces nuncio apostólico, Justo Mullor García, para que dimitiera anticipadamente.
Sin embargo, desde años atrás, el anterior nuncio apostólico, Girolamo Prigione, también había hecho lo propio para que renunciara.
Incluso, Prigione hizo que la Santa Sede nombrara en 1996 al obispo de la Diócesis de Huajuapan de León, Felipe Padilla Cardona, catalogado como tradicionalista, como obispo coadjutor con todos los poderes y facultades, así como con derecho a sucesión.
Al dejar la titularidad, pasó a ser obispo emérito y se trasladó a vivir a San Francisco la Paz, Santa María Chimalapa, donde gestionó la construcción de un puente, un camino y una clínica rural, entre otras obras sociales.
En el año 2008, fue galardonado con el Premio Nacional de Derechos Humanos Don Sergio Méndez Arceo, en reconocimiento a toda una vida entregada a la defensa y promoción de los derechos humanos de los pobres e indígenas.
Después del terremoto del 7 de septiembre del 2017, Lona Reyes participó igualmente en la recolección y entrega de víveres a los damnificados en diferentes municipios del Istmo de Tehuantepec.
Fiel al Evangelio de Cristo
– ¿Por qué asumió la Opción Preferencial por los Pobres?
–Es que no hay otra, la Opción Preferencial por los Pobres, es la opción de Jesús, porque es el rey de los pobres.
–Por todo lo que ha rodeado su labor pastoral, supongo que no ha sido fácil, ¿no?
–No, pero ha habido de todo, me ha gustado lo positivo de la predicación del Reino de Dios entre los pobres, campesinos e indígenas, invitándolos a la conversión, a aceptar a Cristo, a aceptar su obra. Aunque soy de Aguascalientes, me entregué al Istmo de Tehuantepec y ya soy oaxaqueño por adopción.
–Prácticamente, una pastoral profética entre los pobres, ¿no?
–Sí, nunca he descuidado la predicación, siempre he tenido presente a los pobres, son la prioridad en mi servicio. Por eso, he estado cerca de la gente, con una sonrisa y compartiendo la tortilla y los frijoles con ellos.
– ¿Nunca se ha arrepentido seguir el camino de Cristo?
–No, de ninguna manera, no me he arrepentido, estoy al pie del cañón. Tuve algunas tentaciones por las mujeres como hombres que somos, todos las hemos tenido, pero esa crisis la superé con la oración. Son cosas normales, porque no soy gay, ja, ja, ja.
Por eso, si me acusan de andar de mujeriego, no es cierto, porque siempre he tratado de ser fiel a Cristo
–A usted se le conoce como el Padre Obispo, porque ha sido un obispo hermano, no príncipe, ¿está de acuerdo?
–Sí, porque he rechazado que me digan monseñor, me gustan que me digan padre obispo o simplemente padre, no me gustan los títulos.
– ¿Le gusta que le digan el Obispo de los Pobres?
–Ay, eso sí me llena de orgullo. Hace poco llevando cobijas a una comunidad de Quiegolani, me salí del camino y en lugar de llegar a la parroquia, me fui por un río, entonces vi venir a un campesino lleno de lodo, con su burrito cargado de leña, le hablé en zapoteco, se me quedó mirando con una sonrisa y me dice ‘Arturo mi obispo’, se me enchinó el cuerpo, me quedé sin habla.
– ¿Cómo le gustaría que lo recordaran?
–Como un sacerdote fiel al Evangelio de Cristo y como un luchador social fiel a su vocación, que siguió adelante a pesar de todas las dificultades.
– ¿Ya pensó en su epitafio?
–Sí, que escriban luchó y tres puntos suspensivos. Y no triunfó, porque no ando buscando fama barata, que los hechos hablen.
