Fueron 19 internas del Centro de Readaptación Social de Tanivet, quienes mostraron la efectividad que les representa una huelga de hambre como único recurso para echar abajo un período de malos tratos, que se agudizaron con la llegada de Silvia Pulido Diosdado como directora.
Tras la protesta que inició el jueves, a partir de este sábado la subdirectora Shantal Díaz asumió temporalmente la dirección, tal como lo informó la subsecretaria de Prevención y Reinserción Social de la Secretaría de Seguridad Pública, María Concepción Tovar Monreal.
Ese acuerdo permitió que la noche del viernes se desactivara la protesta en la que participaron 19 de las 161 internas en Tanivet, dos de ellas con hijas e hijos menores de tres años de edad.
Solución temporal
De parte de las internas en huelga, María del Rosario Cervantes explicó que la noche del viernes acudió la subsecretaria a firmar una minuta de acuerdo que aseguraba la sustitución de la directora, que no se van a tomar represalias contra ellas, aunque “sabemos que no se va a componer de la noche a la mañana”.
La huelga les permitió “conseguir algo, nosotras queremos trabajar, que nos dejen trabajar, estamos desgastadas, porque casi ni líquidos tomamos, habíamos dos de diabetes y presión alta. No estamos locas, no somos un grupo rebelde, somos personas que nos revelamos contra la injusticia y pedimos un trato justo; todo se puede perder en la cárcel, pero no la dignidad”.
“Desgraciadamente tuvimos que llegar a una huelga de hambre para ser escuchadas”, expresó desde el encierro Flor Gasga, una mujer que ha pasado dos años y ocho meses en Tanivet “pagando una condena que aún no entiendo, pero mientras esté aquí voy a defender mis derechos”.
Lo que persiguieron con la huelga fue “un trato humano y con dignidad, que es lo único que no perdemos en este lugar”, comprometiéndose a respetar la disciplina del penal “porque sabemos que hay reglas que cumplir. A partir de hoy esperemos borrón y cuenta nueva, recalcamos que lo único que queremos es ser escuchadas”.
Trato inhumano
Entre las motivaciones que la hicieron ponerse en huelga de hambre, fue que del lunes al jueves pasado, las 11 internas que salieron a algún trámite legal a los juzgados o citas médicas no pudieron tomar ni agua, mucho menos alimentos, como anteriormente lo hacía.
“No nos dejaban comprar ni siquiera un bote de agua o algo de comida, salíamos desde las 6 de la mañana y llegamos a las 4 de la tarde, no teníamos conocimiento de estos cambios y muchas llegaron en estado crítico”, contó.
Una de ellas fue Brenda, una mujer que por sus cuatro meses de embarazo no pudo sumarse a la huelga, aunque no le faltaban motivos.
“Salí a mi cita de ginecología, no comí en el translado porque me da vómito, al llegar al hospital de Tlacolula, mi marido se me quiso acercar para llevarme un refresco porque traía la presión baja”, relató.
Negarle ingerir alimentos en sus salidas, restringir visitas o aumentar los requisitos para el ingreso, limitar la cantidad de comida que les llevaban las visitas o el lenguaje y la forma en que eran tratadas, son parte de las decisiones que tomó la ex directora Diosdado y que generaron la inconformidad de las internas.
