Antes de la invasión de los McCarty’s y del apogeo de los bares en la colonia Reforma, en Oaxaca existía un lugar que daba vida al Centro Histórico. El Salón Central era un espacio alternativo que albergó a distintas generaciones, desde chavos de San Felipe, artistas, músicos, políticos, hasta uno que otro trasnochado que deambulaba por la zona roja de la capital. La pluralidad era el segundo nombre de este lugar.
Inició como el taller del pintor Guillermo Olguín, pero poco a poco se convirtió en el lugar donde se reunían músicos, poetas, artistas y los cuates para disfrutar de una charla, bebidas, música y baile. No tardó mucho en regarse la voz y cuando Guillermo se dio cuenta, ya estaba a cargo de uno de los espacios más importantes de la Verde Antequera por lo que buscó ayuda entre sus amistades para administrarlo.
La música, la etiqueta del Central
Si hay algo que añora la capital es la variedad de música que tocaban en el Central, aunque existen actualmente diversas propuestas, no resulta igual, pues en este espacio cabía de todo, desde la música norteña de calidad, hasta un buen jazz o material hindú. La selección musical se le atribuye al trabajo de Jonathan como DJ, pues su repertorio era amplio y sabía cómo hacer que el público entrara en ambiente y saltara a la pista. Además, él también se encargaba de diseñar los icónicos carteles y de programar las funciones de cine.
Un lugar que nunca se terminó de decorar
Guillermo asegura que el Central realmente nunca estuvo completo, pues sobre la marcha iban agregando mobiliario, personal y nuevas propuestas. La decoración no era un invento, la intención del pintor era rescatar elementos que se estaban perdiendo como los mosaicos, la barra tipo cevichería, el terciopelo, la vieja rockola y otros objetos que formaban parte de este entorno y que al conjugarse creaban un ambiente ecléctico.
Oportunidad para músicos, extranjeros y un buen after
Para Yadira Castañeda, quien se encargaba del booking y la administración del lugar, era increíble que los extranjeros preguntaran por este espacio para colaborar, ya sea con propuestas musicales, como meseros o para atender la barra. El Central se volvió un búnker de distintas expresiones culturales y hasta en el after de artistas que visitaban Oaxaca, entre ellos León Larregui de Zoé, Zach Condon de Beirut y Nortec que en esa época hizo de esta ciudad, su segunda casa.
El Central y la “sucursal” de Nueva York
La propuesta del Central trascendió de Oaxaca e incluso hubo una iniciativa para poner una sucursal en Nueva York. Guillermo quería llevar músicos de México y obra local a Estados Unidos. Sin embargo sólo funcionó como el Central unos meses en la “gran manzana”, actualmente es conocido como Casa Mezcal pero al mirar su barra es inevitable pensar en el Salón Central.
Los problemas con la autoridad y la defensa del espacio
Debido a que era una propuesta cultural que buscaba más que sólo vender cerveza, alargaban los horarios de cierre, lo que atrajo la mirada de los inspectores con intenciones de clausurar este espacio. Gracias a que Arturo León, un abogado un cliente asiduo, impidieron en varias ocasiones el cierre del Central. Aunque todos defendían el espacio, no pudo librar una clausura que duró más de medio año y que provocó el declive de otros centros nocturnos que recibían a los clientes del Salón que se quedaban enfiestados como el Kokis, el Armadillo, el Mocambo y otros establecimientos de la zona.
El ocaso del Central y el principio de otras historias
La despedida del Salón Central no pudo ser mejor, Yadira recibió un mail de los representantes de la española Bebe, pues durante su visita a México querían hacer una fecha en Oaxaca y quería que fuera en este lugar. Tuvieron poco tiempo para organizarlo. Después de este último show, Guillermo y todos los que eran parte de este espacio llegaron a la conclusión de que ya se había cumplido un ciclo. Tuvieron que decir adiós al lugar que se convirtió en su segundo hogar, la presión de las autoridades y de la delincuencia organizada obligaron a la gente detrás del bar a bajar las cortinas ¿para siempre?
Atrás quedaron la fiestas, conciertos y anécdotas, que hasta hoy se siguen buscando en otras cantinas y bares que surgieron como émulos del Central.
