El lado negativo de las festividades decembrinas se palpa en las unidades médicas.
Tan sólo el Hospital General doctor Aurelio Valdivieso reporta un incremento del 45 por ciento por quemaduras en esta época, incluidos los que ocasiona el mal uso de la pirotecnia.
De acuerdo con el titular de los Servicios de Salud, Donato Casas Escamilla, son urgencias que pueden prevenirse, como las quemaduras con aceite caliente que el pasado 17 de diciembre sufrió Victoria, una niña de dos años y medio que acompañaba a su mamá que laboraba en un puesto de comida, instalado cerca de la Basílica de La Soledad.
La suplente del servicio de Pediatría, Karla Lorena Gómez Márquez, explicó que la falta de supervisión hace más propensos a infantes en edad escolar a sufrir una quemadura, sobre todo entre siete y doce años de edad.
Durante Navidad recibieron a dos niños con lesión en su mano izquierda y uno incluso con afectaciones en el abdomen.
Dependiendo de la gravedad de la quemadura por fuegos pirotécnicos, las repercusiones pueden ser irreversibles o afectar la función de alguna extremidad.
Por ello, pidió hacer conciencia de que “hay maneras más sanas y prudentes de festejar estos días sin el uso de objetos o sustancias peligrosas, como la pirotecnia o balazos” que ponen en riesgo la salud o la vida de otras personas.
Los ingresos más comunes por este tipo de quemaduras suelen ser entre niños mayores de siete años y menores de doce años, ya que son los más se afectan, “es raro que un niño pequeño se queme porque no suele saber utilizar el fuego”.
Y abundó: “No es necesario que para estar contentos se tenga que demostrar esa felicidad con pirotecnia, que debe utilizarse con el mayor cuidado y estar a cargo de adultos conscientes”.
Por eso, hizo un llamado a las personas adultas a no fomentar la compra de cohetes o pirotecnia, ya que puede aparentar ser inofensivas, pero entre la emoción pueden pasarse por alto las medidas de cuidado.
Además de quemaduras, el mal uso de la pirotecnia puede provocar pérdida de la capacidad auditiva, lesiones en la cara, quemaduras severas y en ocasiones la pérdida de la función en una extremidad, ya que las posibilidades de reconstrucción son prácticamente nulas para el sector médico.
