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Rehabilitación de bosques quemados en Oaxaca duraría hasta un siglo

Foto(s): Cortesía
Redacción

El fuego sólo ocasiona el 2 por ciento de la deforestación, pero el paso incesante de las llamas arrasa con toda la vida de los ecosistemas suceptibles a incendios, selvas y bosques de Oaxaca que resienten la temporada de calor extremo.


Comunidades mixtecas y serranas viven infiernos nocturnos para combatir las brasas que amenazan con extinguir su biodiversidad.


El 67.1 por ciento del estado tiene superficies forestales y en 2017 Oaxaca fue la entidad con mayor número de incendios en esas zonas en el país, la región Mixteca fue la más afectada y habitantes de distritos como Juxtlahuaca, Silacayoápam, Putla y Huajuapan registraron 29 mil hectáreas calcinadas.


El panorama es comprometedor, aunque en el Manual de Incendios Forestales de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) destaca que la recuperación de un bosque tarda entre 25 y 50 años (según las especies y los factores ambientales), distintos organismos e instituciones ambientales en el mundo afirman que un bosque tarda en volver a la vida hasta 100 años.


En las últimas dos semanas se registraron incendios en distintas comunidades; San Pedro Pochutla (Costa), Santiago Amoltepec (Sierra Sur), San Andrés Solaga (Sierra Norte) o Santo Domingo Tehuantepec (Istmo), son algunos municipios que incluso tuvieron incendios activos por más de 24 horas.


Los bosques de coníferas y latifoliadas (árboles de hojas anchas, como encinos) son los principales afectados, esta formación forestal ocupa el 24.2 por ciento (un millón 524 mil 88 hectáreas) de la superficie y tiene presencia en los 30 distritos del estado.


Un análisis del Inventario Estatal Forestal y de Suelos (el último elaborado por la Conafor, 2013), describe que de 2009 a 2013 contaron ocho mil 125 renuevos individuos (árboles reforestados), la talla promedio era de 1.12 metros, cuando su altura ronda entre 8 metros o más... mirar hacia las copas de los árboles en las alturas tardará varias décadas.
 


Las especies peligran


Los incendios no son la principal causa de desaparición de especies animales y florales, pero el paisaje después de un incendio es desolador y el impacto no sólo es local y regional, las escalas son globales porque el daño en la naturaleza afecta colateralmente la biodiversidad; las cadenas alimenticias se rompen, los suelos se estropean o erosionan al borde de la desertificación y el clima se ve alterado porque sin las plantas hay menos producción de oxígeno.


Un efecto negativo es el desplazamiento de animales endémicos y la incineración de plantas propias de la región, en cada comunidad varía el daño. Los encinos de Solaga que se consumieron con el fuego son parte del hábitat del puma, al igual que el venado de cola blanca, ambas son especies en peligro de extinción.


En otras zonas más calurosas, los magueyes nativos y silvestres corren riesgo, al igual que los armadillos. Mientras que en selvas bajas y altas (como el caso de Pochutla), las caobas y los macuiles -que abundan en la región de la costa- son los primeros en afectarse, el hábitat de jaguares, venados e iguanas es consumido por el fuego en estas zonas.

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