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Plaguicidas, veneno legal en agricultura

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Una “mala” y permisiva legislación que persiste entre irregularidades es la única explicación que Fernando Bahena Juárez, especialista en manejo agroecológico de plagas, encuentra para que México persista el uso de plaguicidas que en otros países fueron prohibidos por su alta toxicidad.


La lista de agrotóxicos es amplia, supera el centenar de sustancias, pero el investigador centra la conversación en los más comunes, como el clorpirifos, prohibido en Estados Unidos y otros países europeos por alterar el sistema hormonal humano y causar daños al cerebro infantil; o el metamidofos que se usa para eliminar, controlar o prevenir la acción de ácaros en cultivos frutales y de hortalizas pasando por alto sus repercusiones en la salud.


“Son productos que se usan muy comúnmente porque al ser legales y estar autorizados en México se adquieren con mucha facilidad, mientras en otros países están prohibidos porque son cancerígenos y afectan la salud de la gente”, cuestiona.


La información del impacto dañino en el sistema nervioso o la muerte por la exposición a niveles altos de paratión o la peligrosidad del dimetoato, malatión, endosulfan, carbofuran o furadan “no es secreta”, se conoce desde años o décadas atrás.


Los únicos plaguicidas que se han dejado de consumir en México pertenecen al grupo de los organoclorados, “pero no son los más peligrosos”, lo que evidencia el bajo impacto de una nueva cultura combate de plagas que además de no dañar la salud reduzca el impacto al medio ambiente.



Desde su adscripción al campo experimental del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) en Uruapan, Michoacán, Bahena Juárez ha analizado el manejo agroecológico de plagas que sustituyan la compra de venenos altamente peligrosos.


“Los plaguicidas se usan por 9 de cada 10 productores”, destaca.


El doctor en Producción y Protección Vegetal por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid aconseja que en lo inmediato los productores pueden buscar plaguicidas de banda verde, que si bien siguen siendo veneno lo son a un menor nivel, por el mismo costo e incluso más eficientes.


Otras opciones


También existen otras sustancias elaboradas a base de extractos de plantas, hongos o bacterias , “pero como la gente no los pide, no hay quién los venda”, lo que evidencia un círculo vicioso:


“El vendedor dice: no vendo porque no me los piden y el productor no compra porque no hay quién venda, pero son bioplaguicidas en el mercado que están autorizados igual que los químicos dañinos.



En esta “competencia muy dispareja” las empresas dueñas de los plaguicidas más comerciales y a la vez tóxicos, invierten mucho capital en campañas de promoción y su penetración es tal que los asesores técnicos en campo “cargan gorras con nombres de un veneno”.


Las repercusiones del uso frecuente y prolongado de plaguicidas es evidente en los problemas de salud de la población en zonas con actividad agrícola, donde los casos de cáncer se han incrementado, pero las autoridades siguen sin poner un freno ni impulsar legislaciones que prohíban su venta.

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