Conjuntar la investigación científica con el conocimiento experimental de los productores y una verdadera política pública que canalice los recursos para una agricultura de conservación, representaría una estrategia a gran escala para enfrentar la crisis climática que impacta en el campo.
Por ser la agricultura de temporal una de las actividades productivas que más resiente las variaciones del clima, a iniciativa del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) investigadores se reunieron ayer en el campo experimental de Valles Centrales del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) en el primer Simposio Internacional Innovaciones frente al cambio climático, agricultura sustentable y autosuficiencia alimentaria.
Simon Fonteyne, Coordinador de plataformas de investigación del Cimmyt y moderador de la mesa Prácticas para la conservación y producción de los recursos naturales, reconoció que la investigación es el vehículo para mejorar el rendimiento y reducir el impacto ambiental en la producción.
El reto es tener la capacidad de generar conocimiento por cada sistema de cultivo: “Se ha hecho mucho trabajo, pero es difícil que sea suficiente y que éste conocimiento llegue a los productores porque no basta con publicarlas en revistas científicas para lograr que el productor la implemente”.
Es necesario, abundó, hacer la liga entre la investigación básica para que llegue a los productores en sus propias condiciones, sin tanta protección como en un campo experimental y los productores mejoren el cuidado de los suelos, sin abusar de los fertilizantes.
Variación del clima
Para el maestro en ciencias agropecuarias por la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM) Xochimilco, Cristian Reyna, tanto productores como investigadores deben entender cómo las variaciones en el clima “sacrifica” o “beneficia” la implementación de nuevos cultivos.
“Hay que entender cuál es la variación en el clima y generar estrategias de adaptación, en algunos casos los aumentos de temperatura ha abierto posibilidades de sembrar cultivos que requerían de temperaturas más elevadas, como las habas, pero para otros el incremento de temperaturas genera plagas”, como en la producción de café.
Sin ser fatalista, ve el cambio climático como una ventana de oportunidad para algunos, ya que “la naturaleza es muy sabia y posibiliTA la adaptabilidad en los sistemas de producción tienen una flexibilidad genética”.
Ese conocimiento lo tienen los productores mismos, quienes en la mayoría de las veces avanzan sin el acompañamiento técnico porque los gobiernos simulan políticas públicas que en realidad subsidian sin identificar a quién beneficia y los científicos hacen investigación pero en campos experimentales.
“Todo está desvinculado desde la revolución verde (entre 1960 y 1980). Los científicos hacen investigación, los agricultores siguen haciendo sus prácticas, los gobiernos simulan que hacen políticas públicas”, pero nada más.
El simposio de ayer fue un ejercicio de intercambio de conocimiento para que las investigaciones salgan de las universidades y lleguen más al campo.
