A las 7:14 horas del 19 de septiembre de 1985, un sismo de 8.5 grados en la escala sismológica de magnitud de momento (MW) devastó la Ciudad de México. En minutos, más de 20 mil personas perdieron la vida, 250 mil personas se quedaron sin casa y 900 mil tuvieron que abandonar sus hogares; sin embargo, a 31 años de la desgracia, la indiferencia, apatía y falta de una cultura de protección civil, mantienen vulnerable a la población ante un terremoto de similar o igual intensidad.
En el centro de la ciudad, únicamente en palacio de gobierno se cumplió con el simulacro de desalojo y protección, ante un sismo de igual magnitud. A las 11:00 horas, el gobernador Gabino Cué Monteagudo; el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Alfredo Rodrigo Lagunas Rivera; el secretario general de gobierno, Carlos Santiago Carrasco; entre otros, abandonaron las oficinas, para encontrarse en el punto de reunión, ubicado en la calle de Bustamante.
Pues a pesar del sonido de alarma, los propietarios y trabajadores de restaurantes, tiendas y negocios que se ubican alrededor del zócalo, no interrumpieron sus actividades cotidianas, al igual que comensales y transeúntes.
“Sin empujar ni correr”
A las 10:55 horas, ante el sonido de la alarma sísmica, un trabajador de la Coordinación Estatal de Protección Civil, con un megáfono colgando del hombro, ingresa a la oficina del extremo izquierdo de la planta alta de palacio de gobierno. “Por aquí, señor gobernador. Ya es hora”.
Acompañado del secretario de Finanzas, Enrique Arnaud Viñas, el mandatario estatal se encuentra en el quicio de su oficina con el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Alfredo Rodrigo Lagunas Rivera, quien acudía a una cita.
Al mismo tiempo, de las demás oficinas, trabajadores, empleados y funcionarios públicos abandonan el inmueble y, como el gobernador, se encaminan al punto de reunión, que se localiza frente a la puerta de palacio en la calle de Bustamante.
“No empujen, no corran”, recomienda el trabajador de protección civil, cuando la angosta escalera se vuelve insuficiente para albergar a las personas. En el patio lateral, los responsables de la evacuación dirigen a la gente.
Ya en la calle, se suman al grupo oficial el secretario general de gobierno, Santiago Carrasco; el titular del Coplade, Gerardo Albino González; el secretario de Seguridad Pública, Jorge Alberto Ruiz Martínez; el jefe de la oficina de la gubernatura, Alberto Esteva Salinas; el secretario de Administración, Alberto Vargas Varela; y demás.
En la misma calle, el secretario de Finanzas, Arnaud Viñas, continúa exponiendo sus preocupaciones al gobernador.
“Sin novedad”
Diez minutos después, el responsable de validación y seguimiento normativo de la Coordinación Estatal de Protección Civil, Luis Enrique Cabrera, informa al titular del Poder Ejecutivo que el reporte del simulacro es “sin novedad”.
“Ya se realizó el desalojo de todas las personas que se encontraban en palacio, todo se hizo sin novedad; ya se hizo el recorrido total en el inmueble, no presenta ningún daño. El sismo dura aproximadamente 50 segundos, las alertas sonaron perfectamente”.
-¿Participaron todas las escuelas?
-En todas las escuelas se realizaron protocolos de evacuación, conforme a sus programas de emergencia y seguridad escolar; así también en las dependencias del gobierno del estado, en Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial se activaron las alertas y se activaron las brigadas internas, hubo evacuación de todo el personal y visitantes; en el aeropuerto se reporta sin novedad.
“Señores, podemos ingresar nuevamente a las oficinas, adelante”, indica el trabajador de protección civil y todo el personal se encamina al interior de palacio de gobierno.
Diez minutos, que pueden marcar la diferencia entre preservar la vida y una desgracia.
En el acceso principal de palacio, el comisionado presidente del Instituto Estatal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, Francisco Álvarez Figueroa, relata divertido: "Cuando sonaron las alarmas le pedí al chofer que se estacionara, me bajé del vehículo y comencé a rezar en la banqueta; se me olvidó que era un simulacro".
La indiferencia
Sin embargo, fuera del palacio de gobierno, nadie se sumó al simulacro. En los restaurantes, los comensales ni se inmutaron ante el sonido grave de las bocinas, los trabajadores continuaron con sus actividades y las cocineras también.
En los diversos negocios que circundan el zócalo, nadie participó. Entre los trabajadores y encargados privó más la apatía y la indiferencia. A pesar de que saber qué hacer en caso de un sismo, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Nadie buscó un punto de reunión, nadie se preocupó por desalojar los inmuebles, nadie se refugió bajo una columna o bajo un escritorio o mesa, nadie desconectó los aparatos eléctricos ni cerraron las llaves de gas, nadie organizó al personal y los compradores.
En suma, nadie fue capaz de dedicar 10 minutos al simulacro, a pesar de que un sismo, temblor o terremoto no se puede predecir con mucha anticipación, por lo que es necesario estar preparado para actuar en cualquier momento.
